Madroños en Ocentejo

Ocentejo - Salinas de la Inesperada - Barranco del Berrocal - Ocentejo

Desde hace algún tiempo sabemos que la ruta del Hundido de Armallones y la del Pico Alar, se pueden unir y hacer una circular. Hasta ahora no había sido posible hacerlo, pero ese gusanillo estaba dentro, llamándonos de vez en cuando.

Hace unas semanas volvimos al Pico Alar y los cortados de La Rocha, más conocidos en los alrededores como Las Buitreras. De nuevo el deseo de intentar hacer esta ruta circular, se alojó en nuestra mente.

No era nuestra intención realizar esta ruta, de nuevo tropezamos con los días cortos del otoño, ya casi invierno, en los que a las seis de la tarde es casi de noche. Ha amanecido con una densa niebla que nos ha acompañado hasta muy próximos a Ocentejo. Teníamos serias dudas de poder hacer algo, pero el día por fin ha abierto. Nos encaminamos al Hundido con la intención de alargar algo la caminata y descubrir el sendero que sube al derruido almacén de las salinas. No llevamos un plan fijo, depende de lo que encontremos. Sabemos que la subida es fuerte unos 300 metros de desnivel en kilómetro y medio aproximadamente. Pero estamos decididos a llegar al almacén e investigar los alrededores, es una cuestión de amor propio.

 

Las Buitreras, vistas desde el Hundido

 

Comenzamos a caminar con paso ligero, junto al río. Hoy está en sombra, el sol bajo casi se oculta detrás de los montes que configuran el Hundido. Vuelvo la vista atrás y me deleito con los cortados de La Rocha. Están inundados de sol, aunque hoy los buitres no revolotean sobre ellos. Tampoco vemos la cascada de los Ojos de la Cárquima, hay que esperar a la primavera para poder verla. Pero el camino es tan agradable como siempre, y en casi hora y media hemos llegado a las Salinas.

 

 

Ahora es donde comienza realmente nuestra aventura de hoy. Al pasar por Sacecorbo, hemos hecho un alto para tomar un café en un bar de la carretera. Ya conocemos a su dueño, casi siempre paramos allí, y casi siempre también son las mismas personas las que encontramos apoyadas en la barra. Generalmente cazadores y lugareños que comentan cosas del campo, y como se presenta el día.

La Hoz del Tajo, desde la subida al almacén

Al calor de una estufa de hierro, de esas que solo podemos encontrar por los pueblos, sentados alrededor de una mesa y acompañados de un señor del pueblo, este nos comenta que conoce muy bien la zona. Debido a su trabajo la ha recorrido con bastante frecuencia, aunque ya hace tiempo que no lo hace. Nos ha dado indicaciones de como hacer el camino, según él hasta el almacén podemos hacerlo bien, la senda está marcada. Pero más adelante, donde nace la pista que nos debe llevar al encuentro con la que se dirige al Alar, eso ya es otra cuestión. Él cree que debe estar en mal estado por la falta de uso. Pero hay que verla.

 

Muy decididos comenzamos a ascender por el senderillo donde aparece un hito al comienzo. Atrás dejamos otros dos que, a nuestra derecha, por la llanura de la orilla del río, se dirigen hacia la desembocadura del Ablanquejo.

Las Lastras

El nuestro es el que sube, el peor marcado, el empinado y lleno de piedras que parece decirnos ¡no te metas!. Hacemos el primer giro de los muchos que tiene este sendero y se nos pasa el miedo, ahora no es tan empinado y parece que tiene buen trazado. En efecto, zigzaguea y sube más o menos cómodo, entre pinos, probablemente de repoblación, que se mezclan con los autóctonos enebros, sabinas y carrascas. Estamos subiendo por la Loma del Carrascal, de ahí que piense que este era el árbol más abundante antes de esta fiebre que nos dio por plantar pinos. Es un camino precioso. Los romeros y tomillos cubren el sotobosque, y en los claros, a lo lejos vemos el tajo que forma el río. Frente a nosotros, a la derecha, los farallones de Las Lastras, a lo lejos, los otros que bordean la pista que une Huertapelayo con Armallones, y a la izquierda, El Salobral, frente a las salinas.

Poco a poco vamos ascendiendo, tan cómodos que no apreciamos que la subida es fuerte. Casi arriba, a nuestra izquierda, miramos al fondo y podemos ver la casa de las salinas y el Tajo allá a lo lejos. Está precioso, el sol de otoño está tan bajo que lo ilumina casi de "refilón". Le da un color especial, como si fuera una cinta plateada a la que no puedes mirar mucho. La luz es muy fuerte, tanto, que acabo por deslumbrarme, el sol se cuela por los laterales de las gafas, y me hace daño. Tengo que recurrir a la visera de la gorra para protegerme.

