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Senda del Oso

La Senda del Oso (Teverga) (Tramo Entrago-Caranga)

La Senda del Oso es una ruta de 22 kilómetros que une los pueblos de Tuñón y Entrago, pasando por Villanueva, Proaza y Caranga. Aprovecha el trazado de un antiguo tren que recorría las cuencas mineras de Teverga y Proaza, pero que cayó en desuso y sus vías se vieron cubiertas de maleza y abandono.

En los últimos años, en los que Asturias cambia su carácter minero y se abre al turismo, con bastante acierto, todo hay que decirlo, este trazado se ha convertido en un cómodo paseo para senderistas y ciclistas. Se ha cubierto la vía de cemento, se han hecho puentes, vallas, áreas de descanso y se han colocado paneles informativos, que a veces encontramos en mal estado sin saber a quién achacar ese descuido.

 

El recorrido completo se puede realizar en un solo día, no es una ruta cansada, el terreno casi llano, y no es excesivamente larga, si la hacemos en un solo sentido. En nuestro caso, como siempre, esto no es posible, por lo que elegimos el tramo Entrago-Caranga, dejando para otro momento el resto.

Comienzo del desfiladero Valdecerzales

Salimos de Entrago por una zona señalizada, cercana al campo de fútbol. Los primeros metros nos llevan hasta la primera roca enorme y lisa que abre el desfiladero de Valdecerezales.

Es una roca alta, gris y blanca, cubierta de enredadera y junto a la que hay una fuente. Una explanada nos hace pensar que esta zona debe ser muy visitada por los lugareños.

A nuestra derecha el río Teverga se abre paso entre los altos picos que forman el desfiladero, el Siella al otro lado de la carretera, y junto a nosotros la Peña Gradura.

 

Panorámica desde la senda

 

Desde el comienzo es un barranco estrecho, por el que cabe a duras penas el sendero, el río y la carretera que corre casi todo el tiempo paralela a nuestro caminar. A veces la atravesaremos por puentes, pero lo único que haremos será cambiar de orilla. No la veremos en la mayor parte del día, se oculta entre la vegetación y las rocas.

Alguien me ha comentado que cuando se construyó esta vía férrea, estas tierras eran posesiones de un señor poderoso y rico, como solía suceder, y que este solo daba permiso para que pasara el tren "si él no veía el humo".

Dichos y leyendas aparte, sí es cierto que la senda se aleja de la carretera lo suficiente como para que nosotros disfrutemos de la supuesta exigencia del señor, pero a la inversa, nosotros desde la vía no veremos los coches.

 

Uno de los túneles

Durante todo el recorrido la senda serpentea junto al río, entre el angosto cañón la mayor parte del tiempo, aunque a veces se asoma a algún valle abierto que nos deja ver las montañas cubiertas de pinos. Por otra parte, lo que nosotros tenemos a nuestro lado son castaños, avellanos y saucedas.

No tardamos mucho en encontrar el primer túnel, al que le sigue un trozo de senda limitada por la pared de piedra y el río, y que en pocos metros da paso a otro túnel, luego a otro tramo de senda en las mismas circunstancias, y otro túnel, y así sucesivamente. Uno de ellos es más largo, unos 300 metros de oscuridad que mitigamos con nuestras linternas.

 

Bosque de ribera junto a la senda

 

Pasado este estrecho tramo, el sendero se acerca a la carretera, y cruza el río por dos puentes, el de Aguas Arriba y el de Aguas abajo, para llegar después a un zona muy rica en vegetación, junto al embalse de la Horniella.

Entramos en la zona mas amplia del recorrido, en donde aparecen las hayas formando bóvedas de ramas y hojas.

El río se esconde entre la vegetación y a veces le vemos saltar entre las piedras, aunque más sereno que en el primer tramo en donde se precipitaba con más fuerza y formaba algunas pozas entre las rocas caídas.

Hayedo

 

De nuevo en la orilla derecha aparecen los túneles. Las piedras recortadas y las flores y helechos.Cambiamos una y otra vez de orilla, cruzamos una y otra vez la carretera, pero es un divertido juego que nos lleva entre puentes, túneles, hayas, castaños, pozas y saltos.

Según nos acercamos a Caranga el desfiladero se va abriendo y el río se va ensanchando, ahora su cauce es sereno y transparente, y sirve de espejo al espeso bosque de saucedas que crece a su alrededor.

 

 

Tronco de castaño

 

Pronto comienza a aparecer una rica capa de flores que nos acompañará hasta la zona de Caranga. Abundan los acianos y las valerianas, los brezos, los claveles y entre los helechos unas diminutas florecillas, de color malva, una especie de carita con cresta y barba larga y fina. No conozco su nombre, las llamaré "caritas" hasta que consiga saberlo...

Cruzamos una vez más por un puente y una indicación nos dice que Caranga se encuentra a 100 metros, en sentido inverso a nuestra marcha. No vamos a ir a ella, seguimos algo más por la senda, hasta llegar al comienzo del desfiladero de Peñas Juntas. Estamos entrando en el tramo medio de la ruta.

¿Caritas?
Aciano

 

Dudamos si volver o continuar hasta Proaza, pero recordamos que la senda está en obras debido a la reparación de un derrumbe que la ha cortado. Decidimos volver. No tenemos seguridad de poder salir sin dificultad en Proaza y la caminata podría alargarse en exceso. Hemos hecho unos diez o once kilómetros y tenemos que desandar el mismo trayecto. Nos queda el deseo de volver a conocer este estrecho nuevo y la parte restante, pero como otras veces... a esperar otro momento.

 

M.R.B.M.

Julio 2.004

 

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