PARQUE NACIONAL DE CABAÑEROS

Paredes de cuarcitas en el Boquerón del Estena

Seguro que todos hemos oído hablar de Cabañeros, pero seguro también que su nombre nos trae a la mente el controvertido campo de tiro que se quiso implantar en él a partir del año 1.981 para acabar , afortunadamente, convirtiendose en Parque Natural en 1988 y más tarde en Nacional, en 1.923.

¿Tuvo algo que ver esta polémica en su nombramiento? Puede que sí. Puede que llamara la atención para fijarla en un punto singular por su flora, fauna y geología.

Se sitúa al noroeste de Ciudad Real y suroeste de Toledo. Una extensión de 40.000 hectáreas de un suelo constituido principalmente de cuarcitas, restos de un mar que como ya sabemos, hace muchos millones de años cubría una buena parte de nuestra península.

Cuarcitas en el parque

Comenzamos la visita con un paseo tradicional: El Boquerón del Estena. El Estena es uno de los ríos que enmarcan el Parque. En esta zona, el paisaje se encajona y forma un estrecho paso pedregoso y verde a la vez, donde las rocas se mezclan con encinas, quejigos, praderas y flores de lo más variopinto.

LasTorres

Llaman el Boquerón a esta zona por la forma del río, y dicen que sus aguas (hoy no) brillan con el sol como las escamas de un boquerón.

Hoy estamos con el cauce revuelto. Llevamos unas semanas que llueve mucho, ¡por fin! y estas aguas están de un color pardusco y gris que les resta belleza. Al comenzar el viaje he temido que llueva y no nos deje ver el paisaje, pero el cielo es benigno con nosotros, tiene nubes muy grises, muy "preñadas" pero el sol luce entre ellas y nos deja disfrutar de un precioso día.

El Estena y Las Torres

Comenzamos por una pista entre praderas de flores y nos adentramos en los cortados. Hoy no es una ruta de kilómetros, como suele ser lo habitual. Hoy miraremos la naturaleza con lupa, y con prismáticos... y con telescopios... hoy es una ruta de contacto con la naturaleza.

Caminamos un rato observando las orquídeas, las piedras, los buitres, muy abundantes en la zona. Uno de los motivos del nombramiento de Parque Nacional es este, la abundancia de buitre negro y águilas en sus distintas variantes, imperial, calzada, real, culebrera. Alguna en peligro de extinción. Pudimos verlas gracias a los telescopios que portaban nuestros guías. ¡Una gozada!

Vadeando el Estena

Llegamos a un punto en el que tenemos que vadear el río. Viene crecido y alguna piedra está lejana y hay que saltar. Pero merece la pena lo que nos espera. Este tramo es el más rico en descubrimientos, al menos en el día de hoy. Al poco de cruzar, a nuestra izquierda algo se mueve en el agua. ¡Ahí está! El galápago leproso, una especie abundante en el parque. Su nombre lo debe a la piel algo extraña. Sube a la piedra... ¡ya te tengo! Algo dsenfocado ha salido, pero lo importante es el testimonio.

Galápago Leproso

Junto al camino una piedra nos demuestra lo dicho. Hay rugosidades petrificadas de las arenas del viejo mar. Más de 500 millones de años nos hablan a través de ellas.

Restos de un viejo mar

La vegetación es muy abundante. Hay que mirar entre la maleza y descubrir esos puntos de luz malva que brillan con un encanto singular. Los lirios españoles. Observadlos, ¿A que son preciosos?

Lirio Español

Todo el recorrido es un espectáculo de flores, gladiolos, cantuesos, margaritas, jaras, botones de oro... praderas llenas de color de motitas blancas y amarillas, de olores...

Pradera junto al río

Aparecen las setas, algo que nos resulta extraño, pero también hay setas en primavera. Nos aclaran que la seta es el fruto de los hongos que realmente viven bajo la tierra, y cuando florecen es la flor la que sube al aire creando la seta. Por eso es necesario cortarla por el tallo, cuando ha esporado, con cuidado de no arrancar la raíz, que es el verdadero hongo.

Jopo

En los pies de las abundantes jaras, algo rojo y brillante nos llama la atención. Son los jopos, unas plantas parásitas que crecen alimentándose de ellas. Son muy vistosos, muy pequeños, pero muy bonitos.

Lagarto Ocelado

Tenemos suerte. Y él también la tiene. Es una cría pequeña de lagarto ocelado. Casi lo pisamos. Se mantiene inmóvil. Lo rodeamos a una cierta distancia, y disparamos la foto con el tele. Hoy estoy utilizando mucho el teleobjetivo. Hay que acercarse a los animales con cuidado de no extresarlos

Escorpión a punto de cazar una araña

Eso ocurre con el escorpión que está a punto de atacar a una araña. Y nosotros le atacamos a él, con la cámara, suficientemente lejos para que no se asuste. Le dejamos en paz, preparando su almuerzo, y nosotros nos vamos a disfrutar del nuestro.

Ranita de San Antonio

En las orillas pantanosas del río crece la menta, huele a delicia, y canta la rana, la Ranita de San Antonio, pequeñita, verde y saltarina.