 

Vista de la casa de las Salinas y el Tajo

 

Ya, por fin, el almacén se asoma casi por sorpresa. Es un caserón con puerta de madera. Sus muros aún se mantienen en pie, cosa que no le ocurre a su tejado, que no ha resistido el paso de los años. A través de las rendijas de la puerta, se dejan ver algún mueble y utensilios abandonados. Frente a ella sale una pista que se dirige a una casa de nueva construcción. La tomamos y vemos que se trata de un palomar. Es esta la pista que hay que seguir para hacer la ruta circular. Nos alegramos de su buen estado y decidimos realizar el recorrido completo. Es una pista ancha, y parece muy transitada. Discurre por un pinar, ahora es lo que más abunda. El caminar es muy cómodo. A nuestra derecha se bifurca y se dirige a un monte curiosamente alargado y plano, el llamado Otero de Canales, detrás del cual sabemos que se encuentra Canales del Ducado. Encontramos marcas del GR10, y nos alegra. Pero no tardan mucho en desaparecer, a pesar de que sabemos que el resto del recorrido, hasta Ocentejo, forma parte de este GR.

Estamos en terreno conocido, y nos sentimos muy bien. Seguimos por la pista hasta que se vuelve a dividir tomando nosotros el ramal de la izquierda. En no mucho rato llegamos a la zona donde sabemos que hay una vaguada con unas majadas. Deseo ver esas casitas de tejados rojos, que son las que me indicarán donde está el sendero que nos llevará a la pista del pico Alar.

Pero mis esperanzas se van a ver frustradas. De pronto la pista se ve interrumpida por un campo de siembra arado recientemente. No tengo ninguna duda, este es el camino, hace unos meses estuvimos aquí, en esta pista, de hecho figura en los planos del topográfico. Es el campesino quien la ha invadido. Unas rodadas lo atraviesan por un lateral y nosotros hacemos lo mismo, y allí aparecen las majadas. Este campo les está cortando el acceso.

Antiguo almacén de las salinas

 

Pienso que es uno de los muchos problemas en los que chocan los intereses de los campesinos y la administración y que la desaparición de las marcas del GR10 puede tener algo que ver con esto. Si fuera terreno privado no figuraría la pista en el mapa del topográfico, y me siento mal, no solo por los que vamos a caminar sino también por ese pastor con el que hablamos la otra vez, y que tiene más allá de este campo su majada.

 

Con las botas cargadas de barro, llegamos a la primera paridera y giramos a la derecha. De nuevo otro campo de labor ha cegado el sendero que se dirige a la ladera que debemos tomar. Me siento mal. ¿Hasta qué punto se puede hacer esto? No entiendo de leyes, pero me parece que no tienen derecho a cegar caminos y senderos. Bordeándolo con cierta dificultad llegamos al punto donde desemboca una barranquera y la tomamos, el sendero sale de ella.

Comenzamos a subir, y nos cuesta encontrar el abandonado camino. Por fin, tras fuerte subida, alcanzamos la loma donde está la pista, y... de nuevo otro campo de labor nos corta el paso. Lo atravesamos como los anteriores y llegamos a unas rodadas que realmente salen a la pista, justo donde termina el sendero que sube del Barranco del Berrocal, comienzo de la ruta del Pico Alar.

 

Bajada desde el pico Alar

Se nos ha hecho algo tarde, son las cinco, nos queda una hora de luz, y continuar hasta los cortados nos parece mucho. Decidimos bajar por el Berrocal. La imagen es diferente de la que nos ofrece en la subida, me alegro de verlo de otro modo.

Llegamos a Ocentejo cuando el sol está casi escondido en las líneas de los cerros. Tomamos rápidamente un café en el pequeño bar y cuando salimos el sol ya se ha ocultado del todo. Solo queda la luz del crepúsculo, por lo que creo que hemos hecho bien en acortar la ruta. Si hubiéramos continuado hasta los cortados, no la habríamos alargado en exceso, pero la bajada, desde la campa que hay junto al Alar, es muy empinada, está muy oculta entre el pinar y tiene un paso entre las rocas que si lo tomamos sin luz puede presentar problemas. Ya sabéis, ante todo prudencia. Pero hemos logrado nuestro objetivo, ya sabemos como hacer la ruta circular...

Diciembre, 2004

M.R.B.M