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Braña de la Corra (Camino Real de la Mesa)
Miliario (reproducción)

El Camino Real de la Mesa corresponde a una vía de comunicación entre la meseta y la región asturiana. Se remonta a la época romana, de hecho utiliza el trazado de la calzada que unía Astorga con Lugo de Llanera (Astúrica Augusta y Lucus Asturum). El recorrido aprovecha la zona mas suave de la montaña, por la linea de cumbres, dominando los valles por donde podían venir ataques enemigos, lo que la convierte en un camino privilegiado, que supieron aprovechar no solo sus autores, los romanos, sino también los árabes en sus incursiones en el norte de la península y más tarde los reyes de Castilla y los pastores trashumantes.

Como no podía ser de otro modo, hoy en día es también aprovechada, no solo por los ganaderos de la zona, sino también por los senderistas que desde ella disfrutamos de las hermosas panorámicas que ofrece.

Acebos en el puerto de San Lorenzo

Se extiende desde Torrestío, en tierras leonesas, hasta Grado, en Asturias, si bien son dos los tramos más visitados, que suelen realizarse en dos jornadas.

Uno de ellos une Torrestío con el Puerto de San Lorenzo (21 Kms), el otro este puerto con La Bustariega (9 Kms).

Debido a la longitud, se hace necesario, al menos en el primer tramo, un coche de apoyo que nos recoja al final del trayecto, si no queremos pernoctar y repetirla al día siguiente en sentido contrario. En nuestro caso, esto era imposible, tuvimos que conformarnos con un tramo pequeño, que nos diera una idea de lo que es esta ruta, y, por que no decirlo, dejarnos con la miel en los labios.

Decidimos recorrer le parte cuya referencia histórica nos atraía más (unos diez km. ida y vuelta) en el que aún se conserva un trozo de calzada romana, la mayoría ha sido desmontada, y aunque no tengo certeza de ello, a la vista de las piedras que forman las cercas junto a la calzada, mucho me temo que hayan cambiado de lugar sin alejarse mucho del primitivo... Pero no es tema en el que deba entrar, por lo que continuaré contando mi experiencia...

Tramo de calzada romana. Al fondo peña Negra

Subimos al Puerto de San Lorenzo, en el centro de los pueblos de La Riera (Somiedo) y La Plaza (Teberga). Ya, desde ese momento, los ojos ávidos de imágenes se mueven en círculo, no sabiendo donde detenerse.

El puerto de San Lorenzo es una pradera en la que aparecen acebos muy hermosos diseminados en un pastizal de fresca hierba.

A la derecha se abre el valle de Somiedo, a la izquierda las montañas que deslizan sus laderas hacia el valle de Teberga, y al frente una pista que sube suavemente a un bosque de hayas en el que al comienzo se mezclan los acebos y cuyas orillas se salpican de preciosos ranúnculos.

Es un cómodo caminar que en poco rato nos lleva a la pradera de Piedrajueves. Este collado debe su nombre a un altar que los romanos erigieron en este lugar a Júpiter (Petra Jovis, o Piedra de Júpiter) y del que ya no queda nada.

Collado de Piedrajueves

 

A lo largo de la ruta se han colocado miliarios, imitación de los originales, que tienen como fin señalar la el camino por donde discurre, pero que se encuentran en su mayoría desperdigados por el suelo, alejados de su punto original, así como cubos de piedra en los que se marcan los lugares más representativos. Según me han comentado, es el ganado quien los tira...

Por este punto alguno queda aún en pie, pero el que debe indicar por donde seguir, está tirado en el suelo, oculto entre la hierba.

En este collado de Piedrajueves el ganado pasta pacíficamente. Es una zona amplia, con Peña Michu al frente. A ella nos dirigimos para tomar la pista casi borrada que sale a la izquierda y que nos llevará a otro precioso lugar, el Juego de la Bola, pero antes nos deleitamos con el paraje que se ofrece a nuestro alrededor.

Peña Michu y el Juego de la Bola, desde la Corra

 

Nuestro siguiente punto de referencia, El Juego de la Bola, es otra pradera que da paso a una de las más hermosas imágenes des esta ruta: la garganta que forma el río Saliencia. Al fondo se sitúa Arbeyales y en las laderas que desde él suben hasta el cordal, se salpican las brañas con sus cabañas de teito, en medio de verdes praderas.

A lo lejos, a la izquierda se perfila la senda que nos lleva hacia la Braña de la Corra. Los alrededores de la pradera están cubiertos de escobas, de amarillas flores, que pronto cambiaran a matorrales de brezo púrpura, según nos acercamos a la braña.

 

Braña de La Corra y Peña Negra

 

La Corra debe su nombre a un lugar "corra" donde se guardaba el ganado y que en esta braña es comunitario.

Es un precioso conjunto de cabañas de teito, en el que, no muy lejos, encontramos una fuente de agua fresca. De aquí a la zona donde la calzada romana aún sobrevive, solo nos separa un cuarto de hora de caminar.

Nuestra mirada ahora se dirige inevitablemente a la cumbre que se presenta al frente. Se trata de la Peña Negra, una cumbre recortada cuyos últimos picachos llegan a nosotros. Debe su color al sílice liquinizado que cubre sus laderas.

Cabaña de teito

 

Todo el camino está bordeado de brezos, helechos y arces. Junto a nosotros el color predominante es el morado de la capa de brezo que cubre la ladera, mientras al fondo todo es verde, oscuro en los bosques, tierno en las praderas que ascienden desde el río.

La calzada se distingue por sus losas de piedra lisa, entre las que crece la hierba, y que nos conduce a un lugar donde el agua corre por una roca formando un pantanal en el suelo.

Al fondo el valle de Saliencia, profundo, las praderas de Arbeyales, las cabañas de teito diseminadas, y a lo lejos se adivina el punto donde se encuentran los lagos... los Picos Albos...

Decidimos dar en este punto por terminada nuestra caminata, comemos bajo la fresca sombra de un arce emprendemos el regreso. De vez en cuando vuelvo la vista atrás y veo la linea que dibuja la calzada y se pierde en los perfiles de las montañas. Siento pena por el regreso, ¡me gustaría tanto seguir!

Panorámica del Valle de Saliencia

 

Ahora, más relajados, son las múltiples flores las que me atraen. Aquí son preciosas. Las malvas forman ramilletes y más que malvas parecen rosas.

En la pradera de Piedrajueves, las vacas pastan tranquilas. Están acostumbradas a ver a las personas y ni se inmutan cuando pasamos junto a ellas.

Atravesamos de nuevo este hermoso lugar cubierto de retamas en flor y nos adentramos en el bosque de hayas cuya bóveda nos ofrece fresca sombra. Es un precioso paseo que termina de nuevo en el puerto.

Hace un día espléndido, no hay apenas nubes, incluso hace calor a pesar de la altitud. Por esto las cumbres se perciben nítidas, con lineas perfectas. Celebro haber venido, y me hago el propósito de volver algún día con medios para recorrerla entera.

Julio 2.004

M.R.B.M.

Si queréis información sobre que es una braña, podéis visitar el apartado Qué es en mi página principal

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