Paredes en la Rambla

El Arroyo de los Huecos

 

En lo más escondido del Alto Tajo, a 27 kmts. de la ciudad de Orea, encontramos uno de los parajes más sorprendentes de la zona. Le llaman de varias formas, La Rambla Malilla, debido según parece a lo traicionero de sus aguas en momentos de crecida, tengamos en cuenta que el agua va siempre subterránea, salvo en días de fuertes lluvias en los que aflora, llegando a arrastrar ganados y ganaderos, según cuentan las gentes del lugar.

 

Picachos junto al puente


Otro nombre, quizás por deformación del anterior o por el color de sus rocas y terreno, es el de La Rambla Amarilla, por el que la gente se inclina menos, dicen que es falso, que el bueno es el anterior. Y por último el de Arroyo de los Huecos, este de muy claro origen, debido a la cantidad de rocas huecas que encontramos en su recorrido, y que es además el nombre del arroyo que forma tan sorprendente paraje. Yo me inclino por el primero, pues es bien acertado y bien malilla que es la andadura por sus grandes rocas y su lecho seco y escabroso.

 

Nos dirigimos a la ciudad de Orea y desde allí, en coche, hasta la carretera que conduce al Camping de la citada localidad, y algo antes de llegar a él tomamos una bifurcación que encontramos a la derecha. El mal estado de la carretera nos confirma que no nos hemos equivocado, y avanzamos por penoso firme atravesando primero un pinar, y mas tarde preciosas praderas, en las que aparece el fantasma de un antiguo caserío, Villanueva de las Tres Fuentes. Se sitúan sus ruinas en una vaguada, verde de fresca hierba, desprovista de arbolado, pero rodeada de suaves laderas que enseguida se pierden en un nuevo pinar por el que, al poco rato, llegamos a un puente pequeño, sobre las aguas del Arroyo de los Huecos, y lugar de comienzo de nuestra ruta. Es en esta preciosa explanada donde aparcamos el coche, dándole un respiro en su maltrecho viaje, y comenzamos nuestro caminar por la orilla derecha del arroyo, después de atravesar el cauce por el rústico puente. LLegados a este punto aparecen las rocas puntiagudas y los amplios horizontes se estrechan poco a poco para convertirse en angostura.

La Rambla

 

El Arroyo de los Huecos corre pequeño aún, y poco a poco se va secando. Acaba por esconderse totalmente, dejando un lecho pedregoso, que cada vez va tomando mayor tamaño, así como las rocas de sus orillas llegando a formar uno de los más profundos y estrechos barrancos que podemos encontrar en esta zona. A veces solo alcanza unos 6 metros de anchura o quizás algo menos, contrastando con la altura que podríamos comparar en determinados casos con edificios de cuatro plantas.

Al principio las piedras se mezclan con los matorrales de la zona, sobre todo zarzas y rosales en las orillas del lecho del arroyo, pinos y sabinas en las laderas, y algún que otro charco que acaba por desaparecer.

El paso es estrecho, no hay senda y tenemos que caminar por las piedras, a veces de un tamaño considerable, incluso dar algún que otro salto, esto hace el caminar lento y costoso, más aún si pensamos que no podemos dejar de mirar hacia arriba, para ver el espectáculo de los cortados, y al mismo tiempo hacia abajo para no caernos

Al cabo de una media hora, empezamos a oír correr agua sin poder verla, esta a punto de aflorar. El barranco se abre, las grandes rocas empiezan a desaparecer y nos vemos rodeados de pinos y de un incipiente río que salta entre las piedras, transparente como el cristal, y en un instante caudaloso hasta el punto de tener que buscar como vadearlo. La dificultad está en que cuando aflora lo hace entre dos grandes rocas a las que no tenemos acceso, y cuando podemos llegar al lecho ya es lo suficientemente profundo como para tener que buscar piedras que nos ayuden a cruzarlo.

Cuando esto ocurre, entramos en un denso pinar por el que caminamos unos dos minutos. El pinar desaparece casi de repente y se abre una verde explanada, rodeada de montes en los que los picachos rocosos emergen entre los pinos.

 

Junta del Tajo y Arroyo de los Huecos

 

Justo en las juntas, se abre un gran meandro, el agua verde como es la del Tajo siempre, cristalina, brillando con los reflejos del sol. Es un lugar totalmente salvaje, sereno, puro, olvidado de todos, menos de los pastores que llevan por allí sus ganados.

Descansamos un rato, sin poder dejar de admirar la belleza de este Tajo sorprendente, y emprendemos el retorno por el mismo camino que vinimos, volviendo a contemplar las altas paredes de roca, a veces lisas y otras de afilados bordes, según el capricho de las aguas.

El regreso en coche lo hacemos por otro camino diferente. Para ello tomamos la pista asfaltada que dejamos por la de tierra y continuamos en sentido contrario al que trajimos, para acabar, sin dejarla por ningún desvío, en otra de mejor firme que nos lleva a la zona donde nace el Tajo junto a su monumento, continuando desde allí a Tragacete.

 

 

Esquema y comentario de ruta

La ruta en sí, no tiene dificultad alguna, dado que sale del puente sobre el arroyo, por la margen derecha, y lo sigue por donde el caminante considere más cómodo, a veces por senderos de las orillas y otras por el mismo lecho generalmente seco. Salen senderillos que hay que ir buscando, para que el caminar sea menos incómodo.

Una vez superada la angostura y cuando el arroyo hace su aparición, nuestros pasos nos habrán situado a su izquierda, y deberemos buscar como vadearlo. Entraremos por un corto espacio de tiempo en un pinar y acabaremos en el lugar donde el arroyo desemboca en el Tajo.

El regreso se hará por el mismo sitio, salvo si decidimos subir por la parte alta del cortado, para lo cual tomaremos un empinado sendero que en fuerte subida y bajada nos evita pasar por las piedras. No es aconsejable ir por el las dos veces pues perderíamos lo espectacular de la ruta.

LA DIFICULTAD ESTÁ EN LA APROXIMACIÓN EN COCHE

Deberemos acercarnos a Orea, y de allí tomar la carretera que se dirige al Camping. Antes de llegar a él, tomamos una bifurcación a la derecha, la cual se encuentra en pésimo estado, a no ser que haya sido mejorada recientemente, ( en el esquema en negro, se marca en rojo cuando dejamos de seguirla)

Llegamos a una vaguada en la que encontramos unas casas en ruinas, Villanueva de las Tres Fuentes, y poco más adelante una bifurcación a la izquierda, que no tomamos, otra a la derecha que sube a una torre de vigilancia, y frente a ella otra a la izquierda, que ignoraremos. Encontraremos aún otra a la derecha, que se dirige a Checa, que tampoco tomaremos, hasta encontrar un lugar en el que la pista que llevamos se bifurca en dos, debiendo tomar el desvío a la derecha. La pista comienza a descender y se introduce en un pinar, dirigiéndose hacia la derecha tras realizar una curva. No dejar esta pista que a través de pinares nos lleva al puente del Arroyo de los Huecos.

NOTA---- El esquema es solo orientativo. No es a escala, ni guarda el trazado de la pista.

No se da esquema de la ruta debido a que no encierra ninguna dificultad en el trazado.

El plano a escala de la ruta se puede encontrar en las hojas 564-II, (la de la ruta), y en la 565-I, (la de aproximación en coche) escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JULIO 2001

M.R.B.M.