Iglesia de Campillo de Ranas

Arquitectura Negra

Al norte de la provincia de Guadalajara, a caballo entre las de Madrid y Segovia, encontramos la Sierra de Ayllón, como continuación de la de Somosierra.

La estructura geológica de estas montañas, ha dado lugar a los llamados "Pueblos Negros", colorido que le proporciona la abundancia de pizarra en su construcción.

 

 

 

Panorámica de Campillo de Ranas

 

Podríamos limitar esta zona, que conocemos como arquitectura negra, a las poblaciones que se extienden bajo la cumbre del Ocejón, el Puerto de la Quesera y la línea del río Sorbe cercano a Tamajón, si bien este último, desde mi particular punto de vista se aleja un poco de ellas, ya que Tamajón no se puede incluir en este tipo de edificaciones.

 

 

 

Iglesia de Campillejo

Partimos de Tamajón, siguiendo la carretera que se dirige a Majaelrayo y Puerto de la Quesera. Pasamos por la llamada Pequeña Ciudad Encantada, debido al parecido de las piedras de formas caprichosas que se agrupan en este área, y encontramos el primero de estos pueblos, Campillejo.

Nos detenemos en él, y sin poder evitarlo, la mirada se dirige al pico que emerge no muy lejos, entre campos verdes, el Ocejón.

La vista que tenemos de él desde aquí es perfecta. En el limpio cielo se dibuja la linea que sube a la cumbre, en cuyo perfil se destaca un saliente que hace pensar a quien sube que ha cumbreado, sin ser cierto. Debe seguir aún para llegar al alto límite y poder encontrar el vértice geodésico. Y nos atrae. Deseamos llegar a su cumbre, y hacemos el firme propósito de hacerlo en no muy largo plazo.

Este punto se puede alcanzar, o bien desde Valverde de los Arroyos, o bien desde Majaelrayo. Es desde este último desde donde, hace muchos años tuve la suerte de subir y conocerlo, un frío día de enero, del que guardo un grato recuerdo.

 

Una calle en Campillo de Ranas

Nos adentramos en el pueblo, por calles bien empedradas en las que, lógicamente, predomina la pizarra.

Es una forma de construcción a la que no estamos acostumbrados. Tejados, paredes, cercas, todo es pizarra mampuesta. Las puertas , ventanas y aleros, en madera, y flores... macetas de flores por los rincones, colorido de naturaleza cuidada, que contrasta con el gris pardusco de las piedras.

El aspecto de estos pueblos, en general es impecable, salvo algún que otro rincón abandonado, que no creo que dure mucho tiempo.

No hace muchos años, estos pueblos eran muy diferentes a como hoy los vemos.

 

La vida en ellos estaba basada en la riqueza agrícola y ganadera tradicional, hoy bastante venida a menos.

Pueblos Negros en los sesenta. La piedra negra se confunde con el paisaje.

Como en casi todas partes, el medio rural ha ido en decadencia a favor de la vida en las grandes urbes, dando lugar al abandono de los campos y consecuentemente de los pueblos.

Este hecho provocó el deterioro de las construcciones, encontrándose en bastante mal estado, hasta que el atractivo de lo rural y las nuevas tendencias a proteger todo lo que signifique tradición, ha venido a salvar estos rincones de especial belleza.

Debo confesar que me alegro que esto haya sucedido. Aún podemos contrastar las zonas remodeladas con las de antaño que aún se mantienen en pie.

 

Tejados de pizarra negra

Paseando por sus calles, llegamos a la plaza donde se alza la Iglesia. En ella destaca la torre, cuyas aristas se adornan de piedras blancas, otro elemento decorativo tradicional en estas edificaciones, y junto a ella el atrio, que ya no luce la pizarra. Ha sido revestido y encalado.

Junto a la iglesia, en el lateral de una casa, un reloj solar llama la atención. No es el único, hemos podido encontrar otros en estos pueblos, parece que eran parte integrante de ellos.

Muy cerca de la iglesia, encontramos algo que nos llama la atención. Un cercado de pizarra que encierra una zona de tierra más elevada que el resto.

Tengo dudas de su utilidad, puedo pensar que sea para algún juego local como podrían ser los bolos, y me arrepiento de no haber preguntado por ello. Porque también puedo pensar que mi error sea mayúsculo, y su destino sea muy distinto.

 

Casa y puerta antigua

Bastantes casas han sido reconstruidas y convertidas en casas de alojamiento. La afluencia de turistas es grande. Hay quienes tienen casa propia, y otros que vienen a veces a pasar unos días.

Se me viene a la mente dos pueblos concretos, La Vereda, que según creo fue adquirida por un grupo de arquitectos y reconstruida, y Umbralejo, convertido en pueblo-refugio.

Otro ejemplo de lo que es actualmente esta zona es El Espinar, deshabitado en invierno y completo en verano y fines de semana.

 

 

Majaelrayo en los años setenta

 

Volviendo al pasado, mis recuerdos son muy distintos de la realidad actual. Mi primera visita a Majaelrayo, a mediados de los setenta, me dejó la imagen de un pueblo semivacío, habitado por gente mayor, en donde el invierno cubría las paredes de una capa de musgo que daba un aspecto distinto, y reflejaba la vida real y dura de la zona.

Nada de ello existe hoy. Las paredes están impecables, cuidadas, preparadas para ser mostradas. Ya no son los pueblos ganaderos, ahora son pueblos turísticos.

 

He podido de este modo apreciar el contraste del paso de los años. Me alegro por ellos, si este cambio les ha supuesto bienestar.

 

Julio 2.003

M.R.B.M.