Peñacorva

 

El Ciño Negro y La Escaleruela

Hoy ha amanecido nublado. No parece que el día se preste a largas caminatas, pero nos resistimos a quedarnos sin salir a nuestro querido Tajo. Decidimos hacer algo que estaba pendiente desde hacía mucho tiempo, conocer la fuente de La Escaleruela.

Para ello nos dirigimos a Zaorejas y tomamos la carretera que nos lleva al Puente de San Pedro. A cinco kilómetros de Zaorejas, y a tres del Puente de San Pedro, sale a la izquierda una pista que se dirige al mirador.

 

Subimos por ella lamentando la oscuridad del día, el cielo cubierto y los cortados casi tapados por unas nubes que intentaban bajar hasta nosotros.

El Tajo desde el mirador

Al comienzo de la subida, la mirada se dirige al saliente de Peñacorva y los montes más lejanos que bordean la pista que se dirige a Villar de Cobeta.

Subimos durante un kilómetro zigzagueando por la pista, entre pinos, gayubas, tomillo y bojes que han teñido sus hojas de colores ocres. Es en este punto donde la pista se desdobla. Tomamos su ramal izquierdo que asciende hasta un mirador.

Se trata de un saliente rocoso, a una altura de 240 metros sobre el Tajo, al que le han colocado unas vallas de madera, muy rústicas, para que podamos admirar el cañón. La vista es impresionante.

El río se desliza entre paredones hasta llegar al Puente de San Pedro donde se reunirá con el Gallo. La mirada se dirige de un punto a otro de los distintos cortados.

Roquedos en el cañón del Ciño Negro

 

Después de contemplar la panorámica, retrocedemos hasta el cruce donde nos separamos para ir al mirador y continuamos bajando por la pista que trajimos al principio. Nuestro destino es llegar al el Barranco del Ciño Negro y el manantial que da lugar a la cascada de la Escaleruela.

Para ello caminamos unos seiscientos metros en cómoda bajada, dejando a la izquierda una primera casa en ruinas hasta encontrar otra en el mismo estado, frente a unas colmenas, y en donde un senderillo casi borrado nos lleva por una vaguada hasta la pista que bordea el arroyo del Ciño Negro.

 

Creí que el Tajo ya me había enseñado la mayor parte de sus rincones, y he de confesar que en este día no esperaba nada especial. Pero me equivoqué. Otra vez el "gran señor" me vuelve a sorprender. Lo que en principio es una simple vaguada se va cerrando y las rocas y salientes aparecen como en tantos otros puntos de esta zona.

Cortados de la Escaleruela

Poco a poco se van haciendo mayores, hasta formar un cañón como el que más se precie de serlo, por cuyo fondo corre el arroyo. Va subterráneo, dejándonos conocer su paso por las piedras que cubren su lecho.

Los pinos, enebros, bojes, tomillos, rosales y espinos están por todas partes.

Ahora el campo tiene color de invierno, pero pronto, a últimos de mayo o junio, cuando la primavera estalla en estos lugares, se cubrirá de las flores blancas de espinos y majuelos, del olor de los rosales y los tomillos, de la hierba fresca que aún ahora tapiza el suelo. Entre ella , si observamos, hay ramilletes de violetas, en flor, sin tener miedo al frío.

Hoy hace frío, hace frío como si estuviéramos en enero.

 

Sumidos en tan agradable paseo, llegamos a un punto en donde encontramos una gran campa rodeada de roquedos. La pista en este punto gira bruscamente a la derecha , y nosotros con ella para descubrir una casa caída y junto a ella la deseada fuente de La Escaleruela.

Manantial de la Escaleruela

 

Es digno de visitar. Un circulo de cristalinas aguas, de un profundo color turquesa, rodeada de plantas acuáticas. Mana con tal fuerza que parece hervir levantando en un punto la arena del fondo.

Es un lugar poco cuidado, pero no degradado. Es salvaje, poco visitado, la hierba crece alta y cuando muere, como ahora, se tumba esperando el año siguiente para brotar de nuevo. Las hojas secas de los árboles se desperdigan por doquier y las ramas caídas están esparcidas sin orden.

