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Lago del Valle (Somiedo)

Lago del Valle

 

La excursión al Lago del Valle resulta obligada al visitante del Parque de Somiedo. Es una de las más representativas de este lugar y en la que pueden encontrar acomodo todo tipo de excursionistas. Desde Valle de Lago sale una pista de muy buen firme que nos conduce en un agradable paseo hasta el lago. Una vez en él, dependiendo de la capacidad física de cada uno, podemos optar por regresar o acometer otras rutas más complicadas, que recorren el parque y pasan por este punto, como puede ser atravesar las Vegas de Camayor y llegar a los lagos de Saliencia, o, en dirección opuesta, al Puerto de Somiedo.

Nosotros optamos por lo cómodo. Dejamos el coche junto al embalse que se sitúa al inicio del pueblo, y lo atravesamos en un agradable paseo que discurre entre praderas y de flores silvestres, entre las que abundan las orquídeas.

Pensamientos silvestres junto a la pista

 

 

Valle de Lago se extiende a lo largo de unos dos kilómetros, con grupos de casas formando tres barrios. El último de ellos, L' Auterio, da paso a la pista de tierra que se rodea de prados y frutales. Es un paso restringido a los vehículos, solo para los habitantes del pueblo y el mantenimiento del parque.

Poco puedo decir del entorno de esta pista que ya no se sepa. Como en todo Somiedo, el laberinto de montañas no puede faltar aquí. Si hay algo que sobresale en el paisaje somedano es precisamente eso: un sinfín de montañas separadas por hermosos valles como el que hoy visitamos. A nuestra izquierda el Cordal del Tarambicu y a la derecha los montes de La Enramada y la Llampaza.

 

Pradera del Valle

 

Después de un cómodo caminar, encontramos unas flechas de madera en la que nos indican dos rutas, una por sombra, y otra por la pradera.

Tenemos referencia de que la pista por la pradera se vuelve empinada al final, por lo que decidimos tomar la que nos lleva por la sombra, al menos mitigaremos el calor. Hace un día precioso, el sol está nítido y tememos que caliente en exceso. Es la primera vez que visitamos este lugar y vamos un poco a seguir la intuición, pero acertamos en la elección.

 

Aguileña
Siemprevivas
Aguileña
Orquidea

La pista comienza a ascender suavemente, por un hayedo magnifico, el de La Enramada donde los árboles dan buena sombra. Es ancha y en sus bordes hay infinidad de flores, entre ellas una mata de aguileña me llena de alegría al verla. No es una flor muy corriente y su hallazgo me parece estupendo.

La subida se acentúa poco a poco sin llegar a ser fuerte. Pronto el hayedo deja paso a los pastos de las brañas y las cabañas se salpican entre ellos. Algunas muy cercanas a nosotros. A nuestra izquierda vemos la pista que hemos abandonado y que aparentemente llanea por un hermosa pradera. Más allá los montes que se desgarran del Tarambicu y al fondo Los Albos. Más cercanos a nosotros, a nuestra derecha la Sierra de Llagüezos.

Superada la primera braña, la pista se vuelve senda. Una senda estrecha y húmeda, a veces barro, envuelta en retamas y helechos. Pronto el bosque de hayas se deshace y da paso a una mullida pradera. Los caminillos abundan, van de un lado a otro mostrando que ha sido el ganado quien los ha abierto. Subimos un pequeño repecho y de pronto nos damos de bruces con el hermoso lago.

Picos Albos

 

Es un circo, resto de un glaciar. Se rodea de montañas accidentadas,de verdes de prados, de retamas, de flores... En el centro, una isla y en los bordes plantas acuáticas por entre las que corren multitud de pececillos.

Este lago tiene un punto negativo, aunque por ser necesario debe ser respetado. En origen la isla era una lengua de tierra que penetraba en él, pero que dejó de serlo debido al uso industrial que hace algunos años se le dió a este. Para almacenar el agua y hacer un uso controlado de ella, (el río del Valle abastece el pantano que vimos al llegar al pueblo) se hizo una presa que rodea el lago por la parte más baja, lo que ha hecho que sea el mayor de la cordillera Cantábrica, aunque esto le resta belleza y naturalidad. De todos modos, el color de sus aguas, la luz que se refleja en ellas, las montañas que lo rodean, consiguen que su imagen no sea fácil de olvidar.

Panorámica desde el Lago del Valle

 

En sus alrededores pasta el ganado en las frescas praderas, empapadas del agua que va a formar el río del Valle. Apenas vemos el río, se esconde entre la alta hierba, aunque es posible que nuestras miradas estén más atraídas por los picachos y cumbres que nos rodean, por el hermoso valle que se abre ante nosotros, por la infinidad de flores.

 

El regreso lo hacemos por la pista que abandonamos por la mañana, después de haber pasado un hermoso día junto a sus orillas, entre altas retamas que nos han dado muy buena sombra, tal es su tamaño. En la pista el sol cae de lleno.

Pradera del Valle

 

Atravesamos el valle y ahora podemos apreciar la fuerte pendiente que desciende del lago. La hierba esta muy alta, se mezcla con hermosas flores, y algún que otro rosal salpicado.

En medio de la pradera, al pie de las rocas, aparecen de nuevo las cabañas como el punto de más atractivo. Poco a poco nos alejamos de ellas y otra vez la pista nos lleva por camino llano, entre avellanos, fresnos y flores hasta L' Auterio, último barrio del Valle del Ajo, como parece que se llamaba hace años este pueblo, este valle y este lago.

 

 

M.R.B.M.

Julio, 2.004

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