Los Callejones

Los Callejones de las Majadas

¿Quien no ha oído hablar de La Ciudad Encantada de Cuenca?.

Pues bien, no es el único lugar en esta provincia donde el capricho del terreno, la erosión , la naturaleza en suma, ha creado un paraje insólito, donde la piedra se vuelve forma, sin obedecer más cincel que el del viento y la lluvia, el frío y el calor...

Tanto la Ciudad Encantada como los Callejones de las Majadas se deben a formaciones kársticas, muy abundantes en toda la zona de Catilla la Mancha.

En el caso de los Callejones de las Majadas, se sitúan en una muela en la que encontramos el pueblo que lleva este mismo nombre: Las Majadas, distante de él unos dos kimómetros.

 

Tormos

Hasta no hace mucho, estos callejones eran un lugar utilizado para el pastoreo por los habitantes de la zona, de ahí su nombre, hoy en desuso, solo encontramos restos de lo que fueron corrales en algunos rincones.

A las paredes de roca les fueron añadidos muros de piedra mampuesta, para tener donde guardar el ganado, ahora se encuentran medio derruidos.

Los recovecos de las rocas, los abrigos que estas proporcionan, y la facilidad para encontrar alimento en la variedad de plantas que se prodigan en este suelo, ayudaron a este fin, encontrándolos salpicados por los caminos que se abren paso sin ningún orden.

En la actualidad se ha convertido en un lugar turístico, y desde que dejamos el coche en un espacio dedicado a ello, encontramos flechas que nos marcan una ruta. No es necesario seguirlas, nadie nos obliga a ello, pero sí es bueno si queremos hacer una visita ordenada.

 

Callejón

 

Si nuestro deseo es sentirnos libres, podemos corretear por las lisas piedras para mirar hacia abajo y así apreciar su altura, o podemos entrar en una estrecha grieta, donde una pared parece querer unirse a la otra, como en un laberinto de feria, del que estamos seguros que saldremos sin el mínimo problema. A veces la maleza nos impide esto último, pero son tantas que seguro que encontraremos un paso sin dificultad.

En rincones semiocultos, como si de pozos se trataran, podemos admirar los avellanos crecer en lo profundo y buscan el sol que encuentran cuando sus copas llegan a ras del suelo. O ver como crece la hierba entre las piedras, mezclando verdes y grises con las sombras de los árboles.

Acebo

 

 

Hay gayubas, majuelos, endrinos, tejos, acebos...

Es un rincón donde el biólogo puede encontrar todo un mundo para dar rienda suelta a su vocación.

 

 

Tormo o seta

 

 

 

Hay belleza en estas piedras de formas caprichosas. Emergen tormos altivos, grises setas petrificadas que surgen de verdes praderas. Se amontonan moles calizas lisas en la altura, rompiendo en cascada hacia el suelo, como si el tiempo hubiera petrificado un río de lava.

 

 

Mirador de La Majadas

 

No muy lejos de Los Callejones, siguiendo unas ndicaciones en la carretera llegamos a un lugar conocido como el Mirador de las Majadas.

Desde allí podemos contemplar el amplio panorama de un valle profundo, rodeado de parameras, en cuyos límites se asoman las rocas que dan cobijo a buitreras.

 

Las grietas se repiten de nuevo, recortando las laderas de fuertes pendientes, y de nuevo otra vez la vegetación se alía on la piedra para poder subsistir.

 

En el mirador

 

A lo lejos, la serranía conquense nos invita a visitar sus atractivas zonas, el bosque donde se encuentra la reserva cinegética de El Hosquillo, el Estrecho de Priego, junto al precioso río Escabas, La Hoz de Beteta, y en el sentido opuesto, los nacimientos de los tres ríos principales que parecen haberse puesto de acuerdo para agrupar sus fuentes en zonas no lejanas, El Cabriel, El Júcar y El Tajo.

Buitre

 

 

 

 

 

Septiembre, 2.002

M.R.B.M.