SENDA DEL CARES -DESDE POSADA DE VALDEÓN A PUENTE PONCEBOS

Panorámica de los Picos de Europa desde Posada de Valdeón

El Cares nace en la hoyada de Valdeón, en la provincia de León, en la vertiente norte de la Cordillera Cantábrica. Atraviesa la mole rocosa de los Picos de Europa, escarpes duros de granito arrugado y afilado, separando el macizo Oriental del Central.

Me pregunto si es el Cares, como dicen, el que ha horadado esta hoz, o es la propia cordillera la que, en sus plegamientos, ha marcado el camino por donde discurrirá el río. Que duda cabe de que el Cares ha modelado este barranco, estrecho, profundo en donde a veces la distancia entre las cimas y el cauce llega a unos dos kilómetros, si, has leído bien, dos kilómetros...

Sea cual fuere el origen, el resultado es uno de los lugares mas bellos y agrestes de nuestra península. Por algo esta es la Garganta Divina.

A lo lejos, un barrio de Posada de Valdeón

Comenzamos en Los Llanos, un barrio de Posada de Valdeón, cabecera de la senda y lugar en donde encontramos los servicios hoteleros.

El origen de Posada hay que buscarlo allá por la Edad Media, cuando la devoción a la Virgen de Santa Eulalia, llamaba a las gentes a la ermita que se situaba en lo que hoy es Posada, dando lugar a unas primeras casas que formaron un poblado. Su nombre originario fue ese, Santa Eulalia de Valdeón. Más tarde, ya a finales de la Edad Media, el paso de viajeros planteó la necesidad de una posada, y lo que en principio fue un apelativo familiar en los lugareños, acabó desplazando al primitivo nombre de Santa Eulalia para convertirlo en el actual de Posada.

Al comenzar la ruta.

La ruta completa de la Garganta de el Cares comienza en este punto, en un sendero que parte de la parte alta del pueblo, y se encamina por una pradera hasta el río.

En estos lugares el río es tranquilo, atraviesa praderas y se recrea escoltado de altas cumbres. Caminamos por la Senda del Bustío, el río queda algo alejado, pero podemos las praderías y a veces el cauce..

Cordiañes al abrigo de las montañas. Tras el pueblo la canal de Asotín o Sotín.

El desnivel es suave, cómodo. El día es espléndido, no hace calor y luce un sol limpio, un sol norteño, de los que hacen que adores esta tierra.

Casi sin darnos cuenta, aparece una angostura que nos anuncia el espectáculo. Al pie de los castillos de roca, un pueblecito coquetón, de rojos tejados, me hace envidiar a sus habitantes. Se trata de Cordiañes. Debe ser una delicia pasar unos días en este sitio. No pensarán lo mismo los lugareños que tengan que soportar los rigores del largo invierno...

Mirador del Tombo de la Pandiella

La senda nos aproxima a la carretera, la que cruzamos en varias ocasiones y nos lleva a uno de los puntos más espectaculares de la ruta. El mirador del Tombo de la Pandiella. Para quienes no lo sepáis, un tombo es un saliente en un collado o silmilar, desde donde se aprecian amplias vistas.

En él se ha ha levantado un monumento a la memoria de D. Julián Delgado Ubeda, presidente de la Federación Española de Montañismo durante treinta años. No debemos olvidar que Picos, en términos montañeros, es la montaña por excelencia. O al menos, en aquellos años en los que mi juventud me hacia envidiar a todos los afortunados que podían ir a Picos, probablemente influenciada por sus comentarios.Y la garganta del Cares era un lugar imprescindible, impensable que cualquier montañero que se preciara no hubiera ido "al Cares".

Desde el mirador contemplamos el comienzo de la garganta. Al fondo una vaguada por donde nos internaremos buscando las praderías de Corona y La Paguera. Allí comienza realmente la garganta, La Divina, y realmente, es necesario visitarla para entender el por qué se la denomina de ese modo.

La Casería, idílica pradería y caserío junto a la ermita Corona

Dejamos a nuestra derecha una de las múltiplas canales que se precipitan hacia el río. Concretamente la de Asotín o Sotín.

Las canales son las zonas más agrestes de esta garganta, formaciones muy típicas de los Picos de Europa. Se trata de barrancos creados por antiguas lenguas glaciares, de ahí su carácter pedregoso. Por ellas se adentraban los pastores y cazadores. Hoy, casi abandonadas, han perdido la mayor parte de sus caminos y veredas. Ahora la frecuentan los montañeros arriesgados, utilizándolas para ascender o descender de las cumbres que forman las sierras recortadas que las delimitan.

