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Braña Pornacal y Braña Vieja (Somiedo)

Braña de "La Pornacal"

No sé si atreverme a decir que lo más emblemático de Somiedo son las brañas. Creo que si lo afirmo no me equivoco, aunque ahí están sus lagos, sus valles, sus picos... Pero es cierto que las brañas se integran en ellos, por tanto, sí, pensar en Somiedo es pensar en las brañas.

La más conocida es la de La Pornacal. Puede que su fama se deba a la cantidad de cabañas juntas, a que su visita es relativamente fácil, una empinada pista de unos dos kilómetros, que cualquiera que no le importe andar algo puede realizar. Se trata de un conjunto de 34 cabañas distribuidas en cuatro barrios, separadas por la pista y el cauce del río Pigüeña.

Bosque de las Sendas

Salimos deVillar de Vildas y caminamos entre praderas en las que los brañeiros se dedican a sus labores de recogida del heno. La pista está asfaltada en los tramos mas inclinados (casi toda ella hasta la Pornacal) y sus orillas se cubren de mil flores. Es una subida constante con algún recoveco que te permite ver desde distintos ángulos imágenes de las montañas que la rodean. A nuestra izquierda la Sierra del Páramo encierra varias lagunas, de hecho sale una senda que conduce a ellas. También en este conjunto se sitúa el pico Mocoso, alejado de este punto, pero cercano al final de nuestra ruta. A la derecha el bosque de las Sendas, hermoso hayedo coronado por otros picos entre los que destaca la Peña el Cuechu y más allá, el Alto de la Baba.

 

 

Cabaña de teito con porche

La braña de Pornacal, como casi todas ellas, se "esconde" tras una loma, se mimetiza en el paisaje y nos sorprende con sus cabañas agrupadas, cuando acabamos de subir el repecho que nos ha hecho sudar. Es la primera braña que visito y me agradan sus cubiertas de escobas, sus forma de casita de postal. Se mezcla alguna que otra construcción moderna y algún teito ha sido reparado con algo que desentona bastante, pero hay que pensar que estas cabañas preciosas no son elementos de decoración sino habitáculos utilizados para labores cotidianas. El río Pigüeña pasa corriendo bajo un rústico puentecillo en el que los saúcos en flor ponen un precioso punto blanco. Paseamos por entre las cabañas, observando su construcción. Es una braña de las más nuevas, así lo dicen sus porches en los que ya se ha incluido la teja.

Praderas de la Requeixada, al fondo Peña Canseco, y collados de las Zereizales y la Enfestiella

 

Bajamos a la pista de nuevo y continuamos por un tramo más o menos llano, atravesando la pradera de la Requeixada.

Junto al camino una fuente fresca, deliciosa, nos ayuda a mitigar el calor que empieza a notarse. Se trata de la Fuente de la Prida. En ella hemos visto algunos brañeiros que han estado tomando agua antes que nosotros, abasteciendose para su faena de todo el día. Es un buen momento para segar los prados, ha llovido en días anteriores y hoy luce un sol espléndido que levanta la hierba y permite la siega. A nuestro regreso volveremos a verlos, podremos apreciar el trabajo realizado y como aprovechan hasta la última hora del día sin importarles el cansancio. Va la familia entera, jóvenes, hombres y mujeres mayores, hasta el perro les acompaña. Una mujer de bastante edad se cruza en nuestro camino a lomos de un burro. Es algo que creo que recordaré mucho tiempo. Es la vida natural, la vida de siempre que no ha cambiado, a no ser por los tractores que se desperdigan por los campos. Y creo que esta relación familiar y humana es muy positiva. Sobre todo, los que vivimos en las grandes ciudades a nuestro pesar... es algo que necesitamos.

Cascada del Corralón

 

Camino inmersa en mis pensamientos, la mirada fija al fondo del valle, allá lejos donde acaba la semillanura y la Peña del Nuncio se dibuja blanca junto al Alto de la Baba, indicándonos donde tenemos que llegar. En un momento un ruido familiar me devuelve a la realidad y a mi derecha veo correr una preciosa cascada, la del Corralón o de la Requeixada. Se esconde entre piedras y árboles. Baja desde muy alto, probablemente desde el Alto de la Baba que ya está cercano.

 

Pronto giramos a la derecha, al frente aparece el collado de las Zereizales, entre el Alto de la Baba y la Peña del Nuncio. Comunica este valle con León, y bajo él se asienta la braña Vieja o de los Cuartos.

 

 

Teito en la Braña Vieja o de los Cuartos

 

Esta braña es muy distinta a la Pornacal. Son cabañas de corros, es decir redondas, más pequeñas y más antiguas. Pero tienen un encanto especial. Junto a ellas pasta el ganado. Decidimos descansar a la sombra de unas rocas caídas de la Peña Canseco o del Nuncio, que parece proteger a la braña.

Esta braña dista de la Pornacal otros dos o tres kilómetros, por lo que no es tan visitada como la anterior, pero no porque no merezca la pena verse. Es como casitas de juguete, preciosa. Un perro está subido a una roca cercana a nosotros, en silencio, inmóvil, solo nos mira como esperando algo.

 

 

Braña Vieja y el Alto de la Baba

 

Decidimos continuar, buscamos las marcas blancas y amarillas que nos han ayudado todo el día pero no aparecen. Guiados por la intuición giramos en la misma dirección que traíamos pero ahora sin pista ni senda, formado una V ascendente a través de la pradera. Pronto vuelven a aparecer las marcas y las seguimos ahora por una senda a las faldas de la Peña del Nuncio.

Nos percatamos que el perro está junto a nosotros, sigue mirandonos fijamente como si quisiera decirnos algo, se pone delante nuestra y comienza a guiarnos. De vez en cuando vuelve a mirarnos, asegurandose de que le seguimos y continúa.

 

 

Peña del Nuncio

La senda gira hacia la derecha para ganar el collado entre escobas... ranúnculos... mil flores... y esos preciosos cardos azulados que tanto me gustan.

Al fondo, en el collado un grupo de vacas está pastando. Lo más sorprendente es que a la vista del perro se ponen furiosas. Se van a él, intentan atacarle, pero todo queda en intento. Pasamos sin problemas y el perro junto a nosotros.

Ya en el collado encontramos un grupo de ternerillos, y comprendemos el humor de las vacas. Pero allí están con nosotros, vacas, perro, terneros... todos en paz.

El lugar es una delicia. Una pradera tranquila, y al otro lado el valle de la parte leonesa, creo que es la zona de la Laciana, pero no puedo asegurarlo.

 

Collado de la Enfestiella

 

Cuando nos hemos saturado de está inmensa paz, regresamos por el mismo camino, con alguna variante. Al llegar al alto del valle, allí donde reencontramos las marcas de la ruta, un panel nos indica como continuar por un camino más ancho.

Lo seguimos y acabamos en la pista que trajimos esta mañana. Desde este punto nos indican que la braña de las Cuartos está a un cuarto de hora de camino, retrocediendo.

No volvemos a ella, y lo siento, me habría gustado caminar otra vez por entre sus casitas, pero se está haciendo tarde y continuamos descendiendo hasta Villar de Vildas, por los mismos hermosos lugares que nos acompañaron por la mañana.

M.R.B.M.

Julio 2.004

Si queréis información sobre que es una braña, podéis visitar el apartado Qué es en mi página principal

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