Parque Natural del Cabo de Gata (Almería)
Paredes de andesita en el Cabo de Gata. El origen volcánico está claro en esta imagen.

La costa almeriense se extiende en el sureste de la península, en el punto más alejado del oeste, es decir, allí donde la entrada de las nubes cargadas de agua oceánica tienen más dificultad para llegar.

Y ya veo una sonrisa en vuestros rostros y leo vuestro pensamiento: ¿a qué viene esto?

Pues está muy claro, viene a explicaros el porqué la peculiar constitución de este parque. Poco a poco os lo iré contando...

Agua Amarga

Comenzamos a caminar un 30 de diciembre en el extremo norte, concretamente en Agua Amarga, antiguo pueblo de pescadores, hoy centro turístico, que al pie de una colina truncada, en una llanura árida, como perla blanca se asoma al mar, azul, tranquilo, luminoso como todo lo que vemos en Andalucía. Hasta esta arena rojiza, blanca o amarilla, según la zona, brilla al sol del invierno, por algo Andalucía es un paraíso de luz.

Remontamos una colina en la que deberíamos fijarnos bien en lo que pisamos. Es un error creer que Almería es solo desierto, desierto como solemos pensar, arena, dunas, vacío. Al contrario de lo que podíamos suponer, en este parque son mas de 10.000 especies vegetales las catalogadas. Por eso deberíamos fijarnos donde pisamos...

¿Os imagináis esto en Almería? Pues ahí están.

El abrupto suelo está lleno de tomillos, romeros, mil y una especies aromáticas. A veces parece impregnar el aire un olor a menta o poleo. Me parece increíble que esto sea cierto en este secarral y dudo de mi olfato. Pero todo tiene una explicación. Aquí, la vegetación se alimenta del rocío, de la brisa marina, de las noches que hacen que se condense la humedad del aire y esas gotas de agua alimenten las plantas.

Cala Enmedio

Tras una suave subida aparece la cara opuesta al pueblo y en ella la primera imagen sorprendente. La Cala Enmedio, solitaria, vacía, brillando con los reflejos de un sol de invierno que hace que el mar parezca un espejo.

En esta cala la constitución geológica de la zona se pone de manifiesto en los blancos acantilados, restos de volcanes que se han roto, caído al mar y nos han dejado ver sus entrañas. Encontraremos gran variedad de rocas, andesitas, basaltos, yesos... multitud de colores que nos enseña la parte oculta de la tierra, aquí puesta al descubierto por el desplome de los cráteres que formaron esta zona.

Cala Enmedio

Paseamos por la arena, hicimos las fotos de rigor, y comenzamos de nuevo a caminar por la colina que cierra la cala.

En ella me llama la atención algo que encontraremos muy frecuentemente en nuestro caminar, los espartales. El sendero atraviesa una tupida capa de hierba fina y larga entre la que se abren paso las espigas estilizadas y suaves.

Al fondo de todos estos montecitos se abren valles aprovechados para cultivos que dan un verdor insólito e inesperado. No encontraremos grandes masas arbóreas, ni cascadas o filigranas en los riscos. Aquí las montañas casi no existen, son pequeñas colinas, suaves truncadas y... engañosas, hay que verlas de cerca... el pico más alto, el de El Fraile, apenas alcanza los 500 metros de altitud, sin embargo, debido a su cercanía al mar, destaca desde todos los puntos como una alta montaña.

Camino hacia la Cala del Plomo

Pasamos en primer lugar por la Cala del Plomo, otra tranquila bahía en donde hay un grupo de pobladores que viven en plena libertad, a su aire...

De ella remontamos una subida algo fuerte por un sendero rocoso para ver, llegados a la cima, la playa más grande de la zona, la de San Pedro. En ella destacan dos torreones, al primero de los cuales llegaremos después de una dura bajada, muy pendiente y pedregosa. Es una torre que debió ser un palomar, a cuyo alrededor de nuevo encontramos una comunidad escasa de lo que dicen por aquí que son hippies, y que han instalado sendos bares o algo que quisiera asemejarse, en donde puedes tomar unas cervezas frías, si llegas a tiempo, o un café o un té... de hecho en la segunda de ellas no hay café y un rústico cartel, muy casero, la anuncia como tetería.

