Las Torcas de los PalancaresEn la Serranía de Cuenca, concretamente en la muela de Los Palancares, existen unas extrañas formaciones que reciben el nombre de Torcas. Son oquedades de grandes dimensiones, producidas por la erosión de las aguas carbónicas en el terreno calcáreo de la zona. Según nos cuentan esta zona fue hace millones de años un gran mar, el Mar de Thetis, que al retroceder dejó su fondo sembrado de sedimentos calizos producto de los caparazones de los moluscos desaparecidos.
Según la dureza del fondo, la erosión ha ido formando caprichosas hendiduras en el terreno, redondeadas, de grandes dimensiones, la más grande, de 10,27 hectáreas, es el equivalente a veinte campos de fútbol, y la mas reducida solo tiene 0,355. La más profunda, 90,93 metros, como un edificio de 30 pisos. Algunas con paredes escarpadas y otras completamente cubiertas de vegetación, pinos, robles, avellanos tejos, etc. Y muchas aulagas, ahora en flor, dando un tono amarillo a la zona. Decidimos visitarlas un nublado día
pensando que será algo tranquilo, sin cansarnos como en las largas
y solitarias caminatas que acostumbramos a hacer, y aunque hace frío,
no nos importa, estará el coche cerca y además vamos a
"zona civilizada".
Las primeras son las más llamativas. La primera, la del Agua, no es muy extensa pero sí profunda, de recortadas y pétreas paredes.
La más espectacular es la del Lobo, en la que un cartel describe la leyenda que da origen a su nombre. Continuamos por donde ya no va casi nadie, viendo el resto. Las siguientes, más grandes, cubiertas de frondosa arboleda, diferentes especies entremezcladas. Ahora las paredes no son rocosas, están cubiertas de vegetación. El camino tiene subidas y bajadas, pero es cómodo. Nos adentramos en una pista que atraviesa el pinar emprendiendo el regreso. Al poco comienza a caer una fina lluvia,
pero enseguida deja y el sol vuelve a lucir.
Decidimos emprender el regreso rápidamente, los chubasqueros puestos y el paso rápido. En pocos minutos empiezan a caer bolitas de granizo que poco a poco se van haciendo mayores y más cuantiosas, poniendo blanco el suelo, como si se tratara de una nevada. La temperatura es cada vez más fría, las manos duelen, y aunque apretamos el paso, la granizada parece no tener fin. Al dar un giro y tomar la pista que nos lleva definitivamente al coche, encontramos el viento de frente. Sin el resguardo del pinar sentimos como los granizos nos golpeaban la cara. Ahora empieza a caer una lluvia fría y penetrante, que empapa nuestros pantalones y que hace chorrear las mangas de los chubasqueros como si se tratara de grifos. Pasamos junto a la Torca de la Novia,
y aunque nos detenemos un instante a mirarla, apenas podemos apreciar
como es. Cuando empezamos a reaccionar vuelve a salir el sol, por lo que decidimos volver a ver la Torca de la Novia, esta vez con más calma, y leer su historia. Las condiciones atmosféricas no eran muy propicias para permanecer allí mucho más. Dimos por terminada nuestra excursión, pensando que no hay que hacer de menos a una simple excursión en el campo. En cualquier momento la meteorología nos puede jugar malas pasadas y pillarnos desprevenidos. 2-mayo-2.002 M.R.B.M.
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