Ermita y monasterio de Corona

Nos adentramos en un bosque y, al poco, la ermita de Corona nos sale al encuentro en una preciosa pradera, llana, verde... La Virgen de Corona es la patrona del Valle de Valdeón. Este lugar es centro de romería cada año, el 8 de septiembre, fiesta de la Virgen. Su nombre, como podéis imaginar, se debe a que, según la tradición, aquí fue coronado rey D. Pelayo. Cerca de esta pradera se encuentra un lugar donde se cazaban los lobos, el chorco, especie de pozo, rodeado de una valla que sirve de trampa.

Desde este lugar hasta las cercanías de Caín es un maravilloso paseo entre bosque, río, saltos de agua, picos que asoman y se ocultan, hasta llegar a la carretera que baja de Posada. Esta es una carretera sumamente estrecha, por donde a veces solo cabe un coche, y para facilitar el transito, se han habilitado en puntos concretos, unos llanitos en donde se pueden apartar los unos para dejar pasar a los otros.

Puente Canceles, en la carretera de Posada a Caín

Cuando Caín está casi a tiro de piedra, aparecen los puentes, las canales, los prados, unos tras otros, casi sin poder percatarse bien de cual es cual. El primer puente es el de Canceles, aprisionado en las paredes que parecen abrazar el río.

Praderas cercanas a Caín

No muy lejos, aparece un nuevo puente, el de Piedra, y tras pasar la angostura, se abren praderas en donde un ensordecedor ruido nos hace mirar a nuestra derecha.

La Jarda. Cerca de Caín

Se trata de La Jarda, un torrente impetuoso que nace al pie de Collado de Pando, junto a la canal de Arzón.

Estamos muy próximos a Caín, que, según los libros antiguos, es el centro más alejado del Valle de Valdeón, y según ellos también, fue señorío y lugar próspero. Mientras que si leemos lo que nos dice de él Saint-Saud en su visita el año 1891, es la aldea más pobre de León, un lugar en donde las casas son oscuras, pequeñas, ennegrecidas por el humo. Todo tiene su momento. Lo que sí es cierto que su economía era próspera, basada en el ganado cabrío, y en algo poco común, la recolección de tila, así como la fabricación de queso y madreñas. Hoy en día, el turismo forma parte de sus tareas.

Puente de la Jarda

Si Posada es el centro del Valle de Valdeón, Caín es el centro de la garganta. No se concibe la garganta sin Caín. Es un puñado nada desdeñable de casas, bares, tiendas, bullicio...

Fue la construcción del canal quién dio a Caín la vida de la que hoy disfruta. Antes de 1917 no había senda que atravesara la garganta, y por ella se movían cruzando las canales por senderos intrincados, de fuertes desniveles, ayudados de escaleras practicadas en las rocas o tierras, o por troncos colocados estratégicamente. A partir de este año, se abre la primera senda, difícil y peligrosa, para poder con ello realizar el canal.

Caín

Son varias las sendas que se abren antes de la que conocemos actualmente, que fue construida en los años que van de 1945 al 1950.

El origen del canal lo encontramos en la creación de una central eléctrica, ubicada en Puente Poncebos, y que se abastece de las aguas del Cares, recogidas en la presa de Caín. Para ello era necesario conducirla por unos canales que la llevaran a Camarmeña, para, desde allí, precipitarla por tubos en una caída de más de 200 metros. Abajo, en Puente Poncebos, la central eléctrica la espera, uniendo sus aguas a las que recibe del Duje, después de bajar de los puertos de Áliva y pasar por Sotres, así como las del Arroyo del Tejo, que se precipita desde Bulnes.

Los túneles

Puede que para el visitante, lo que más llame la atención sean los túneles, principalmente los cercanos a Caín, por donde cruzamos después de haber pasado junto a las tranquilas aguas del embalse. Por las oquedades abiertas a modo de ventanas, nos asomamos al río. Por estas paredes verticales, corre el agua, arrastra la hierba que crece en las grietas, forma capas de musgo, mezcla colores cambiantes, y en las salpicaduras de espuma, los rayos de sol que se atreven a penetrar en esta estrechura, forman arcos iris juguetones.

Sentimos caer las gotas de las filtraciones, la humedad del suelo, los brillantes hilos de agua que chorrean por las ventanas. Parece que la pared opuesta se pudiera tocar, tan estrecha es la brecha de esta angostura.

Canal de Dobresengros y al fondo la riega de Casillas.