Playa de San Pedro

Junto a esta cala, encontramos una planta específica de la zona, el azufaifo o arto. Parece ser que encontramos su origen en China, y fue introducido en Andalucía a través de África. Su fruto se recolecta en septiembre y octubre y hasta no hace mucho era bastante apreciado en los ambientes culinarios. Se encuentra en peligro de extinción, de ahí que esté protegido.

Azufaifo , Arto o Jinjolero

La otra torre, la más lejana, pertenece al castillo, en origen una torre única utilizada como prisión. Más tarde fue ampliado y se instaló en él una fortaleza para defender la costa.

Poco queda de él, por lo que nos limitamos a verlo a lo lejos y continuar nuestro caminar por la senda que atraviesa la ladera.

Vista desde la playa, esta ladera es pedregosa, seca, muy pendiente, y la senda se marca en ella como una linea que te hace preguntarte en qué condiciones habrá que pasar, el aspecto es bastante erosionado y seco.

Torre de San Pedro

Cuando comenzamos a subir, un algarrobo nos sale al paso y tras él una pradera, igualmente ocupada por campistas, y más arriba, una frondosa vegetación , vallas de una edificación, una fuente, civilización primitiva y descuidada.... y más arriba el seco suelo, la polvorienta senda y las rocas. El paraíso de los amantes de la geología. No soy yo quien pueda repetir los nombres de las rocas que encontramos a nuestro paso. No es porque no me guste o no quiera, es vergonzosamente ¡por ignorancia! Solo puedo deciros que abundan las areniscas, los basaltos, las andesitas, los yesos y... ufff imposible recordarlo.

Observad el trenzado de los tallos, la falta de hojas como adaptación a la sequía, y aún así ha florecido.

Este árido camino es un magnifico balcón de la recortada costa. Podemos ver desde los salientes que acabamos de visitar en la Bahía de San Pedro hasta la punta del Cerro Negro. Junto al camino, una desconocida planta, muy curiosa, entrelazada como nido de abejas, con flores diminutas y amarillas, me hace pensar en buscar libros o algo que me informe sobre la variedad de la flora en este parque. Es algo sorprendente para mi esta cantidad de plantas autóctonas, endémicas de la zona.

Las Negras

Tras un agradable paseo que me descubre que la senda es amplia y perfectamente practicable, llegamos a un callejón entre dos roquedos que nos da salida a la playa de Las Negras.

Está oscureciendo. La playa con las últimas luces tiene un aspecto precioso, azules, rosados y plateados de mar.

Atardecer en las Negras

El pueblo de Las Negras es el típico pueblo de costa, no muy bullicioso en esta época, pero da la sensación que en época estival debe ser algo muy distinto.

Regresamos a descansar, y al día siguiente continuamos nuestro recorrido, esta vez recorreremos el

 

Cabo de Gata - San José

 

Cabo de Gata

Hoy comenzamos a caminar por el Cabo de Gata propiamente dicho. Para ello subiremos una fuerte pendiente que nos llevará hasta el faro. Desde este punto las vistas son magníficas. Un arrecife de puntiagudas rocas junto al acantilado del faro es el punto más llamativo del lugar.

Arrecife de Las Sirenas

A estas horas de la mañana, el sol aún está bajo y se refleja en las aguas. Cuentan que los marinos llamaban a este arrecife el de Las Sirenas porque las formas de sus piedras vistas en la lejanía les recordaban a estas mujeres míticas. Sea lo que fuere, realmente es un placer para los ojos mirar estas cristalinas y azules aguas plateadas por la luz y aguijoneadas por los picachos negros.

