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El Cerro de San CristóbalPara realizar esta ruta, nos dirigimos hasta el pueblo de Orea y de allí al Camping de esta localidad, donde aparcamos el coche en una verde pradera rodeada de pinos silvestres que llenan el ambiente de su olor característico. Emprendemos la marcha por una pista asfaltada que se abre paso entre ellos junto al conocido río de La Hoz Seca, aquí muy próximo a su nacimiento, y bastante caudaloso a pesar de su juventud, cristalino y juguetón, saltando entre las piedras.
Al cabo de una media hora, el camino gira a la izquierda y empieza la subida. Ya no hay asfalto, cosa que se agradece, y entre los claros de los pinos podemos contemplar el amplio paisaje de la Sierra del Tremedal.
La subida no es dura, siempre entre pinos, con algunos macizos de jara, que aún no han florecido y cuando estas no están, verdes praderas, a veces algunas pedreras y siempre el olor a pino recién mojado por las lluvias de los pasados días. Según vamos subiendo aparecen rodales de nieve cubriendo la hierba tierna, y un vientecito frío que nos corta la cara. Estamos llegando al Cerro de San Cristóbal, de unos 1.860 mts. de altitud. Estamos en el Collado de los Santos, donde sopla el viento por los cuatro costados y hace frío... a la derecha La Peña de la Gallina, y a la izquierda la subida al cerro.
El collado es una extensa pradera, verde, limpia, amplia, subimos a unas peñas cercanas y podemos ver todo el valle, a lo lejos Peralejo de las Truchas, y a nuestra derecha la cumbre. A ella nos dirigimos, para poder ver más amplio aún el horizonte, ahora podemos también ver Orea y Orihuela del Tremedal, y en una cumbre frente a nosotros la ermita de la Virgen del Tremedal, solitaria en la ladera de la montaña.
Descendemos un poco y llegamos a la ermita de San Cristóbal, que en cuanto a edificación no tiene nada de especial pero si el entorno en el que se sitúa, amplios horizontes, verdes colinas y rocas salpicadas entre sabinas, zarzas y rosales, y grandes rodales de nieve. Emprendemos el regreso. Volvemos al Collado de los Santos y desde allí empezamos a bajar por una cómoda pista de tierra, siempre rodeados de pinos y ahora con espinos en flor entre ellos. La bajada es muy rápida, y llegados a Orea, emprendemos el regreso en coche atravesando la montaña por la orilla del río Cabrillas, por una carretera en obras pero transitable, que nos permite ver otra vez los cantiles y las extrañas formaciones de las cercanías de Checa y Chequilla.
4 de mayo 2.002 M.R.B.M |