Subida a la Mira desde la Plataforma
La ruta que hacemos hoy no es la forma más habitual
de subir a La Mira. Dejamos para los más entrenados la fuerte subida
desde la base de la Garganta de los Galayos, donde hay que superar más
de 1.200 metros de desnivel, no es que no lo desee, pero esta se adapta
más a mi forma física.
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El grupo al comienzo de la ruta
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Comenzamos en la Plataforma, hace muy poco estuve en ella,
con frío, nieve y un gentío abrumador. Hoy el día
está precioso, sol, buena temperatura, y, aunque hay gente, no
es comparable con el 2 de mayo.
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Praderas en el Arroyo de Prado Puerto
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El comienzo de la subida es un aténtico placer.
Las praderas están en todo su explendor. Los arroyos corren con
fuerza, forman saltos, pozas cristlinas, murmullos que quedan en el recuerdo
para el resto de la semana. Pisamos un suelo empapado en agua de la nieve
que se acaba de derretir. Necesitamos esa humedad. Principalmente quienes
estamos todo el día pisando el seco asfalto.
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Chorreras del arroyo de Prado Puerto
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Vamos cómodos, disfrutando de la suave pendiente
que nos lleva a un lugar en donde hace unos años se produjo un
incendio. Dejamos a nuestra derecha la subida al Puerto de Candeleda,
de este modo acortamos kilómetros, y nos dirigimos a buscar el
PR por esta cuesta llena de esqueletos de retamas o piornos, puede que
sea más bien esto último por la altitud (no los distingo,
solo la altura me inclina a pensar que sean unos u otros)
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Cordal del Circo de Gredos.
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Llegamos al cordal que forma el Circo, a la zona de los
Campanarios, en donde las vistas son magnificas.Comenzamos a la derecha
con Cabeza Nevada, que da comienzo al cordal que nos oculta la garganta
donde se encuentran las Cinco Lagunas. Destaca por su belleza el pico
de La Galana, segunda cumbre de Gredos, 2.564m. No se aprecia bien en
la foto. Pero el ojo, que ve más, la compara con un ave extendiendo
sus alas. El Ameal de Pablo, 2.489 m, con una forma inconfundible, como
los ameales campesinos, y y más al este el cuchillar de Ballesteros
y por fin el Almanzor, cumbre emblemática, deseada por todos los
montañeros que pisamos estos lugares, Casi 2.600 metros, exactamente
2.592, de canchales, gargantas, portillas que me dicen que sea sensata
y lo mire desde lejos. ¡Pero que envidia!
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Descanso a la vista del cuchillar que forman
la Peñas del Chocarron
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Ahora el camino es llano y nos lleva a un canchal donde
comienzan las vistas de las piedras duras, las laderas agresivas, antesala
del Cuchillar de Galayos. Es el cordal que arranca en La Mira y sigue
con las Peñas del Chocarron y El Raso. Remata la cumbre del Cabezo
del Cervunal dibujando formas en el cielo. La garganta al fondo. Y las
cabras que cruzan a nuestro paso, a unos metros de nosotros, veloces,
curiosas, nos miran y saltan de piedra en piedra. ¡Quien fuera como
ellas!
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La Mira ( a la izquierda) y los riscos que se
desprenden de ella (Peñas del Chocarrón)
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Por las pedreras de Molederas subimos a alcanzar un camino
precioso, llano, mullido, casi pantanoso por el deshielo. De nuevo vemos
las cumbres del Circo, comienza la nieve, los arroyos cumbreros que serpentean
buscando como bajr todos reunidos y formar uno solo. Durante un rato de
llaneo y disfrute total, comenzamos a subir por la nieve que aún
queda en la cara norte de La Mira. Es todo luz, en el cielo y en el suelo.
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Camino de La Mira
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Camino despacio. Muy centrada en mi esfuerzo. Hoy voy
bastante bien. Me sorprende, y sigo pensando en el ritmo. Uno dos, uno
dos. Tengo que superar mis complejos. Tengo que subir mejor. Y de pronto,
aún dentro del grupo, tras un recodo aparece el torreón
de vigilancia que cumbrea La Mira. ¡Ya está! No puedo creerlo.