Costa del Cabo de Gata

Continuamos caminando por la pista haciendo una alto para contemplar la costa. Desde este mirador se recorta en calas y salientes, como el del cerro de la Vela Blanca, debido a una zona de roca blanca que se asemeja a una gran vela de barco, junto a La Punta Negra, precioso contraste de colores, y a su lado el Arrecife del Dedo, mas allá se suceden otras calas que seguiremos visitando.

Arrecife del Dedo

El Arrecife del Dedo es un espectacular saliente negro en donde una aguja pétrea se yergue en medio del mar como un dedo que apuntara al cielo.

En el camino seguimos encontrando vegetaciones curiosas, muy significativas. El palmito, autóctono de nuestra península, y los cornicales, de ramas entrelazadas y agujas rojizas.

Órganos, formaciones basálticas

Una formación muy espectacular es la que produce el basalto. Crea paredes rectas y estriadas como si hubieran sido esculpidas con las propias manos. Abajo de la imagen podéis apreciar el resultado del desplome de la roca más superficial, dejando el interior del volcán a la vista. Aunque no lo parezca, realmente son volcanes erosionados que han perdido su forma cónica, los que conforman esta costa. De hecho, el Pico del Fraile aún conserva la línea piramidal de los volcanes.

Playa de La Media Luna.

Nos separamos algo de la costa para bordear la loma y a través de una zona herbosa llegamos a la playa de la Media Luna. En este caso la arena es grisácea, así como las rocas de los acantilados.

Playa de Monsul

Rodeamos de nuevo el promontorio y caminamos por la rambla que forma el cauce del Barranco del Negro, en donde los palmito, las lavandas, los tomillos y otras especies para mi desconocidas cubren el suelo.

Nuestro nuevo destino es la playa de Monsul. Y me siento obligada a decir lo que tantas veces se ha repetido. Almería, es un lugar en donde las empresas cinematográficas han encontrado un terreno ideal para rodar sus películas. No estamos en El Desierto, ni en Tabernas, que según parece es el lugar por excelencia dedicado a este fin, estamos en Monsul, en donde se les ocurrió rodar escenas de La Última Cruzada, y parece que no es esta la única, también anduvo por aquí Laurence de Arabia, y rodaron Rey de Reyes. Tendré que volver a verlas, solo por curiosidad.

Algas en la playa de Monsul

La playa de Monsul es amplia, calmada. En su centro al roca de La Peineta la divide en dos. Los acantilados que la bordean son muy peculiares, gris como el plomo, y la piedra bajo la que me siento a descansar está llena de una especie de granos duros como bolas pétreas que hubieran bombardeado sobre un barro que se ha vuelto duro, de hierro...

A mis pies, el mar va y viene, en un balanceo constante. Acaricia las algas rosadas, las lleva, las trae, las oculta en sus espumas, y a mi me lleva con ellas, me dejo balancear, me dejo llevar, me quedaría aquí por todo el tiempo...

Duna rampante de Monsul

Abandonamos la playa por un camino que bordea uno de los puntos más significativos de la zona, la Duna rampante de Monsul. Es una duna que se mueve a merced del viento, cambia su forma a diario, cubre su vegetación y la descubre a su antojo, en una palabra está viva, se mueve... por eso está protegida, y está prohibido pisarla.

Playa de Barronal

De la playa de Monsul, pasamos a la del Barronal, nombre dado también a los pastizales de esta zona. El suelo está cubierto de espartales, palmitos y pitas. Las pitas son las más abundantes. Sus tallos muy altos forman un cuadro muy peculiar. Al fondo el mar.

Barronal

La mayor parte de estas playas, por no arriesgarme a decir todas, están consideradas como playas naturistas, o lo que equivaldría también a nudistas. Efectivamente, hemos comprobado que esto es cierto. No son muchas, pero si hay personas nudistas bañandose en ellas. Lo cierto es que a pesar que estamos a 31 de diciembre, el sol es muy agradable y alguno de nuestro grupo también se dio un chapuzón en las cristalinas aguas.

