A LA MONTAÑA

Ingente mole que te elevas regia sobre el verde llano,
Desafías, ingrata, al humilde ser que desde abajo te contempla.
¿No comprendes que, por un instante, el pobre humano
Se vuelve recio si sus fuerzas templa?

De nada servirán tus rocas puntiagudas
Ni tus grietas angostas, que la angustia de los débiles despierta
Cocmo ave voladora ha de cruzarlas su bravura,
Con fe en la gloria y con la mente alerta.

No han de pararle tus nieves quebradizas
Ni el hielo infranqueable escapará a sus huellas.
A tu cumbre que de crestas orgullosa y brava erizas,
El hombre llegará y dueño será de ella.

Y el llano de verdor hallará pleno
Y el cielo encontrará más cerca.
Y al regresar al valle de hermosa gloria lleno,
De un nuevo desafío te hará afrenta.

Y no podrá vivir sin ver de nuevo
Tus cumbres soleadas y tus angostas grietas.
Hollará con sus pies la alfombra de tu suelo,
Sufrirá la fatiga de tus cuestas.

Serás del hombre y el hombre será tuyo,
Será tu rey y tú serás su reina
Por él olvidarás tu orgullo
Y él te sentirá más cerca.

Y pedirá llegar al cielo por tu cumbre
Y que al morir le guarden tus laderas
Y que cubra su tumba un pino tuyo
Y que brote en su lecho fresca hierba

¡Ingente mole que orgullosa desafías al mundo!
¿No ves, ingrata, como el hombre te desea?


Charo Bustamante