Orquídeas

Las orquídeas llenan el suelo. Son pequeñas, pero muy bonitas. Su flores deberían mirarse con lupa. Interesantísimas.

Regresamos al pueblo de Retuerta del Bullaque y visitamos el aula de interpretación. Esperamos los todoterrenos que nos llevarán por el parque. No se puede entrar de otro modo.

La visita comienza atravesando un pinar que está siendo cambiado por robles, el árbol autóctono. Nos llevan a un lugar en donde abundan las encinas y robles y desde lejos, con la ayuda de los telescopios de los forestales podemos ver lo que nunca habría imaginado. En medio de un claro una encina grande soporta el peso (muchos muchos kilos) de un nido de buitre negro. Es como un sombrero en la copa del árbol. Hay que acercar el objetivo para ver con detalle. Y el detalle es una pareja de buitres alimentando a su cría. Inesperado. Imposible describir lo que siento. Es... maravilloso ver esto.

Quejigal

Después de contemplar a nuestro antojo los buitres, sus nidos, los cortados rocosos donde anida el buitre leonado, las aves que surcan el cielo, águilas, buitres y otros, nos marchamos para introducirnos en un bosque de quejigos, preciosos... Ha llovido todos estos días y el suelo está encharcado ¡Que suerte! Hoy podemos ver todo sin paraguas...

La Raña

La raña puede que sea el punto más emblemático del parque. Por ella cruzan los ciervos, los gamos y los jabalíes. Hoy no los vemos casi. Está anocheciendo y es el momento de que salgan. Pero en esta época están esquivos. Las hembras están pariendo, los machos han perdido la cornamenta y casi no salen, solo lo justo para alimentarse.

A pesar de todo vemos algunos a lo lejos. Recuerdo mi visita hace años. Era verano. Aún no había berrea, pero vinos muchos más. Incluso algunos jabalíes. Hoy lo que si vemos es un sisón que corretea a saltitos por la pradera.

El primer día de excursión ha terminado. Ha sido precioso y de lo más interesante.

Nuestro segundo día se sale de los límites del parque. Aún lo vemos desde las cumbres de los montes. Estos Montes de Toledo no tienen nada que ver con los que acabo de visitar en San Isidro. Son montes viejos, muy redondeados y pulidos por los siglos de existencia. Las cuarcitas asoman de vez en cuando en sus laderas, en forma de librería. Es un suelo estepario por lo que los cantuesos y las jaras abundan. Están en flor. Hay muchas variedades. Son preciosas.

Cantueso
Jara Salvifolia

Jara Pringosa Inmaculata
Jara Maculata

La jara que estamos más acostumbrados a ver por su abundancia es la pringosa. Es la más olorosa debido al ládano que contienen sus hojas. Puede que quizás sea la única olorosa.

Encontramos jaras salvifolias, de flores más pequeñas y hojas muy diferentes, parecidas a la salvia. La jara llamada estepa blanca, que contrariamente a lo que sería de esperar tiene flores rosadas, se hace desear. Solo vemos alguna a lo lejos.

Jara Populifolia

Una especie que me llama la atención es la populifolia. Igualmente debe su nombre a las hojas, que recuerdan a los álamos (género populus)

Forma un matorral redondo, achaparrado, cargado de botones. Aún no han abierto ninguno.

Lo que lamento es no poder ver las peonías. Hay muchas, pero todas pasadas. Son muchas las variedades de plantas que crecen en el parque. Abundan los labiérnagos, olivillas, brezos... alcornoques, robles, abedules, castaños y avellanos son también propios del parque.

En las zonas pantanosas encontramos plantas carnívoras como la pequeña drosera. En el río Bullaque abundan los nenúfares. Esto pude verlo en mi primera visita, hace años. Igualmente la cabaña tradicional de los pastores que trabajaron durante siglos en estas tierras.

Robledal

Nuestro caminar ha discurrido casi por la cuerda de los montes, viendo a nuestra izquierda la llanura de la raña de Cabañeros. Escuchamos ladrar a los gamos, vemos las águilas surcar el cielo, y al llegar a un colladito lleno de quejigos y jaras, cambiamos la vertiente para ir a parar al robledal mas bonito que recuerdo. La pista baja entre jarales blancos de flores. La ladera se hace empinada. Bajamos por ella hasta llegar al río. Es una alfombra de verdor. Hay cantidad de matas de peonías. ¡Que pena! Ni una sola flor. Solo los restos de lo que fueron.

Desde el robledal queda poco para llegar al pueblo. En él terminamos nuestra excursión.

Sería interesante visitar el Parque en diferentes épocas del año. Cada una tiene su encanto.

Antes de las visitas, debemos pedir reserva. Son tres rutas diferentes las que salen con los todoterrenos. Nunca se hacen por libre. Siempre son los forestales encargados de ello los que nos llevarán y nos explicarán. Cada una de ellas recorre una zona diferente. Nos muestran la diversidad del Parque. Lo mejor, pero imposible, sería poderlo patear con calma, libremente, contemplar sus piedras cubiertas de musgo, buscar sus plantas minúsculas en lo humedales, observar los animales en sus distintas épocas... pero con todo lo que he visto me doy por contenta.

M.R.B.M.

Mayo 2.008