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El Joracao

El Cares

El Cares nace en la vertiente norte de la Cordillera Cantábrica, en la hoyada de Valdeón, desde donde se dirige hacia Panes para unirse al Deva.

Su recorrido es espectacular, bien conocido por todos los amantes de las montañas, visitado hasta la saciedad por todo tipo de personas, montañeros y excursionistas, bien equipados o simplemente calzando sencillos "deportivos o playeras". Todo es válido en el tiempo de verano cuando la afluencia de gente es máxima, cuando el sol asoma por sus altivas cumbres, cuando la nieve se ha ido...

 

La senda

 

Este verano es muy húmedo, pero nada nos impide realizar esta ruta tan deseada, para lo que nos dirigimos hacia Puente Poncebos, dejando atrás un cielo encapotado y una gris niebla que nos hace pensar en una caminata deslucida , las nubes ocultan las cumbres y el horizonte no es amplio como habríamos deseado.

Comenzamos el ascenso y, situados en la senda que ya no dejaremos en todo el día, vuelvo la vista atrás una y otra vez, esperando ver las cuerdas. Por fin las nubes se desgarran en jirones y el pico Urriellu se deja ver.

Sorprende lo profundo del barranco, la altura de las cumbres se refuerza con la gran hendidura que ha sido capaz de horadar el río, llegando a veces a profundidades que superan los mil metros.

El Naranjo o Urriello al fondo

 

El camino es muy cómodo. Se trata de una pista construida por los obreros que llevaron a cabo una obra digna de los más tenaces hombres, la famosa canalización que sale de Caín, y continúa a través de túneles y excavaciones en la roca por la que se conducen las aguas del Cares hasta llegar a Camarmeña, desde donde las aguas bajan por tuberías tomando presión hasta la Central de Puente Poncebos.

 

Buena parte de nuestro recorrido la hacemos junto a una pared rocosa a nuestra derecha, mientras que a nuestra izquierda el Cares corre profundo y cristalino, saltando entre rocas, formando pozas, entre tejos, castaños y robles.

La garganta

 

Apenas podemos ver el lecho del río, está lejano, los árboles parecen minúsculos allá abajo, perdidos en las grises rocas, único elemento que nos parece enorme en este precioso lugar.

No es el río lo que más nos llama la atención, es el espectacular conjunto de altivos picos, de recortados salientes, uno tras otro. A sus pies, los verdes valles tratando de escalar las grises rocas.

 

 

 

Crestería

 

El sol lucha por salir. A veces se asoma entre nubes que juegan con él y las montañas, se esconden y aparecen, corren y se paran, unas blancas, otras grises, parecen reírse entre sus juegos, y puedo imaginar el origen de tantas leyendas de trasgos y duendes, habitantes de estos parajes.

Me llama la atención un torrente en la ladera opuesta, sobre el que puedo adivinar un puente. Se trata de El Farfao, surgencia que brota al pie de la canal de Sabugo, y que baja hasta el cauce en precioso recorrido, blanco de espuma, en fuerte caída sobre cortantes piedras.

Encontramos una casa a mitad del camino, así como a un pastor que se supone vigila las cabras que andan desperdigadas por las laderas. No se alteran al vernos, parece que se han acostumbrado a convivir con los excursionistas. Esto da una imagen bucólica bastante agradable.

 

Arcada creada para salvar un descubierto

 

Entramos poco a poco, casi sin darnos cuenta en lo más hermoso del recorrido. Los 11 kilómetros de canal que unen Caín con Camarmeña, son de lo más variopintos. A veces, se han construido arcos en piedra mampuesta, sobre los que discurre la pista que sirve de cierre al canal, otras el agua se desliza junto al camino por conductos de cemento, y a veces la pista se introduce en la roca a modo de túneles naturales.

Son de una construcción muy sencilla, solo la roca viva por pared, y grandes agujeros a modo de ventanales por los que nos asomamos a la profunda canal. Al fondo de ellos una especie de arco nos lleva de nuevo a cielo abierto.

No debemos olvidar la dificultad de la construcción, más aún si tenemos en cuenta que costó vidas debido a la dureza del terreno y a la falta de medios tecnológicos, por otra parte imposibles de llevar a esta abrupta zona.

Un pequeño y rústico puente salva la aguas de un torrente que baja ruidoso a buscar el río. Ya el sol ha conseguido hacerse dueño del cielo, y brilla intenso. No hace calor, sopla una suave brisa, los castaños balancean sus ramas mas tiernas y mecen sus hojas.

A partir de ahora vamos a encontrarnos con mucha gente que viene en dirección opuesta a nosotros, otros que caminan mas rápido nos adelantan, pero nosotros seguimos recreandonos en tan singular espectáculo de luz y sombra.

Desde una salida de la Tranvía

Más adelante una fuerte cascada se precipita desde muy alto. Parece un hilo de plata entre el verdor de la ladera, inmóvil en apariencia, tan lejos está de nosotros... y sin poder dejar de mirarlo seguimos caminado hasta que las paredes se estrechan y la perdemos de vista. Nos estamos acercando a Puente Bolín, muy próximo ya a Caín, y punto en el que muchos de los excursionistas que comienzan en el pueblo ponen fin a su caminar, y regresan.

Este puente es el más conocido del recorrido, no solo por la cercanía a Caín sino también por lo llamativo de su construcción. Fue realizado en madera y más tarde, en 1975, se cambió por el que conocemos actualmente. Cruza el río uniendo una pared con otra, quedando aéreo , muy elevado, de ahí su espectacularidad.

 

Puente Bolín

 

Aparece en medio de una estrecha garganta, de altas paredes, su armazón de hierro verde, suspendido en el vacío, es un balcón incomparable desde donde contemplar el curso que aquí se aprecia mucho más cercano.

Nuestra senda discurre ahora muy próxima al nivel del cauce, podemos disfrutar de sus aguas cristalinas, ver las piedras de su lecho, oír al río cantar al pasar por ellas.

Entramos en los túneles, por donde la humedad rezuma, por donde vemos caer el agua a chorros a través de los huecos que a modo de ventanas iluminan el pasillo horadado en la roca.

Al fondo un ruido intenso nos anuncia la proximidad de la presa. El agua aquí se precipita formando espumas que salpican el entorno, y sobre ella el Cares embalsado, remanso verde, espejo de profundo cristal donde se miran las cumbres que rodean la aldea de Caín .

Los túneles junto a Caín

 

Es un gentío digno de las grandes ferias. Todo es bullicio. Se han construido bares, restaurantes, casetas donde se vende de todo... Ya no es igual que hasta aquí, es una romería... es el lugar de la ruta donde nos juntamos todos.

 

El Cares viene de más arriba desde Posada de Valdeón y más allá. Hay que ser más intrépidos que yo y continuar subiendo junto a su curso hasta su nacimiento, pero he de conformarme con llegar hasta aquí.

 

 

 

El Cares se remansa formando la presa

 

Hemos de volver a Puente Poncebos, de nuevo por la misma senda, a través de los túneles, a través del puente Bolín, a ver de nuevo la fina cascada, a pasar el puente de la riega de las Párvulas, a contemplar el arco natural del Joracao, y al final, poder admirar por largo rato la cumbre del Naranjo, (pico Urriellu) que entre nubes y claros se asoma y se oculta de nuevo, jugando al escondite.

 

 

Julio, 2.002

M.R.B.M.

 

 

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