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Senda de Castro (Pola de Somiedo)

Desfiladero de la Malva

 

Como inicio de este paseo nos dirigimos a un área de recreo cercana al embalse de La Malva, a unos 2 kms y medio pasado Castro en dirección a Pola de Somiedo.

Ya a pie, comenzamos a subir por una senda que surge a la orilla derecha de la carretera, unos metros más adelante de donde hemos aparcado el vehículo. Es una buena senda, el antiguo Camín Real, originario del siglo X, que a través del desfiladero de la Malva nos lleva a Castro.

 

 

 

 

Campanillas

Al comienzo los picos que nos rodean no son demasiado llamativos, estamos al fondo del cañón y "los árboles no dejan ver el bosque", por lo que nuestra mirada se dirige al suelo. En él encontramos una variada vegetación, como suele ser habitual en esta tierras asturianas, donde la naturaleza estalla en belleza. En un principio lo más abundante son las retamas, aulagas, helechos y zarzas, entre los que aparecen serpoles y brecinas.

Poco a poco las flores van siendo más variadas, claveles silvestres, campanillas malvas, botones de oro...

Inmersos en este plantel de flores, estamos subiendo casi sin darnos cuenta, hasta que al levantar la mirada el aspecto ha cambiado.

A nuestra espalda una alta pared y lo que creo que son los montes que rodean Pola de Somiedo, pero aún no los conozco bien, podría decir que se trata de Peña Vera, pero... lo siento, no estoy segura.

A nuestra derecha la carretera discurre oculta en el cañón, y se abre un desfiladero entre los montes de Tibleus y Navachos, por donde corre el río Saliencia, formando un profundo valle. En su unión con el río Somiedo, que corre paralelo a la carretera, se ha construido un embalse que da vida a una central eléctrica, cercano al área donde hemos dejado el coche.

Fuente de la Malva

 

A la izquierda de nuestra senda, aparece una cueva y una zona acondicionada con mesas y bancos junto a una fuente.

Seguimos ascendiendo sin más ocupación que la de dejar correr el tiempo contemplando la multitud de flores que sin poder evitarlo me llaman insistentemente.

En estos lugares encontramos algunas encinas y quejigos, restos de otras épocas más lejanas en que las lluvias eran menos abundantes y que se han mantenido en zonas de solana y suelos someros, y ahora se mezclan con la vegetación típica de la zona: arces, tilos, avellanos y fresnos, tan agrupados que a veces forman un pasillo abovedado donde no entra el sol.

Desfiladero

Llegamos a la parte más alta de la senda en donde un panel nos indica que hasta El Castro nos queda media hora de camino, y desde donde avistamos la vertiente opuesta. Ahora todo es bajada, por la espesa arboleda de avellanos y fresnos y entre ellos un cerezo cubre el suelo de frutos rojos.

La bajada es bastante pronunciada pero zigzaguea, la ruta no es incómoda, sencilla, corta, bien marcada... un paseo de unas dos horas debido a mi empeño en fotografiar todo lo que veo... y perder el tiempo...

Ya en el pueblo, entre casas rústicas y hórreos aún en uso, encontramos unos vecinos. Hablamos con ellos unos minutos. Son gente afable, cariñosa, dispuesta a dar cualquier explicación que necesitemos.

Decidimos regresar por la carretera, hacer el paseo circular, y ver algo diferente. No hay mucho tráfico. Caminamos por el Desfiladero de la Malva, junto al río Somiedo que se esconde en una profundidad a veces cercana a los ocho o diez metros, entre castaños, nogales, avellanos y saucedas.

La maleza es espesa, y en las orillas de la carretera la variedad de flores es enorme. Valerianas, dedaleras, brezos, campanillas.

Todo es un jardín

 

Cruzamos cuatro puentes excavados en la roca y sobrepasamos el embalse. Es pequeño, poco profundo, pero hermoso, más que un embalse se diría un remanso profundo de un río de transparentes y serenas aguas.

Llegamos al área recreativa y regresamos satisfechos de nuestro paseo.

 

 

 

Julio 2.004

M.R.B.M.

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