Una calle de Cazorla

La Cerrada de Elías (Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas)

Esta vez me alejo de la zona centro para recorrer otros parajes que prometen ser muy hermosos. Me acerco a mi tierra natal, Andalucía. Más concretamente a Jaén, a la sierra de Cazorla, al Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Viñas.

Cuando se atraviesa la llanura manchega y el escarpado Despeñaperros aparecen los olivares. Es una preciosa estampa en la que Andalucía se viste su traje de faralaes. Fondo ocre de terruño pardo, lunares de olivos verdes, y en el horizonte volantes de colinas moteadas. Es una imagen que llevo siempre en mis recuerdos.

Hoy, al llegar al hotel la nostalgia me invade. Me viene a la mente el sopor de las siestas, el canto de las chicharras, y las noches de brisa cálida bajo la luz de las estrellas. El botijo rezumando, esperando que alguien necesite su frescura, el olor a naranjos y limoneros, azahares blancos que embriagan el aire. El susurro del chorro en el aljibe, copla morisca que recuerda la Alhambra.

Los pueblos andaluces son todos hermosos. Cazorla , como todos ellos viste sus calles ce cal blanca y balcones floridos. Son calles estrechas que propician las sombras y por donde el aire se cuela refrescando algo el ambiente.

 

Panorámica desde el comienzo de la ruta

 

No tardo mucho en salir de mis ensueños, sin despertar del todo. Ese acento andaluz que tanto quiero me rodea. Mañana será un hermoso día.

La ruta que haremos comienza en la piscifactoría en la unión del Guadalquivir con el río Borosa, que, según nos cuentan, es su afluente más importante.

Recuerdo el caso del Arroyo de la Hoz Seca, en el Tajo. No puedo evitar tener mis sentimientos repartidos en lo que fueron mis raíces y el lugar en donde vivo. Me parece muy bueno querer tanto a las dos tierras. Realmente hoy recordaré mucho al Tajo.

 

 

La Cerrada de Elías

 

Comenzamos a caminar por una pista ancha, junto al río. El lecho está lleno de rocas calizas, muy suaves, más aún que las del Tajo. Deben ser más duras. Su superficie está muy lisa y brillante.

Se introducen en el cauce para recibir sus aguas. Observo que el caudal está muy bajo por las marcas en las rocas. Estamos sufriendo una sequía extrema durante muchos años.

Este verano ha sido tremendamente malo en cuanto a incendios. Y este parque también ha estado cerca. En nuestra aproximación hemos visto bosques de pinos calcinados muy cercanos al límite del parque y lamento que esto sea tan frecuente.

En este punto por donde vamos caminando, afortunadamente, parece que no ha ocurrido. Las laderas que limitan el río Borosa están cuajadas de arboleda.

 

El río Borosa recibiendo un arroyo

 

 

Deseo enormemente pararme a contemplar estos ejemplares, pero la cabeza del grupo está poniendo un ritmo rápido y no puedo detenerme como quisiera. Eso no impide que vea serbales y algunos arces mompelier.

Junto a la pista y el cauce infinidad de lentiscos de bayas rojas y hojitas delicadas. Escalando las laderas, pinos y quejigos. Abundan los bojes, los enebros, las cornicabras... y como no podía faltar, también hay romero.

 

 

Los Órganos

 

Vamos subiendo suavemente, la mirada puesta en el horizonte donde se perfila una recortada masa rocosa. Debe tratarse del paraje de Los Órganos, a donde nos dirigimos. Aún no he estudiado la zona, no conozco los nombres de estas montañas. Espero hacerlo y eso me alegra.

El río no es demasiado caudaloso, pero lo ha sido, ha dejado su marca. Aún lleva saltos en su cauce que nos hablan de mil historias con sus rumores frescos. Hay muchas saucedas y los quejigos rojizos y pardos ponen un punto de color otoñal.

 

 

Cerrada de Elías

 

Llegamos a la Cerrada de Elías que aparece en un recodo donde un puente de madera atraviesa el río. Un precioso rincón en donde se dan cita los pescadores. Aquí están, tranquilos, reposados, sus cañas esperando que se agite el anzuelo. La cerrada es profunda. Altas rocas grises, muy lisas y bien formadas. Muy pulidas por el paso de los años, y sembradas de plantas en cualquier resquicio que les permita arraigar.

 

 

 

 

Tobera

 

Es una imagen magnifica. El río profundo, encañonado en las paredes por las que a duras penas se ha abierto paso un sendero angosto al que le han puesto una valla de cuerdas para seguridad de los caminantes.

