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Puente romano en Campo de Caso
Ruta del Alba

Alba es como bautizaron a este río que corre por el Parque de Redes,en el concejo de Sobrescobio (Asturias) y me pregunto si el nombre le vendrá dado por la luz que se desprende de sus aguas en medio de las sombras de avellanos y hayas que crecen en sus orillas. El día es oscuro, nublado, con una fina llovizna que solo se nota porque la humedad cala, y el río brilla con no sé que misterioso resplandor.

 

Bosque de avellanos

 

Saliendo del pueblo de Soto de Agues, tomamos una pista junto al río y poco a poco vamos adentrándonos en un paraje verde, donde la vegetación de ribera es tan abundante que a veces no deja ver el cauce de las aguas.

A nuestro paso encontramos alguna casa de labor y las ruinas de una antigua mina, en forma de una gran pared con ventanucos por los que descargaban el material extraído y que se transportaba a través de la pista de tierra que ahora nos conduce a nuestra meta.

El Alba corre al principio más o menos tranquilo, saltando entre las piedras de redondeados cantos, formando pequeños meandros de oscuras aguas, que se vuelven blancas de espuma cuando las rocas son mayores que el resto y hacen que aquellas se precipiten con estruendo. Saltan cantando. A veces se remansan en pozas tranquilas y transparentes. Durante una hora, más o menos, caminamos cómodos, contemplando la densa arboleda y las pequeñas plantas que bordean el camino, entre las que podemos encontrar fresas silvestres.

 

Cascada

 

Entre todo debemos resaltar son los avellanos, casi cubren el río como si se tratara de una bóveda verde, moviendose a merced de la suave brisa. A nuestra derecha una pared rocosa, a uestra izquierda el río. Apenas podemos ver el cielo, la fronda de los árboles nos lo oculta. Está nublado, lo que quita belleza al paisaje, pero a la vez le la un aspecto misterioso.

Dos rústicos puentes de madera ayudan a cruzar el río, y desde ellos podemos contemplar más cómodamente el cauce. No los cruzamos, continuamos nuestro camino hasta que un fuerte recodo hace que la pista que traíamos desaparezca, y en su lugar las piedras, brillantes de humedad y lisas como pulido mármol, cubren el suelo. La senda va estrechandose. El río suena con fuerza. De pronto aparece ante nuestros ojos una hermosa cascada. Es ella la que produce semejante ruido. No es esa la única, hay otra aún mayor, y otra y otra, cuanto más avanzamos, más cascadas aparecen y son mayores aún que la anterior.

 

Las cascadas son numerosas

 

Empiezo a contarlas,pero pronto me pierdo. En un estrecho pasillo altas rocas, el río se vuelve caprichoso y salta por donde le apetece, modelando las piedras, levantando nubes de espuma blanca.

Unas veces el camino es llano, otras hay un repentino repecho, las piedras siempre resbaladizas de humedad. Cae la fina lluvia y el ambiente es misterioso, dulce y tranquilo. El último puente es el más bello. En un pasillo estrecho de roca se retuerce sobre la cascada mayor que se divide en un ramillete de brazos que caen al vacío levantando una nube de espuma.

Circo montañoso al salir de la angostura

Es difícil hacerle una foto, no hay espacio para encuadrarla, es muy grande en un espacio tan pequeño, y al cabo de un rato de contemplarla continuamos el camino. No por mucho tiempo. En unos minutos el pasillo se abre a modo de puerta natural, alta y estrecha, sin dintel, por la que la luz entra con fuerza y que nos conduce a un circo montañoso, rodeando una verde pradera en la que hay un refugio recientemente reconstruido y unas mesas de madera donde poder descansar un rato.

Ha dejado de caer la fina llovizna y podemos sentarnos un rato y admirar el entorno. Es todo naturaleza salvaje, rocas grises, verde fronda, grandes helechos y de vez en cuando los avellanos de precioso porte entre las rocas. Regresamos a Soto de Agues, volviendo a admirar tanta belleza, y prometiendonos volver otro día confiando que el sol nos acompañe.

 

Julio 2.002

M.R.B.M.