El Puente de Tagüenza
En uno de los escondidos lugares que encierra El Tajo, encontramos un curioso puente, lleno de ingenua belleza, construido en la roca viva por los lugareños para comunicar ambas orillas del río y así poder viajar acortando el trayecto.
Es un puente pequeño pero elegante. La gran altura de las rocas sobre las que se asienta le hace parecer esbelto, en medio de una zona semisalvaje, a la que acudimos los que deseamos paz y contacto con la naturaleza . Cuando nos aproximamos a Huertahernando, este aparece en medio de un mar de niebla que le hace irreconocible, su iglesia destaca en medio de ella, subida a una loma, dando la bienvenida. Poco a poco comienza a lucir el sol y empezamos a caminar por una cómoda senda, a media ladera, a través de un frondoso pinar, en el que de vez en cuando se yerguen grandes rocas, de las que tanto abundan en esta zona.El suelo está sembrado de setas multicolores, no sé distinguirlas pero me parecen preciosas.
Ha llovido estos días y al caminar parece que pisáramos una húmeda y mullida alfombra. Los pinos, de un verde limpio, cubren las laderas. No faltan los arbustos de la zona en la que nos encontramos, rosales, ahora sin hojas, y bojes verdes como los pinos, y las gayubas cambiando el tono de sus hojas por un rojizo brillante. A medida que nos aproximamos al Tajo, la vista es más y más gratificante. En esta época de otoño en la que hemos realizado esta ruta, los chopos consiguen un colorido encantador. Los dorados, de un amarillo radiante, contrastan con el verde de los pinos. A lo lejos el río corre en un profundo cañón hacia las inmediaciones del Hundido de Armallones, una de las zonas más espectaculares del Alto Tajo.
Cuando llegamos al puente encontramos una gran explanada verde atravesada por el barranco, una herida profunda de rocosas y suaves paredes, alisadas por el discurrir de las aguas, hoy revueltas por la tormenta de la pasada noche, por la que corre el río con fuerza. Atravesamos el puente y nos introducimos en una ladera tupida de pinos, desde donde vemos el río encañonado, bajo bóvedas de piedra. Desde aquí a Huertapelayo no hay mucho trayecto, pero tenemos nuestro coche en Huertahernando, y debemos regresar por el mismo camino. Descansamos un rato bajo los pinos, contemplando las negras bayas de los rosales y los guillomos, el amarillo de los chopos, el pardo de los arbustos, el verde de los pinos, el color del otoño...
El recodo en el que se ha asentado el puente es una profunda roca, insalvable a no ser por este puente pequeño en tamaño y grande en utilidad, y sobre todo precioso. Su reflejo en el agua atrae la atención de quienes lo visitamos, no se puede dejar de admirar, inspira paz, sosiego Regresamos , observando de nuevo las blancas setas, y otras no tan blancas, rojas preciosas, pero ya sabemos que significa ese precioso color y nos limitamos a mirarlas. De vuelta, por la carretera volvemos la vista atrás y vemos la silueta de la iglesia de Huertahernando destacarse en el horizonte. Es una preciosa imagen.
Noviembre, 2.002 M.R.B.M. |