Alrededores de la playa de Barronal

Al fondo, tras un mar de pitas y arena, la sierra se perfila como una cadena de pequeñas colinas, sin arbolado, pero llenas de vida, en donde me consta que hay multitud de especies endémicas, multitud de flores preciosas en primavera, de una adaptación al medio que pone de manifiesto el poder que desarrolla la necesidad de supervivencia.

Playa de los Genoveses

La siguiente parada es la Playa de los Genoveses, así llamada por haber desembarcado en ella la flota genovesa a principios del siglo XII en apoyo a las tropas castellanas.

Playa de los Genoveses

Esta es una de las mejores playas del parque. Muy amplia, limpia, de arena fina y dorada. Hoy está casi vacía. No creo que en pleno estío ocurra lo mismo. Hoy está como a mi me gusta... tranquila, silenciosa, llena de paz.

Imagen de la sierra, al pie un "mar " de chumberas

Nos separamos de la playa para dirigirnos a San José. El camino nos introduce en un pequeño pinar que cobija del sol ardiente de los veranos. Junto a ellos una inmensa extensión de chumberas se pierde en el infinito. Parecen llegar hasta las montañas. No le veo el fin. Están preciosas, sus carnosas hojas brillan al sol, y en ellas los rojos y punzantes frutos ponen un tono de color.

Junto a la playa de Los Genoveses

Más allá de las chumberas, camino de San José, son las pitas las que se adueñan del terreno, y superando este campo verde y ocre, subimos por una pendiente sube hasta el pueblo, un antiguo pueblo pesquero que hoy es una población turística con todas sus ventajas es inconvenientes.

Y en el nuevo día, dejaremos la playa, la costa, los acantilados y las dunas y nos iremos al interior, a un lugar inimaginable en este desierto

La Hoz del Río Aguas

En medio del secarral, en donde los arroyos son solo hendiduras en la tierra como heridas que hiciera la escasa lluvia, una hoz, un oasis, un barranco de cristales, juncos y tréboles nos espera.

Hoz del Río Aguas

Cerca del pueblo de Sorbas se abre este cañón inesperado. Al comienzo unas casas habitadas por los miembros de una ONG que protege la zona nos marca el inicio. Bajamos por una rampa hasta el fondo por donde corre el río, pasamos junto a unas preciosas palmeras y nos vamos introduciendo poco a poco en un humedal rodeado de brillantes piedras.

Cañón del Río Aguas

Lo más característico de este barranco es la formación de las rocas. Yesares en estado puro. Cristales puntiagudos que aunque en la mayoría de las rocas están ocultos, asoman en pequeños puntos haciéndolas brillar.

Cabra montés en la Hoz del Río Aguas

Nuestro sendero se va estrechando a medida que entramos en el cañón. Las paredes de roca son altas, agrietadas, y en un momento encontramos una cueva en la que hay restos de haber sido habitada, probablemente aún sea utilizada por esta comunidad.

De nuevo en el camino, atravesamos puentes de ramas entrelazadas, cruzamos el río, que más bien parece un pequeño arroyo, y observamos las piedras brillantes.

En un momento, la pared alta y amarilla cobra vida y cobija a dos cabras monteses que suben veloces hasta el borde del precipicio.

Yesos en la Hoz del río Aguas

No tardamos mucho en llegar al nacimiento del río Aguas. Una maraña de cañas entrelazadas, un barrizal, una gran roca lisa, y algo más allá lo más esperado por mí, los yesos en su estado más natural, en su mejor imagen. Puntiagudas y afiladas piedras como puntas de lanzas primitivas.

Pradera de tréboles

Retrocedemos por donde vinimos, ahora poniendo mayor atención en otros detalles, como esta pradera de tréboles o la lagunita que se forma entre unas altas rocas.

Un nuevo año comienza, este 1º de enero nos despedimos de Almería, con una imagen totalmente distinta de la que había tenido hasta ahora. El nuevo año nos ha enseñado también cosas nuevas.

Diciembre/Enero 2.006/2007

M.R.B.M.