Valle de Cabrales

ASIEGU

En las inmediaciones de Arenas de Cabrales, en plenos Picos de Europa, se encuentra una aldeita, Asiegu, con gran sabor a tradición, y a la que unos jóvenes emprendedores han sabido ver sus posibilidades y recursos, adaptados a la modernidad de los días en que vivimos.

Según nos cuentan, mirando con el lógico cariño a su pueblo, se percataron de que era un museo viviente. Así, decidieron enseñarlo a todo el que quisiera visitarlo, en forma de excursión acorde con los gustos de hoy.

Al entrar en el pueblo, nos llama la atención su iglesia románica, pequeña, recogida, con una espadaña destacando sobre todo el conjunto, y en uno de sus laterales, una cruz celta.

 

Balconada de flores

 

El pueblecito es un conjunto de casas típicas entremezcladas con horreos y paneras, unas en piedra otras en madera y otras enfoscadas, pero todas de un marcado tipismo.

Las galerías donde se seca el maíz, bordeadas de balaustradas de maderas, otras cubiertas de flores...

 

 

 

Iglesia

 

Frente a la iglesia encontramos una vieja casa abandonada, con un establo contiguo, en la que un reciente papel pegado a la pared, nos dice que un hijo del pueblo, ahora en otras tierras, ha donado esta propiedad para la creación de una plaza pública, para uso y disfrute del pueblo, y con la condición de que su construcción se adapte al entorno en el que se sitúa. Así se hace cultura...

Empieza la excursión con una exhibición de vacas (aparentemente accidental), en el momento en que estas dejan el establo para ir a ser ordeñadas.

 

Casa donada

Continua visitando una moderna quesería, pero conservando la tradición a la hora de elaborar los quesos, que por cierto, podemos ver colocados en unos estantes, así como un recipiente (no sé que nombre le dan ellos) en el que la leche se bate a determinada

temperatura para poder elaborar el queso. Allí se nos explica cómo se hacía antiguamente. Según parece, aunque ahora se hace de forma industrial, se sigue la tradición artesanal.

De allí nos dirigimos a los alrededores del pueblo. Antes, nos explican cómo se repartía el campo, los pastos, el trabajo en común, a veces por el campesino en solitario, otras con la colaboración de sus convecinos. Cómo las tierras solían ser arrendadas, y cómo cambiaba, según la época, del pastoreo y la elaboración del queso, a la pomarada y la elaboración de la sidra. También nos cuentan cómo antes el ganado pastaba libre, para cambiar a otro tipo de res y convertirse en ganado estabulado, que es como hoy se explota.

 

Las vacas cruzan el pueblo

Los alrededores del pueblo son una escuela viviente. Caminamos por praderas, admirando el magnifico entorno de Los Picos, aunque el día nublado no nos permite ver las cumbres, pero si las laderas cubiertas de verdes prados, a veces con brezos en flor, y arboladas de avellanos y manzanos

Se nos cuenta cómo existen mitos que hay que desterrar, acerca del queso de Cabrales. No debe tener ‘gusanos’ si los hay es un mal estado el queso, y tampoco se fermenta entre estiércol, como alguien ha difundido y hoy es una mala fama y además errónea .Visitamos una de estas cuevas, y en sus cercanías se nos explica el modo de vida de los pastores, cómo, según la época del año, vivían en el pueblo, en la breña o en el invernal.

 

Por la ladera

 

Terminada la excursión por el campo, nos conducen a un lagar. Allí nos esperan unas mesas de madera, un tablero corrido en el que hay un buen número de platos con diferentes muestras de comida típica de la zona. Se nos dan detalles de cómo se hace la sidra y cómo se celebra la primera ‘espita’, en la que todo el pueblo participa y prueban la sidra en sus típicos vasos de boca ancha. El ritual dice que debe ser solo un vaso para todos, hay que beber rápido, antes que el gas que forma al ser escanciada se evapore, dejar el ‘culín’ con el que se ‘lava’ el vaso y se tira al suelo para pasarlo al compañero, que repite la misma operación. Es un ritual que nos muestra un sentido de unión entre vecinos, donde se ha sabido comprender que no podemos vivir solos, que necesitamos el apoyo de los demás y que la mejor forma de ser feliz es vivir en armonía. Comimos los platos con gusto, corrió la sidra y se oyó música tradicional. Todo contribuyó a que al alejarnos de allí sintiéramos admiración por estos jóvenes con gran visión de futuro.

 

JULIO 2002

M.R.B.M.