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Canal del Tejo

BULNES

Uno de los lugares más conocidos de Asturias es Bulnes, nombre que siempre se asocia al del pico rey de Asturias, El Naranjo (de Bulnes...).
Comenzamos en Puente Poncebos. Subimos en un funicular recientemente creado,en un desnivel de 500 mts, a lo largo de 700 mts de túnel. La salida es curiosa, una boca de túnel de alta tecnología en medio de la más agreste naturaleza. La entrada está bastante disimulada, lo cual se agradece, no mata el entorno, y los habitantes del pueblo tienen un medio para poder acceder al ''mundo'', antes lo hacían a pié recorriendo los 5 kmts de senda que ellos mismos excavaron en la roca hace siglos.
Afilados picos en los alrededores de Bulnes

La aldea es un hervidero de gente, grupos de montañeros con sus equipos desperdigados alrededor del puente que salva las aguas del río y conduce al grupo de casas, otros auténticos turistas, que solo llegan a donde el esfuerzo es mínimo, y los que vamos a medias, subir cómodos y bajar no tanto para disfrutar un poco del paisaje. Todos tenemos derecho...

 

Desde el puente sale una senda que conduce al mirador del Naranjo, (Pico Urriellu). Desde aquí paradójicamente no se ve, se esconde en un circo de altas montañas, rocosas, desprovistas de arbolado pero no por ello menos bellas, el verdor está a sus pies y ¡de qué modo! helechos, zarzas, hierbas de todo tipo, cardos, un tipo de cardo azul violáceo que encontraremos en todos nuestros recorridos. No se ve la tierra, la vegetación lo tapa todo, y entre ella un pequeño riachuelo que corre junto al camino.

Cardos corredores

 

Nos dan sombra los castaños, robles, tejos, todo está sembrado de vida... y hace calor, el sol luce claro, cosa rara en Asturias, y en poco rato, aproximadamente un cuarto de hora, llegamos a un lugar donde podemos ver la cumbre del Naranjo.

Debo confesar que no es uno de sus mejores ángulos, precisamente al estar tan cerca solo vemos la cumbre, redondeada, lisa, especial, única... Descansamos un rato contemplando el circo de montañas y el precioso valle. Laderas verdes rodeando el lecho del río. Blancas nubes que corren rápidas empujadas por el viento. La paz se respira. Hay poca gente, se han quedado muchos abajo.

 

Al fondo el pico Urriellu

 

Las montañas son muy altas, el Naranjo alcanza algo mas de 2.500 mts, el resto no le va a la zaga, solo hay que mirar sus peladas rocas de caprichosas formas. A los pies la vegetación existe, pero según ganan altura, solo las plantas mas duras consiguen abrirse paso entre las grietas y sobrevivir en los rellanos rocosos donde el sedimento terregoso deja arraigar sus tímidas raíces..

 

Decidimos emprender el regreso seguros de que lo que nos esperaba no nos iba a defraudar. Rebasamos la entrada del túnel y emprendimos la bajada por una senda en principio muy cómoda.
El río Tejo nos acompaña todo el tiempo. Forma un cañón profundo, donde crecen los tejos y castaños. Un fresco verdor intenso, solo roto por el color de las múltiples flores que solo se aprecian en las zonas cercanas al camino, son diminutas de todos los colores, de todas clases, nos llaman la atención los rodales de clavellinas, a las que estamos acostumbrados a ver solo en nuestros jardines, aquí están silvestres, preciosas...

 

Bulnes encaramado en su cima

 

Volvemos la vista atrás y vemos en lo alto de una loma las casitas de Bulnes de Arriba, preciosa estampa, si no nos paramos a pensar en la dificultad de estas gentes para sobrevivir en los duros inviernos, año tras año, con todos los inconvenientes de su aislamiento, necesidades primerísimas y posibles enfermedades, a veces urgentes, durante tantos años sin otra comunicación que la dificultosa senda que vamos a recorrer nosotros en plan festivo y de disfrute.

El camino comienza siendo de piedra, forma parte de la roca, caliza y resbaladiza, hay que pisar con cuidado para no caer, los jóvenes nos pasan con su paso rápido y seguro, pero nosotros continuamos lentos, disfrutando del paisaje cada vez más bello. El Tejo baja saltando, cantando de tal manera que a pesar de la distancia podemos oírle como si lo tuviéramos al lado.

De pronto un ruido semejante a un gran salto de agua me llama la atención, espero verlo a mi derecha de un momento a otro, cosa que me sorprende, aquí no hay río, el Tejo está a mi izquierda y muy profundo. Pronto veo claro que está pasando, no puedo ver correr el agua, está en el interior de la gran roca que estamos atravesando, es agua subterránea, ha horadado la montaña y salta dentro de ella, así seguirá durante años, hasta que un día aflore y probablemente la montaña tome otra forma caprichosa...

 

El cañón del Tejo

Inmersos en tan delicioso paisaje llegamos a un punto en el que en medio de un circo de montañas aparece Puente Poncebos, final de nuestro caminar, el sol juega con las rocas haciendo luces y sombras, y en las laderas cercanas al puente que salva El Cares las cabras pastan tranquilas acostumbradas a la muchedumbre que prolifera por este lugar.
Estoy cansada, el calor ha sido muy fuerte y lo noto, pero el paseo ha sido delicioso.

 

 

Julio, 2002

M. R. B. M.

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