Cascada del Gollorio

EL CAÑÓN DE PELEGRINA

Han sido varias las visitas que he realizado a Pelegrina sin que ninguna de ella me haya defraudado. Cada época del año muestra una imagen, y cada época es diferente y preciosa.

Para ver la casada hemos de visitarla en invierno o principios de primavera, cuando los cauces de los ríos van cargados. Con esa intención nos dirijimos a este lugar una mañana de densa niebla, dudando de la posibilidad de ver algo... pero por esta vez la suerte está de nuestro lado y al aproximarnos al cañón la niebla ha desaparecido y luce un sol precioso.

Peña Horadada

Tomamos el camino asfaltado que en fuerte bajada nos conduce a las proximidades del río. El sol se refleja en sus aguas con brillo de plata, ahora los chopos secos dejan ver todo el cauce, y corre seguro camino de Aragosa. A nuestra derecha aparecen las primeras moles de rocas, en donde el capricho del terreno ha horadado la piedra y esculpido una ventana por la que se cuela el cielo azul.

Al rato de caminar encontramos un pequeño puente de madera, donde unas marcas rojas y blancas de gran ruta nos indican que debemos cruzarlo. Ya en la otra orilla, el sendero se bifurca, nosotros tomamos el de la derecha y en cómoda ascensión nos dirigimos a los cortados. De nuevo la piedra se recorta y se abre en oquedades de mil formas. La más llamativa es un arco que parece hecho a propósito en medio de una gran pared.

Poco a poco subimos por un sendero amplio, sin más compañía que la de los buitres, que sobrevuelan por los cortados, y las ramas secas de los majuelos y rosales. Al fondo el río se esconde entre los chopos esqueléticos. La senda que recorre el cañón se dibuja nítida, y vemos la forma de llegar a la base cascada, que tantas veces hemos buscado sin lograrlo. En otras ocasiones la maleza la ha ocultado.

Puente de piedra

Nosotros ahora vamos por un camino difícil de distinguir a lo lejos, pero muy bien señalizado por las marcas de gran ruta. Es una alfombra de verde hierba cubierta de rocío, finas gotitas multicolores reflejando el sol.

Casi sin darnos cuenta hemos llegado a la cumbre, a la base de la gran mole que vemos desde el mirador de la carretera, y que dudábamos como superar.

Nada más fácil, la senda la rodea y se encamina a una casa ruinosa, probablemente una antigua paridera de ganado.

Una vez frente a ella una pista amplia nos encamina al borde de la paramera. Al fondo la torre de Torresabiñán es la única silueta que se dibuja en el horizonte.

Cruzamos por un terreno lleno de tomillo y algunas aulagas y nos encaminamos por un senderillo que se dirige a los cantiles.

Cabecera de la cascada

 

Pronto se oye el rumor de las aguas pero no las vemos. Al fondo de la llana paramera vemos brillar el arroyo Gollorio, que forma la cascada entre unos secos árboles que parecen ser saucedas, y nos dirigimos a él.

Estamos en la cabeza de la cascada. ¡Por fin! Aquí está, tan cerca que podríamos tocar sus aguas. Se abre paso entre dos moles de piedra dura, y cae al vacío formando una preciosa poza.

Para contemplarla mejor seguimos la línea del cortado hasta un saliente en la base de la mole más alta. Desde allí la vista es espléndida. Al frente podemos ver hasta la carretera por donde hemos llegado. El cañón en toda su longitud, al fondo otra pequeña cascada del arroyo que se escurre en medio de este estrecho pasillo buscando el río Dulce.

Panorámica de Pelegrina

Subimos hasta la parte más alta de la peña y continuamos por el senderillo que bordea el cortado hasta llegar de nuevo a la paridera, y retomar el mismo camino que trajimos.

La primera vez que vine a Pelegrina, hice el propósito que volver a ver la cascada, y hoy se ha cumplido.

Tuve oportunidad de ver de nuevo el cañón en mi excursión por otra ruta de este mismo río, en otoño, cuando los chopos empiezan a amarillear sus hojas, y quedé impresionada por la belleza del momento, pero sin llegar hasta aquí. Dudo que entonces el arroyo llevara agua suficiente para formarla. Este tipo de cascadas suelen secarse en verano.

Ahora, en invierno es el río y la cascada quienes me atrapan y de nuevo hago el propósito de volver cuando los majuelos vistan el cañón de blanco.

Diciembre, 2.003

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M.R.B.M.