Ojo Guareña (Burgos) Nuestro último día en Las Merindades, va a ser un corto paseo por un lugar muy conocido, Ojo Guareña. Se trata de uno de esos fenómenos caprichosos de la naturaleza en donde el río se introduce en la tierra, al revés de lo que estamos acostumbrados a ver.
Lo habitual es sentirnos atraídos por los nacimientos de los ríos o las surgencias de manantiales mas o menos espectaculares. En este caso el fenómeno es el contrario, veremos como el río se introduce en la tierra. Pero de nuevo la sequía le resta atractivo. ¡Vaya! está claro que hay que volver en primavera...
A pesar de que el agua no sea precisamente la protagonista de esta excursión, no sería justo descalificarla. Para ello está la ermita de San Bernabé y San Tirso, que por sí sola ya merece la pena acercarse al lugar. Pero para entender lo que vamos a ver, debemos pensar en la labor que durante siglos ha ido realizando el río en la caliza de la zona.
Cuando al río Guareña se le antojó introducirse en la tierra, saltando entre piedras, sauces y avellanos, lo hizo a conciencia... No se conformó con formar un pasadizo y surgir al extremo opuesto donde se le apeteciera. No, se dedicó a horadar una cueva, y cuando lo acabó, se introdujo mas profundo aún y no conforme lo repitió, con lo que nos encontramos con tres niveles de cueva superpuestos.
No es una cueva espectacular en cuanto a estalactitas y estalagmitas, como sería lo normal. Su principal atractivo, desde mi punto de vista, es el uso que se hizo de ella. Allí encontramos oquedades abiertas a modo de tinajas, en donde se guardaba el grano para conservarlo durante el invierno. Tapado debidamente, permanecía intacto hasta la cosecha siguiente. Por lo tanto este capricho del Guareña, ha resultado de lo más útil.
Y al final, como custodiando el tesoro, una ermita, dedicada a ambos santos, con pinturas policromadas, románica en su estilo, si no recuerdo mal, en donde las pinturas y los escritos nos cuentan historias de los pobladores de la zona, tan curiosas como aquella de la lechera, que al caer pidió a los santos por su carga, quedando las cántaras intactas, pero ella... perdió la vida.
En cuanto al paisaje, es un cortado calizo, alto, vertical, en cuyo fondo el río se abre paso entre la profusa vegetación de ribera que en esta época se viste de color de otoño. Octubre 2.006 M.R.B.M.
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