Doy vueltas alrededor de la lagunita y quisiera contemplarla más rato, pero mi espíritu inquieto me pide llegar al fin del valle que forma el arroyo. La hierba caída me explica el misterio de la cascada. Cuando las lluvias son muy fuertes o es un año de abundantes nevadas, el agua se concentra en esta explanada tumbando la hierba y abriéndose paso hacia el Tajo. En momentos de gran abundancia, la lagunita será mucho más grande y el arroyo correrá con fuerza creando la hermosa cascada.

Toba formada por la cascada de La Escaleruela

 

A partir de este punto el Ciño Negro aflora y ya no deja de llevar agua hasta que se precipita por la Escaleruela.

Continuamos por un sendero que sale en donde la pista hizo el giro. Se abre paso bajo los roquedos y llega a un lugar en donde el río, en momentos de crecida, ha abierto una "autopista" de hierba y majuelos.

Es amplia, muy amplia, cubierta de majuelos y zarzas. La alta hierba seca está caída por la fuerza de las avenidas. Pero podemos pasar por ella y llegar al borde del precipicio.

Es en estos momentos de gran caudal cuando La Escaleruela se nos presenta impresionante. Llegamos hasta el limite, pero es imposible ver la cascada.

La Escaleruela en días de abundancia

 

 

 

El cortado es tan vertical que tenemos que conformarnos con oír su fuerza. Se trata de un precipicio donde se acumulan los depósitos calizos que arrastran las aguas, formando una gran toba, por donde el Ciño Negro se desliza, se ensancha y cae al vacío .

No vamos a ir a verla. El día está cada vez más oscuro y no nos gusta el color del cielo. Volvemos a Zaorejas, y decidimos acercarnos a un acueducto romano del que tenemos buenas referencias.

 

 

Acueducto Romano

 

Cruzamos el pueblo, llegamos a la Plaza Nueva y desde ella salimos por una pista cubierta de hierba, que nos lleva a través del valle de Fuentelagua hasta el acueducto, al que los lugareños llaman el puente romano.

Está en bastante buen estado, claramente restaurado pero digno de alabanza este hecho que no le ha dejado perder.

Desde él regresamos, ahora si, para tomar el coche y volver a casa, cuando ya la fina lluvia nos ha mojado desde casi el comienzo de nuestro descenso al acueducto.

En la carretera se vuelve más intensa, lo que nos hace pensar en la suerte que hemos tenido al habernos dejado dar nuestro paseo.

Esquema y comentario de ruta

Tomamos la pista que sale a cinco kilómetros de Zaorejas, dirección al Puente de San Pedro, en un punto en que una señal nos indica "mirador". Subimos un kilómetro y nos desviamos a la izquierda para ver el el hundido del Tajo, y los cortados. Si avanzamos algo campo a través a nuestra derecha podemos ver la parte alta del comienzo de la cascada, aunque esta no se puede ver, para ello tenemos que ir por la pista que bordea el Tajo.

Volvemos atrás hasta encontrar la confluencia de las dos pistas, y seguimos bajando por la de nuestra izquierda, la que dejamos para ir a ver el mirador, hasta llegar a unas colmenas que se sitúan a la derecha, y a la izquierda veremos las ruinas de una casa. Frente a la casa hay un pequeño barranco y en el lado opuesto sale un senderillo que nos lleva hasta una pista que bordea el arroyo del Ciño Negro. Cuando la pista acaba, gira unos metros a la derecha para llevarnos a la fuente de la Escaleruela, volvemos a la pista y continuamos por el sendero hasta el borde de los cortados. El regreso es por el mismo camino. Si no encontramos el senderillo que sale frente a la casa, no hay problema porque la pista se cruza con la que baja bordeando el Ciño Negro, lo mismo que a la subida, si no vemos el desvío del sendero, acabamos en la pista que solo tenemos que tomarla a nuestra derecha.

"NOTA--- El esquema es solo orientativo. No es a escala, ni guarda el trazado de la pista
El plano a escala se puede encontrar en la hoja 514-I, escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional"

Distancia aproximada, 8 kilómetros.

 

Abril, 2.004

M.R.B.M.