La Peña de los Cuchillos

 

La Peña de los Cuchillos

La ruta que hemos elegido para hoy arranca de un pequeño pueblo, Buenafuente del Sistal, nacido entorno al monasterio que le da nombre, y desde el que partimos tomando la senda que sirve de Viacrucis, y que nos lleva al punto donde empieza la marcha. Caminamos durante unas dos horas por una pista en muy buen estado, con fuerte pendiente, rodeados en todo momento de pinos, encinas, quejigos y destacando sobre todos ellos, los majuelos.

Ahora están en su mejor momento, han florecido y sus ramas, cuajadas de diminutas flores blancas dan aspecto de que estuvieran nevados. Se van intercalando con los quejigos de tiernas hojas verdes recién brotadas y las duras y grisáceas encinas. El suelo está sembrado de una gran variedad de flores que no puedo identificar, las hay rosas, malvas, moradas, blancas, amarillas, varetas de blancos gamones, está cuajado de ellos, junto al camino, en las praderas... unas abiertas, otras en botones.

 

Bajando hacia el Tajo

 

El olor a majuelos lo impregna todo. Caminamos ligeros, contemplando las rocas que emergen entre el bosque, típicas de la zona, de caprichosas formas, su amarillo anaranjado contrastando con el verde de las laderas. Llegamos a una gran campa, donde el arroyo que nos acompañaba todo el camino se une al Tajo. Es una amplia pradera salpicada de majuelos blancos y a la que sigue una frondosa chopera.

 

Gamón

 

El camino continúa paralelo al río, riquísimo en vegetación, grandes extensiones de prados cuajados de flores malvas de distintos tonos, y el río a nuestra derecha, a veces sereno y silencioso, a veces cantarín saltando por las piedras, su espuma blanca resaltando en el verde esmeralda de sus aguas.

Al fin llegamos a un desvío donde el barranco del Arroyo de los Molinos se une al Tajo, por el que continuamos ascendiendo, después de atravesar un vado hecho con troncos, a modo de escalera tumbada, y sorteando algún que otro escollo.

 

El Tajo

 

Al poco aparece la Peña de los Cuchillos, majestuosa mole rocosa, en forma de pirámide, que parece custodiar la entrada al barranco, y lo logra... solo expertos en escalada y montañeros acostumbrados a altos riesgos se atreven a penetrar en tal salvaje lugar. Nosotros no nos sentimos preparados para tal hazaña. Después de avanzar un trecho la roca se presenta tan lisa y vertical que decidimos volver, no sin antes admirar las pozas con saltos en cascada que forma el arroyo, rodeadas de la más espesa vegetación que podamos imaginar.

El barranco continúa más escarpado aún, sucediéndose las altas moles rocosas y las cascadas y pozas.

Nos alejamos no sin pena del maravilloso lugar, pero hay que ser conscientes de nuestras limitaciones.

 

Pradera con majuelos

 

Volvimos por donde hemos venido. Nos detenemos un rato en una explanada junto al Tajo, donde se ubica un área de recreo con mesas de piedra y fogones, utilizada por los pescadores que visitan la zona. Hace fresco, me tumbo al sol a descansar y no puedo quitar de mi mente las imágenes que acabo de contemplar. El río corre pacífico, la arena de sus orillas no envidia a la que podemos encontrar en la mejor de las playas. Pero hay que continuar. Poco después de atravesar de nuevo la verde campa y subir algo de cuesta, el camino se desvía y poco a poco asciende rodeando el monte por el lado opuesto al que lo hicimos por la mañana. Ahora la flora es más escasa, abunda más el pino y el enebro, pero las vistas son espectaculares. Las rocas atraviesan las verdes laderas formando arcadas que siguen la silueta de la montaña.

A lo lejos la Peña de los Cuchillos me llena de sana envidia por aquellos que son capaces de adentrarse en sus secretos rincones. ¿Que encierra la naturaleza con tanto celo en tan recóndito lugar? A juzgar por lo que habíamos visto debe ser algo maravilloso. Me fui con pena, pero a la vez encantada.

Esquema y comentario de ruta

La ruta comienza en el pueblo de Buenafuente del Siltal. Pasamos bajo un arco que se sitúa junto al Monasterio y continuamos subiendo hasta encontrar un camino que se dirige a un collado. Como referencia, encontramos una casa con jardín en el principio de este camino, el cual bordea un sembrado. Llegados al collado, lo que ocurre en unos diez minutos, seguimos de frente, bajando hasta encontrar una ermita un poco apartada de nuestro camino.

Desde aquí seguiremos bajando junto al cauce de un arroyo hasta llegar a una explanada, en la que de une al Tajo.

Continuamos por la margen izquierda del Tajo primero por pista y luego por sendero en el que a veces habrá que subir a media ladera y sobrepasar alguna zona rocosa. Llegamos a un lugar en el que un barranco se une al Tajo, estamos en el Barranco de del arroyo de los Molinos, por el que subiremos un corto tramo hasta llegar a la Peña. Para llegar a la Peña debemos cruzar el arroyo al poco de empezar a subir, hay que buscar como, nosotros encontramos una especie de escalera tumbada que se supone que está puesta allí con este fín. (Llegados a la Peña, los más atrevidos y preparados pueden atravesarla y después de hacerlo continuar por el barranco hasta llegar al pueblo. Es una zona escabrosa y salvaje, de difíciles pasos que solo los expertos deben acometer.)

Nosotros, los excursionistas normales, volveremos por el mismo camino hasta llegar a una pista que por nuestra derecha se une a la que trajimos, algo mas abajo de la ermita, y mas arriba de la explanada en donde encontramos el Tajo. Es muy visible, cruza el arroyo por un puente, y asciende dando la impresión que vamos a ir a parar otra vez al Tajo, pero en poco rato comienza a girar a nuestra izquierda y subir, para acabar junto al pueblo en el collado donde comenzamos la ruta.

NOTA---- El esquema es solo orientativo. No es a escala, ni guarda el trazado de la pista.

No se da esquema de la ruta debido a que no encierra ninguna dificultad en el trazado.

El plano a escala de la ruta se puede encontrar en la hoja 513.II, cuadrículas 564-517, escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.

27 mayo 2.002

M.R.B.M.