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Lagos de Saliencia (Somiedo)

Valle de Saliencia y Cordal del Tarambicu

Uno de los principales atractivos del parque de Somiedo son sus lagos. La geología de las montañas que lo integran propicia la existencia de cantidad de ellos. Suelen ser de origen glaciar, y es muy frecuente encontrarlos en las montañas de una altura considerable. Los más conocidos son, por una parte el de Valle de Lago, el más grande de la cordillera Cantábrica debido a un represamiento artificial, y estos de Saliencia, todos ellos muy cercanos.

En esta zona son varios los lagos y lagunas que podemos encontrar, pero los más importantes son los tres que visitamos este día.

 

Panorámica desde el Valle

La ruta comienza en el Alto de la Farrapona, al que podemos llegar desde Saliencia, en Somiedo, o desde Torrestío, en León. Tanto desde un punto como otro, el acceso se hace por una pista de tierra de muy buen firme abierta a todos los vehículos, no solo a los habitantes del parque y el personal de mantenimiento.

Pero entremos de lleno en mi experiencia personal, para lo que comenzaré diciendo que el día no está muy propicio para hacer rutas. El anterior ha estado nublado, amenazando lluvia y esta mañana la niebla cubre todas las montañas.

Decidimos visitar el centro de interpretación de Pola de Somiedo. En él nos comentan que la entrada es conjunta y nos permite ver el interior de las cabañas de teito de Veigas, las únicas visitables, las demás están habitadas y en pleno uso.

 

Lago de la Cueva

Como las nubes están dispuestas a acompañarnos, nos vamos a ver las cabañas, ya casi a última hora de la mañana, y nos quedamos a comer en Veigas. Lo hacemos en una casa de comidas, rural, muy sencilla, pero con una comida excelente. No tenemos prisa, el día no acompaña. El comedor es interior, con una puerta al exterior, que, aunque abierta, no nos permite ver la calle. La sorpresa nos espera cuando salimos de este lugar sin saber a donde dirigirnos después, por culpa de estas nubes que lo cubren todo... o mejor dicho, lo cubrían. No queda una sola nube... el sol es limpio, intenso, el cielo azul, brillante, y el aire tan puro que no se puede casi creer semejante cambio, en fin, estamos en Asturias...

No hay duda, visitar los lagos es un paseo de unas dos o tres horas, y hay que aprovechar este precioso sol que nos permitirá ver las cumbres. De Veigas a Saliencia hay muy poca distancia, y casi antes de acabar de pensarlo ya estábamos en este pueblo somedano.

 

Laguna L' Almagrera. El fondo seco permite ver el color de la tierra rica en hierro.

 

La aproximación al Alto de la Farrapona ya es un disfrute para los sentidos. Los picos recortados del cordal del Tarambicu se perfilan en el cielo, y descienden cubiertos de tupidos bosques.

Al fondo el río Saliencia se abre paso en precioso valle en el que se salpican cabañas de teito, semiescondidas, confundiendose con los árboles del paisaje.

Llegamos al Alto de la Farrapona y continuamos por una pista en peor estado hasta un punto en el que hay bastantes coches aparcados. Es ahí donde se encuentra el primer lago, el de La Cueva. Este dista del Alto, un kilómetro más o menos, por lo que en mi opinión no debería permitirse el acceso a los coches. El lago se encuentra en un antiguo circo glacial, rodeado de montañas, de verdes laderas en las que sobresalen las rocas blancas.

 

Lago Cerveiriz

 

Lo más llamativo de este lago, es el color de la tierra que lo rodea, roja, debido al contenido de mineral de hierro. En este lugar existió una explotación minera, de la que quedan restos, una edificación derruida, y algunos tubos en el borde del lago.

De todos modos, estas ruinas no desmerecen la imagen que nos ofrece el lago (se quedan a nuestra espalda). Es precioso.

 

Lago Calabazosa

 

Desde él la pista comienza a subir hasta un muro de piedra, en donde llanea y continúa a través de una pradera hasta la Laguna de la Mina o L' Almagrera, seca en verano. Algo más adelante, se abre la Vega Cerveiriz que da nombre (o lo recibe de él) al segundo de los lagos. En este caso sorprende la vegetación acuática, que le da un aspecto extraño. Sobre él se sitúan los Picos Albos, visibles desde muchos puntos del Parque. Es el más pequeño de los tres.

La senda que traemos gira a la izquierda, por una especie de cresta rocosa que nos lleva al tercer lago, el de Calabazosa. De nuevo la vista del lago es una delicia. Como el de la Cueva no hay duda de que es un antiguo glaciar. Y como es lógico, las cumbres que lo rodean se reflejan en el espejo de sus tranquilas aguas.

Vega Cerveiriz

 

Regresamos hasta el lago anterior, con deseos de atravesar la pradera de Cerveiriz y poder ver el lago del Valle. Este tramo forma parte de una ruta de travesía que atraviesa la falda de uno de los Picos Albos y desciende hasta el lago del Valle para llegar al pueblo del mismo nombre. Lógicamente necesita un coche de apoyo o unas piernas dispuestas a una larga caminata para hacer el regreso. No es nuestro caso. Nos conformaríamos con ver el lago desde arriba, pero no vamos a poder.

Desde que llegamos al parque se nos ha advertido del peligro de las nieblas. No avisan, cuando caen lo cubren todo y lo más prudente es estar muy pendiente de ellas. A lo largo de los días que he pasado en el parque he podido comprobar que es cierto. Al atardecer las nieblas se suelen adueñar de las montañas y caer espesas hasta los valles. Esta tarde, como todas, han llegado y cubren las cimas de los Albos. Miramos dudosos al cielo, y observamos como por momentos la niebla se va haciendo más espesa y cubriendo más las montañas. Si llegan a la pradera por la que no hay pista, lo más probable es que acabáramos desorientados y en el peor de los casos perdidos.

Malvas

Decidimos bajar mientras aún hace sol y las nubes solo son un sombrero de las cumbres. Aún nos permiten bajar tranquilos, admirar las múltiplas flores que cubren la vega, y los alrededores del lago de la Cueva. Hay infinidad de malvas, pero no son como estamos acostumbrados a verlas. Aquí, en Somiedo, las flores son "a lo bestia". Las malvas se agrupan en rodales enormes de los que salen ramilletes de hermosas flores que más que malvas parecen rosas. Pero no son las únicas, margaritas, amapolas, campanillas... todo está lleno de flores. Al fondo, el valle de Saliencia se tiñe de sol, y se abre lejano, como un manto de terciopelo.

La niebla está bajando y debemos volver. Ahora en nuestro regreso por la pista, volvemos a recrearnos en estos picachos en los que distinguimos una cascada lejana que se precipita desde una considerable altura. Somos afortunados, la niebla parece detenerse en las alturas y el valle está inundado de luz. Visitamos el pueblo de Saliencia, y regresamos por la carretera que atraviesa el valle, pasando por Arbellales, punto en el que arranca otra ruta que debe ser preciosa, pero que no hemos podido hacer "de momento". Volveremos otro año, es mucho lo que hay que ver en Somiedo...

M.R.B.M.

Julio 2.004

 

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