Pasados los túneles, a nuestra izquierda encontramos la canal de Dobresengros. Hacia ella nos dirigimos por unas escaleras y un pequeño puente que nos sitúa en la margen opuesta del Cares, en una riega, la de Casillas en donde hacemos un alto recreándonos en el magnifico entorno.

Puente de los Rebecos

De nuevo en marcha nos acercamos a uno de los puntos más conocidos de la ruta, al que son muchos los que partiendo de Caín se acercan y dan la vuelta sobre sus pasos. Me refiero al Puente de los Rebecos, o de La Covona.

Una vez atravesado, entramos en la zona conocida como la Sulatranvía, que nos lleva a otro puente famoso, el de Bolín. Ambos puentes fueron en sus orígenes de madera, siendo sustituidos mas tarde por los actuales. Estamos en una de las zonas más angostas de la garganta.

Cascada que cae hacia la canal de Recidroño

Al salir de los puentes, el valle se abre, y a nuestra derecha una cascada se desprende desde lo alto buscando la canal de Recidroño. El espectáculo es inolvidable. La estrecha canal, los afilados resaltes, las praderas del fondo... Debe ser a estos estrechamientos a los que llaman por estas tierras beyos o volugas, pero no puedo asegurarlo, bien quisiera...

Canal de Recidroño y cascada.

Caminando en tan hermoso escenario, me vienen a la mente los orígenes de este cómodo camino. Como ya he dicho, no fue siempre así. Fueron muchos los problemas que surgieron en la construcción de estos canales y por supuesto la senda, costando lamentablemente vidas humanas. Terminaron las obras en 1921. La senda de entonces subía y bajaba salvando desniveles, por precipicios en los que el vértigo campaba a sus anchas. En invierno, los aludes eran frecuentes, y el paso por estos caminos era imprescindible, según a donde se necesitara ir.

La senda se abrió a base de pico y dinamita. El motivo era poder mantener los canales en buen estado, y poder llegar a ellos por medios más seguros.

Puente de las Párvulas

Más adelante, un puente de piedra nos marca la zona donde acaba León y comienza Asturias. Estamos en la Canal de Sullambrío, por donde corre la riega de las Párvulas.

Desde este punto el río gira a la derecha y podemos contemplar los canales, que desde aquí vemos bajo la senda.

Senda y canal cerca de Las Párvulas. La canal va bajo los túneles y la senda.

Los túneles se suceden, con oquedades desde donde nos asomamos por un lado, y con verticales paredes, rotas por la dinamita, entre unos y otros.

El canal abajo, la senda arriba.
Contrafuertes llenando un vacío
Canal bajo la senda
El Farfao

En la canal de Sabugo, nos llama la atención una surgencia que se despeña con fuerza hasta el río. Tal es su fuerza, que según me cuentan, intentaron canalizarla para añadirla al agua de los canales, pero fue imposible, la surgencia estalló, dejando una grieta y saliendo libre por su cauce natural.

El Joracao

Más adelante, al final de otra canal, el Joraco, un arco natural, es otro de los puntos en donde fijar nuestra atención. Estos montes que tenemos enfrente, este murallón apretado y rocoso, de unos 1300 metros de desnivel, es el Murallón de Amuesa, tras el cual se encuentra Bulnes.

Los Collazos, cerca ya de Puente Poncebos

La senda entra en los Collazos, farallón de paredes verticales que nos acercará al final de la ruta. Es en el punto en donde probablemente se ve la vieja senda con más claridad, allá abajo, junto al río.

Aquí tenemos el tramo empinado de la ruta. El desnivel que hay que salvar y que a estas alturas de la caminata resulta poco agradable. Por esta cuesta llegamos a una caseta derruida, y desde ella la senda baja en fuerte pendiente a buscar el río.

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Al fondo la canal por donde pasa la carretera que lleva a Sotres

Al cabo de un camino pedregoso, acabamos en la carretera que viene de Puente Poncebos, dando por terminada nuestra caminata.

Antes, por el puente de La Jarda, siguiendo la canal del Tejo, sube la senda hacia Bulnes. A la izquierda, el camino se dirige a Camarmeña.

-Lo siento, no nos encontramos con fuerzas, ni tiempo, ni ganas de subir a Camarmeña, solo tomar una cervecita fresca en el bar de Poncebos...

Por encima de todo, mi admiración a las gentes que abrieron estos caminos, y más aún, a quienes antes de construirse la senda vivieron en estos lugares, maravillosos, por supuesto, pero duros y peligrosos.

M.R.B.M.