Intento de subir al Pico Liguarde -Cantabria-

 

Pico Liguarde y collado Rumaceo

El Pico Liguarde se sitúa al sur de Cantabria. Es un rinconcito del Parque Natural Saja - Besaya. Muy cerca del Cueto Cordel. Este último supera los 2.000 metros, lo que hace que nuestro Liguarde quede rezagado por menos de 100. (2.040 el primero, 1.974 el segundo) Pero desde mi punto de vista, esto no le resta atractivo. Su ubicación en lo que podríamos decir un perímetro montañoso que forma el circo donde nace el Ebro es ya suficiente atractivo. En esta ruta de hoy, al igual que las otras dos que realizamos este puente de San José, tienen como meta principal las magnificas panorámicas que desde estos picos se contemplan. Nuestra intención es coronar este pico y poder contemplar desde él ambas vertientes, la Norte, por la que corre el Besaya, y la sur-este por donde corre el recién nacido Ebro.

Praderas de Proaño

Comenzamos a caminar en el pueblecito de Abiada, después de acercarnos a ver el esqueleto de la cajiga, nombre cántabro dado a una especie de roble, o quejigo. Para ello atravesamos una enlodada pista, saltamos una valla de piedra y alambre espinoso y nos situamos en otra pista más ancha y conservada por la que retornaremos una vez visto el centenario árbol, para continuar la ruta propiamente dicha. El primer tramo, es un recorrido de una hora aproximadamente por camino bien trazado, atravesando praderas herbosas y mullidas, con el Cueto Ropero a nuestra izquierda, (este es otro nombre por el que se conoce al Liguardi).

Es un paseo cómodo, relajado, que invita a respirar hondo, a querer conservar en el recuerdo las verdes praderas, los tejados rojos, los horizontes ondulados, los caballos que pastan serenos, el cielo azul que nos ha regalado este día... y al fondo a la izquierda, siempre el pico nevado del Liguardi.

Primeras imágenes del Pico Liguarde

Atravesamos tres pueblos pequeños, blancos, tranquilos: Hoz de Abiada, Villar y Proaño. Debo confesaros que al llegar a este último, empezaba a cansarme de esta monotonía que por otra parte me inundaba plenamente. Pero ansiaba comenzar a subir. Es ese deseo de llegar a la cima el que me inquietaba en un paseo que en cualquier otro momento habría sido el mayor de los placeres.

Por fin, tras una parada en Proaño, comenzamos el ascenso por una pista igualmente embarrada, que sube de forma suave y continua. Gira a la izquierda mostrando en todo momento la antecumbre del Liguardi (Cueto del Liguardi) Es una loma suave con un final puntiagudo que esconde en verdadero vértice. Por si no lo sabéis, cueto, según el diccionario de la Real Academia es una colina de forma cónica, aislada, y por lo común peñascosa. Realmente eso es el monte que vemos, una colina ¡de mas de 1800 mts! en cuyo pico se recortan las rocas.

Panorámica desde la subida

Luce el sol, aunque hace algo de viento que ayuda en la subida. Los caminos atraviesan masas de espinosos tojos, pero al contrario que ayer, hoy podemos pasar por senderos bien marcados que los evitan.

Según ascendemos, el valle a nuestra derecha se va haciendo cada vez más profundo, se aleja de la llanura y da paso a esqueletos del bosque que por su color me hace pensar en un robledal. A pesar de que me han hablado de que en esta zona lo que más abundan son las hayas. No estoy suficientemente cerca como para poder apreciarlo. De todos modos me encanta este tono ocre mezclado de verde. Y pienso que he escogido la zona ideal para mi estado de ánimo. Necesito esta paz. Se diría que tengo alas para recorrer este espacio, que me dejo arrastrar por el viento, y de alguna manera mi espíritu lo hace aunque mi cuerpo sube pesada y fatigosamente .

 

Precioso Valle

Caminamos por un camino ancho, algo pedregoso, embarrado como todos los del día. Remontamos una loma y aparece la recortada linea de la sierra del Cordel propiamente dicha. Allí está la nieve. Y también las nubes. El Cueto Liguarde nos tapaba la cumbre del pico. También nos tapaba las negra y espesa nube que lo cubre. El viento es más fuerte. Si durante la subida hemos tenido calor, ahora es necesario sacar la ropa de abrigo. El camino hace un giro a la izquierda a la vez que remonta hacia el collado y rodea un arroyo que corre entre matorrales y nieve. Ahora ya no hay senda embarrada y pedregosa. Es un sendero estrecho, muy marcado en un manto de nieve de dudoso espesor, es mejor no intentar averiguarlo y seguir las huellas marcadas. Pero a juzgar por los agujeros que vemos debe ser bastante considerable.

Acercándonos al Pico Liguarde

El viento arrecia. Es bastante frío. Azota la cara. Me protejo con el gorro del anorak. Siento la fuerza de la ventisca que se ha desatado. Recuerdo a Marisa, su caída por el fuerte viento en nuestra última salida. Hoy es aún mas fuerte. Clavo el bastón en la nieve y veo como todos nos esforzamos para que el viento no nos haga caer. El cielo no existe. Es una espesa capa de vapor gris que se nos viene encima por momentos. Aún tengo ocasión de hacer alguna foto, pero guardo la cámara. Está comenzando a nevar. Copos gruesos, sutiles, ligeros que vuelan a merced del viento. A lo lejos la silueta de un refugio que apenas se ve. En el camino alguien ha pisado en vacío y se ha hundido en la nieve, dejando un agujero de aproximadamente un metro de profundidad. Ya sabemos su espesor. Al menos en este agujero...