Ya estamos arriba. ¡Uff! Ha sido mejor de lo que esperaba...
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Cumbre de la Mira
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Pienso que la subida no ha sido dura. Los metros de desnivel
a salvar han sido cómodos, estirados en bastante distancia. Eso
es lo que me ha hecho subir bien.
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En el torreón de la cumbre
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No puedo creer que estemos aquí. Para mi este lugar
es un mito. El el lugar en donde todos venían y yo lo soñaba.
¡Tantos años deseando venir a Gredos! y por fin, cuando menos
lo esperaba, dos veces en un mes... He quitado mi espinita. He visto el
Almanzor desde la base, la Laguna Grande, aunque helada, y hoy, por fin,
a mis pies ¡el Galayar!
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Los Galayos
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En la cumbre hacemos el descanso para reponer fuerzas.
Una media hora aproximadamente. La Garganta de Los Galayos se esconde
detrás de ese cúmulo de piedras. Y yo aquí, comiendo...
No puede ser. Como en cinco minutos, más bien engullo algo, abandono
el grupo y me dirijo al borde. Allí puedo ver los riscos desde
otro ángulo.
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Los Galayos. Al fondo Arenas de San Pedro
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La vista desde donde puedo aproximarme no es tan buena
como deseaba. Lo que parece estar ahí, está más allá,
y más. Bajando por la pedrera. No puedo continuar, me separaría
demasiado del grupo. Pero las cumbres me sorprenden. A la izquierda, el
Gran Galayo, a la derecha, el Torreón y tras él la Aguja
Negra, o al menos eso creo. Recuerdos de otros tiempo, cuando los oía
nombrar casi a diario. Vias de escalada, anécdotas, mil historias,
mil fotos, mil pasos de distinta dificultad. Todos están ahí.
Y sobre todo, encierran algo muy personal, que solo sirve para mi, mi
juventud en un nombre, el de mi club, Galayos. Esta ruta es especial.
Este final es especial.
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Final de la cuerda del Galayar
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Emprendemos el regreso. Bajamos de la cumbre y, formando
una V con el camino de subida, nos encaminamos a la garganta de Los Conventos.
Por esta garganta discurre el PR3.
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Comenzando a bajar
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La bajada es bastante empinada y pedregosa. No podemos
bajar la guardia. El camino no existe como tal, es un paso entre piedras,
un serpenteo de va y ven, evita la piedra, evita el agujero, evita el
matojo que lo esconde...
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Saltos del arroyo
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La hierba aún está quemada por la niev,
pero despunta anunciando la primavera. Corren los arroyos formando saltos.
Por sin los malos pasos del comienzo se acaban y comenzamos a sifrutar
de las vistas. A lo lejos, las primeras cascadas aparecen, escurriéndose
por el canchal que baja de la cuerda.
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Primeras casacadas
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Nos aproximamos a la garganta atravesando una preciosa
pradera poblada de ranúnculos. Ya en su borde podemos disfrutar
de sus saltos y pozas a nuestros pies.
El tramo de los saltos no es largo, pero nos lleva tiempo
atravesarlo, no es difícil, pero nos detiene. ¿Quien no
se detiene ante esta belleza? Son muchas, a cual más bonita.
Pero la ruta es larga. No podemos quedarnos más.
Hay que continuar camino. El camino que no nos va a dejar bajar la guardia
ni un solo momento. A veces son llambrías mojadas, en las que hay
que cuidar de nos resvalar, otras son los piornos, los matojos huecos,
agujeros imprevistos que nos hacen meter el pié en donde no debemos...
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Las piedras parecen llevar hierro debido a su
color
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Atravesamos la garganta por un vado muy crecido, es el
momento de mayor caudal. Un par de veces. Ambas con salto incluido. Al
fin, llegamos a un camino llano, pedregoso, pero cómodo. Indica
el final de nuestra ruta. Superamos una casa y comienza una pista que
nos lleva en unos minutos a la carretera. Hemos comcluído el día.
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Uno de los vados
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¡Si no fuera tan cobarde... subiría por la
Garganta de los Galayos!
JUNIO 2.008
M.R.B.M.
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