Las rocas se cubren de musgo, pequeños helechos rastreros y una planta carnívora cubierta de mosquitos que le sirven de alimento. Es un pasillo grandioso. Bajo las rocas, en ese punto donde anteriormente ha estado el río, la piedra cede y forma un bóveda donde cuelgan helechos tiernos. Todo son formas suaves, pulidas, perfectamente cinceladas.

 

 

 

Cascada de Los Órganos

 

Caminamos no solo por el sendero, sino también por una pasarela de madera sin la cual no podríamos continuar a nuestra meta. Pronto la cerrada se abre y las rocas son menores. Ahora se limitan al cauce del río y la parte más centrada de las laderas.

Hay muchos lapizaces, plegamientos muy destacados donde un geólogo podría dar un buena disertación de geografía. En el lecho del río también abundan, ocultan el cauce en retorcidos y rocosos meandros.

Al fondo recortadas colinas, Los Órganos, que dan nombre a las cascadas que pretendemos visitar. Estamos atravesando la cerrada del Puente de la Piedra. Menos espectacular que la anterior pero igualmente hermosa. Parece increíble que en medio de tanta sequía pueda haber tan exuberante vegetación.

 

 

 

Lapiaz. Comparar su tamaño con la zapatilla.

 

El terreno es muy calizo, y el Borosa a su paso deja toberas enormes, con dibujos de filigrana. A lo lejos ya divisamos las cascadas. Subimos a ellas por un tramo pedregoso y empinado, donde el río encajonado forma pozas cristalinas y verdes de acceso algo complicado.

Los lapiaces o acanaladuras son numerosos en las zonas calizas. Aquí en el parque abundan, son espectaculares, principalmente en la Cerrada de Utrero, donde parecen cordilleras en miniatura.

 

 

 

Sendero entre bojes

 

Al llegar a las cascadas me sorprende que su caída sea casi vapor de agua. Debido a la falta de lluvias, están muy mermadas. Caen al vacío evaporándose. No llega el chorro al suelo, y sin embargo, a base de recibir las gotas se forma un arroyo que se desprende por las piedras en forma de blanca espuma.

Este lugar está lleno de cabras que campean a sus anchas. Nos detenemos para reponer fuerzas y ellas se empeñan en comerse nuestros bocadillos. Ellas y las avispas. Hemos descubierto un sistema para que nos dejen en paz. Un trocito de nuestro bocadillo atrae a las avispas que lo engullen glotonas, el resto se lo llevan a su avispero. Las cabras no son iguales, no se dejan engañar, y siguen pesadas a nuestro lado. Me hacen sonreír.

 

 

En nuestro camino encontramos una cría de lagarto ocelado

 

Comenzamos el regreso. La luz es diferente, las imágenes que vimos antes parecen distintas. Ahora me llama enormemente la atención un bosquecillo de bojes por el que se abre paso el sendero bajo una olorosa bóveda.

Llegamos a la cerrada y de nuevo admiro sus paredes, la fuente en la roca rodeada de culantrillo, los puentes de madera, la serenidad del agua... hasta salir a la pista en donde cae un sol de justicia. Hace bastante calor y eso me resulta incómodo. Pero de nuevo el río con sus saltos y meandros, me hace disfrutar el momento.

 

La ruta ha terminado. No nos recogemos aún. Iremos a ver a los ciervos. El Parque Cinegético del Collado del Almendral es un lugar en donde estos animales y otros similares viven en libertad. Es la época de la berrea, y nos gustaría verlos. La caída de la tarde es el mejor momento.

Gamo en el parque cinegético

Nos avisan que no podrá ser. Este año el verano se está prolongando y los animales no están en celo. No hay berrea. Nos conformamos con verlos a lo lejos desde un mirador hecho para ese propósito. Puede que este año la berrea se retrase hasta octubre o noviembre.

Lo más llamativo de este momento es la enorme sequía. El embalse del Tranco podríamos decir que ha desaparecido. Solo el cauce de un río en el centro de una llanura semiseca, lo que debió ser el fondo del embalse. Me da escalofríos. En la zona centro notamos la sequía y vemos como se nos viene encima la aridez como consecuencia de ella. Aquí ya es un hecho. Intento olvidar estos pensamientos tristes y recordar las hermosas imágenes del día mientras nos dirigimos a Cazorla, ese hermoso pueblo, blanco como todos los andaluces, bajo un escarpado roquedo, dibujándose su castillo por encima de todo.

 

Septiembre, 2.005

M.R.B.M.