Collado Rumaceo. Junto a él el Pico Liguarde se esconde en la nube

Cruzamos el arroyo y nos dirigimos al refugio. La ventisca es cada vez mas fuerte. Se agradece el abrigo de estas cuatro paredes. Bajo este magnifico techo aprovechamos para reponer fuerzas y esperar que cese un poco la ventisca. Dos ventanucos nos dejan ver el exterior. Hay una mesa y un lugar alto en donde se podría dormir si fuera necesario. Parece que deja de nevar. A pesar de que el viento sigue soplando, ya no es tan fuerte. Decidimos salir y continuar. Hemos descartado la idea de cumbrear. Estamos en el collado Rumaceo, por el que está prevista la bajada que nos permitiría ver el Barranco de la Colera, y el Parque Saja - Besaya. Pero estas nubes no van a permitirlo.

Desilusión. Regresamos. Ahora no vemos el valle.

De nuevo en marcha, subimos desde el refugio a buscar un sendero horizontal que nos lleve al collado del que apenas nos separan unos diez minutos. Remontamos, comenzamos a llanear para alcanzar el collado al mismo tiempo que la nieve vuelve a hacer acto de presencia. Esta vez el viento no tiene ganas de bromas. Azota con fuerza. No quiere dejarnos pasar. Apenas hay visibilidad. Parece que nos quisiera tirar por esa inclinada ladera que se precipita a nuestra derecha. Es inexplicable lo que siento. No estoy en una alta montaña. Esto no es el Cervino, ni siquiera el Aneto, es una preciosa montaña que no puedo ver por esta ventisca traicionera ¿Traicionera? ¿Y esta sensación inexplicable? ¿Esta sensación de estar en las grandes alturas, debería decir en las ALTURAS? Realmente es un momento que difícilmente podré olvidar. No puedo calificarlo de magnifico, pero si de especial, muy especial.

En un momento, cuando parece que estamos llegando a la otra vertiente nuestro guía nos reúne y nos explica que debemos abandonar. No podemos continuar. La visibilidad cada vez es menor. La ventisca es muy fuerte, la bajada está peor aún. Es peligroso. Muy decepcionamos regresamos por donde vinimos. Rebasamos el refugio, en silencio, cabizbajos, luchando con el viento y la nieve que no cae vertical, cruza horizontal delante de nosotros. Apenas vemos lo que hay alrededor. Solo miramos donde pisamos, y nos protegemos del viento helado.

Cuando avistamos el valle, o mejor dicho, llegamos al punto donde se debería ver el valle, es una espesa nube que no permite verlo. Apretamos el paso en el descenso. Poco a poco se abre el cielo, se ve mejor el entorno, y el viento deja de ser tan fuerte. En un momento de descuido clavo el bastón fuera del sendero marcado y se hunde completamente sin tocar el fondo y consigue tirar de mi. Solo ha servido para ver el espesor de la nieve. Afortunadamente no ha sido una caída"en regla"

Los caballos que nos "persiguen"

Pero estos acontecimientos nos deparan sorpresas estupendas. La bajada a la altura del Cueto Liguarde está llena de sol. Pasamos junto a un grupo de caballos que se empeñan en seguirnos. Nos hace reír este hecho. El rato de ventisca parece lejano. Ahora todo es precioso, limpio luminoso.

Arco Iris

Miramos al frente, a las suaves colinas, y algo especial nos compensa el no haber podido realizar la vuelta por donde estaba previsto. Entre las colinas, sobre las praderas y la nieve, el Arco Iris nos deslumbra. Dura bastante rato. Parece querer acompañarnos hasta Proaño. Ahora lo miro de forma diferente.

Torre de Proaño

El regreso estoy menos impaciente que la ida y me permite saborear más estos lugares. La iglesia de Proaño se perfila en el fondo de montañas que esta mañana estaban nítidas y ahora se cubren de nubes.

Nos introducimos en un bosque de robles que nos lleva hasta un río en cuyo puente hacemos un alto.

Aún tenemos sol. Pero en el cielo hay nubes negras. Está claro que el día es muy cambiante. Cuando nos falta una media hora para llegar a nuestra meta, comienza a llover. No dejará hasta que llegamos en autobús al nacimiento del Ebro.

Nacimiento del Ebro

El nacimiento de este río ocurre en Fontibre, en una balsa de agua en la que se ha hecho un monumento, un centro de interpretación, un bar... muy urbanizado. Me alegro de conocerlo, aunque me gustan más los lugares salvajes.

De todos modos, aunque este punto es el nacimiento oficial de este río, los más estudiosos consideran que no es real, que su verdadero nacimiento es el del río Hijar en Peña Labra. ¡Pues habrá que ir a Peña Labra, a ver el verdadero nacimiento del Ebro! ¡Con las ganas que tengo de ir a esa montaña...!

Marzo 2.006

M.R.B.M.