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Desfiladero de las Xanas (Santo Adriano)

Senda horadada en la roca

 

 

El desfiladero de las Xanas es un cañón que ha formado el arroyo de las Xanas o Viescas en los montes de la Sierra del Aramo, a lo largo de unos dos kilómetros, a través de paredes rocosas que a veces llegan a alcanzar los 100 metros de desnivel.

Muy próximo al pueblo de Villanueva, entre Tuñón y Proaza, encontramos un aparcamiento, en el que se señaliza el comienzo de esta ruta-paseo, unos cinco kilómetros ida y vuelta. Subimos unos 300 metros de pista asfaltada para cambiar a un sendero pedregoso que surge a la derecha.

 

 

Arroyo de las Xanas en el Valle Pequeño

 

Comenzamos a ascender y a la vez nos introducimos en el cañón por donde el arroyo corre profundo, oculto en la tupida vegetación de avellanos, tilos, fresnos, madroños, tejos...

A nuestra izquierda el Pico Valle Grande se va aproximando cada vez más a nosotros, a medida que el sendero se introduce en su ladera, horadando la caliza y creando túneles que nos permiten el paso.

A nuestra derecha, comenzamos a contemplar las laderas del Alto de la Habana, que forman la otra pared de este barranco. En principio, el cañón es algo más abierto y nos deja ver las cascadas que el arroyo forma en su tramo final, el Valle Pequeño. A nuestra espalda los rojos tejados del pueblo de Villanueva destacan en el verde intenso que lo inunda todo.

Tunel excavado en la roca

 

La piedra excavada forma una bóveda artificial en una pared natural que pretendía unir los pueblos de Pedrovella, la Rebollada y Dosango con el valle del Trubia.

A veces la verticalidad de la pared no permite abrir el camino, por lo que los túneles también se han hecho necesarios, aunque son cortos y dan paso a tramos más abiertos.

Según subimos, las paredes del desfiladero se van acercando hasta dejar un estrecho paso que parece querer unirse.

Tilos, tejos, avellanos y madroños cuelgan en el vacío mientras intentamos descubrir en el fondo un arroyo poderoso que no se deja ver.

La vegetación es tan espesa que es difícil calcular la profundidad que puede tener, a no ser que miremos a lo lejos y la pendiente por donde hemos subido nos de una idea.

El arroyo se desploma en unos 100 metros de desnivel.

 

En este punto el arroyo salva un desnivel de 100 metros, según mis referencias. Oímos el clamor de una fuerte caída de agua pero es imposible verla en su toitalidad, solo tramos que nos hacen pensar en los barranquistas que también visitan esta zona.

Ahora el barranco se estrecha y comienza a llanear. Estamos entrando en el punto más umbrío.

El camino se convierte en senda húmeda que se aproxima al río. De nuevo encontramos una cascada que se oculta entre los árboles. La contemplamos un momento intentando inmortalizarla con nuestra cámara, pero es imposible. La oscuridad, la distancia, (está demasiado cerca) y los árboles nos lo impiden.

 

 

Helechos en el oscuro sotobosque.

 

A partir de aquí son las hayas las que nos acompañarán principalmente. Es una casi oscuridad. El sol no es capaz de penetrar en este techo de ramas entrelazadas, y los helechos... merecen mención aparte... crecen y crecen... hay un tipo de helecho diferente al que estoy acostumbrada a ver, es de hoja larga, estrecha y lisa. Busca una luz que casi no encuentra. El suelo es un barro resbaladizo que hay que pisar con cuidado.

 

Continuamos la subida cruzando por un pequeño puente. Algo más arriba unas tablas nos ayudan a no quedar atrapados en el barrizal de la húmeda penumbra.

Ahora el sendero baja al antiguo molino para atravesar el arroyo y volver a subir con pronunciada pendiente durante un corto tramo en el que las tablas forman una especie de escalera.

Iglesia de San Antonio

Después un giro y, casi por sorpresa, el hayedo termina. ¿Los "no asturianos" sabéis que significa Xanas? Pues bien, son como una especie de hadas buenas, ninfas rubias, seres mitológicos que forman ovillos de hilo de oro y plata que regalan a los pastores. Pues este arroyo de Xanas, nos regala una imagen difícil de olvidar. Aparece ante nosotros una pradera algo inclinada, que sube repleta de flores de hasta medio metro de altas, a una loma donde la iglesia de Pedroveya se asoma a este desfiladero de encanto.

Desde la iglesia un caserío se distingue a lo lejos, mientras que Pedroveya está cercano pero oculto por la ladera. La senda comienza a descender y se convierte en carretera. Aquí las flores ya no tienen calificativo posible. Es un macizo de margaritas, acianos, arroyuelas... Amarillos, blancos, morados y azules se mezclan con las grandes hojas de helecho que les sirven de fondo.

Pedroveya y pradera

 

El pueblo de Pedroveya es un caserío típico asturiano. Hórreos y casas con balconadas y porches de madera, macetas de flores y un entorno de cumbres verdes... Pero lo siento, tengo que criticar algo. Me ha llamado la atención en mi viaje a Somiedo, el acierto que han tenido limitando la entrada de vehículos en los pueblos. Este de Pedroveya no tiene esa suerte. Los coches ocupan cualquier rincón en donde pueden aparcar, y el pueblo se esconde tras ellos... A pesar de todo, es un encanto de "pueblín".

 

Comemos en un bar realmente "de pueblo" lleno de gente, con un gente encantadora, y una comida como toda la de Asturias, para quitarse el sombrero, y regresamos de nuevo a la pradera y al desfiladero, para descender por lo ya conocido.

Cascada en el Valle Pequeño

 

Llegados al aparcamiento nos enteramos que podemos acercarnos a las cascadas más bajas del arroyo por una pista cómoda que sale junto al bar.

En un escaso cuarto de hora estamos al pie de ellas, son las más pequeñas, y estas sí que puedo guardarlas en mi cámara. Son muy bonitas. El lugar es precioso.

Creo que la idea frustrada de unir estos pueblos por una carretera, ha sido algo que debemos agradecer los amantes de estos paisajes maravillosos.

 

 

M.R.B.M.

Julio 2.004

 

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