Pico Somaloma -Cantabria-

 

Sierra del Hijar

Con ánimo de descubrir nuevos rincones, nos encaminamos este puente de San José a la zona de sur de Cantabria. Las prediciones meteorológicas no son muy halgüeñas, pero los buenos observadores habrán descubierto que cuando llueve en toda la península, hace buen tiempo en el Cantábrico. Así, con un buen fardo de ilusiones mezcladas con una buena dosis de dudas, nos presentamos en esta comarca del Alto Ebro, conocida como Campoo - Los Valles.

Pantano del Ebro

Partimos del pueblecito de Arroyal y comenzamos a caminar por una pista con bastante pendiente, a la que las lluvias y las nieves derretidas han convertido en un lodazal. Pero aún así, las vistas de los alrededores hacen que no nos importe. Son amplias y verdes. Grandes praderas salpicadas de casas rojas, y entre ellas los caballos asturcones, de peludas patas y colores pardos.

No tardamos mucho en llegar al collado, desde donde la contemplación de la Sierra de Hijar es una delicia. Allí está el Pico Cuchillón entre otros. También en esta sierra se encuentra el Tres Mares, y siento fuertes deseos de verla más de cerca. Hace un tiempo bastante bueno. Tenemos sol entre nubes. Sé que en Madrid no deja de llover y me alegro de haber venido. Este tiempo agradable me hace concebir esperanzas de poder verlos mañana de cerca.

Otra visión de la sierra del Hijar

Y así, entre contemplaciones y sueños, caminamos por la suave loma del pico Somaloma hasta su vértice, lugar en donde parece que la tierra no tiene fin. A nuestra derecha, en una inmensa pradera se recrean los caballos. A nuestra izquierda, en medio de la campiña se dibuja el embalse del Ebro. Este embalse ha cambiado la vida de la comarca. Este hecho unido al abandono de una buena parte de los campos, moderna inmigración, han hecho de la zona un paraje solitario lleno de paz y encanto.

Hayedo salpicado de acebos

Abandonamos el pico y nos adentramos en unas laderas llenas de jaras. Descansamos un rato en un entorno idílico en donde los arroyos corren a sus anchas y las piedras se cubren de verde. En medio del bosque de robles una cabaña solitaria y un camino carretero nos muestra vestigios de humanidad.

Nos ponemos en marcha atravesando el arroyo y comenzamos a bajar introduciéndonos en un hayedo cada vez más tupido.

Los arroyos y las piedras recubiertas de musgo son habituales en esta bajada

Estos bosques son una delicia para los sentidos. En invierno, cuando los días son oscuros, se liberan de hojas y dejan pasar la luz a la alfombra de hojarasca parda que hace el caminar mullido y suave. En primavera y verano sus hojas verdes rebosan vida frescura, mientras que en otoño es el colorido el que inunda de luz el bosque.

Un musgo un tanto especial. (Foto bastante ampliada)

La bajada es larga y empinada. Es un bosque de troncos blancos, entre los que crecen infinidad de verdes acebos. El suelo salpicado de rocas llenas de musgo y arroyos que re retuercen una y otra vez buscando el modo de bajar al valle. Me llama la atención una especie de musgo. Es un musgo estrellado, muy diferente al común, de ramitas cubiertas de diminutas hojas aciculadas como las de los pinos. Está por todas aprtes. Es precioso.

Tojo

Después de disfrutar de una magnifica bajada, llegamos a un punto en el que el suelo se llena de tojos. Son plantas de la familia de las aulagas, pero más vistosas. Lo que sí tienen en común son sus hojas punzantes. Nos cuesta atravesar esta maraña de espinas sobretodo porque al minimo roce sentimos sus efectos. Entre pinchazos y risas divisamos a lo lejos nuestro destino. El Monasterio de Montesclaros.

Nos dirigimos a él, donde nos espera un monge dominico para enseñarnos el templo.

Nuestra Señora de Montesclaros. Imagen de la fachada.

Lo primero que nos indica es la imagen de la Virgen haciéndonos notar que el Niño lleva zapatos. Realmente curioso.

Es una visita divertida. Nuestro fraile, socarrón él, la llena de anécdotas, y nos lleva a su colección privada de mariposas y otros insectos, verdaderamente interesante. El resto lo deja a nuestro albedrío. Podemos ver la cripta con sarcófagos de piedra y un altar celta, amén de un hermoso retablo y otras curiosidades. Parece que él centra su interés principalmente en esta colección, producto de su estancia como misionero en Sudamerica. Está ilustrada de fotos y anécdotas curiosas.

Mariposa de la colección del dominico.

Pero lo que él no nos cuenta es que cada año, el 8 de diciembre, se celebra un ritual, en Reinosa en donde se recuerda que en 1880 los alcaldes de la merindad de Campoo acordaron con los Padres Dominicos el pago de una peseta como renta del Monasterio, comprado por esta merindad como consecuencia de la desarmortización de Mendizabal.

Marzo 2.006

M.R.B.M.