Torre de la iglesia del Salvador (Carabias)

Carabias

Dejamos atrás la señorial Sigüenza, a la que dedicamos un apartado propio y continuamos para conocer una historia casi escondida, oculta en pequeñas aldeas con un sabor muy añejo, casi despobladas, y en este día que las visitamos, lo que pasea por sus calles es un viento helado, que nos hace comprender el por qué al famoso arco de Atienza, le llaman Arrebatacapas.


Saliendo por la carretera que une Sigüenza con Atienza, volvemos la vista atrás, para contemplar malamente la histórica ciudad desde la ventanilla de un coche en marcha que quisiera encontrar un resquicio donde parar y recrearse en la silueta del castillo, la catedral y el conjunto de casas, pero la moderna carretera no ha pensado en quienes nos gusta detenernos y admirar las bellezas naturales o artificiales, como en este caso.

Parece que hoy, en la época de las prisas, es obligado ir como las maletas, siempre de paso, siempre ciegos a nuestro alrededor.

 

 

 

Iglesia del Salvador

 

A pocos kilómetros de recorrido, un cruce nos conduce a dos puntos interesantes, Pozancos, y Palazuelos. Optamos por dirigirnos a este último, y aún, le dejamos atrás y continuamos dos kilómetros más adelante, para encontrar una de las sorpresas más agradables del día, Carabias.


La carretera estrecha se dirige a colinas que ocultan el sol, y se retuerce sin necesidad aparente, para mostrarnos de repente, sin esperarlo, la silueta de la iglesia de El Salvador, primera imagen de Carabias.

La primera impresión es una torre unida a un panel trasero, por la que un arco en su parte baja nos introduce en un atrio.

Pertenece a la Iglesia de El Salvador, del siglo XIII. La apariencia es la de una iglesia medieval como tantas otras. Pero no nos engañemos, es algo más.

 

Atrio porticado de El Salvador

 

Buscamos donde dejar nuestro transporte, cosa muy sencilla en este casi abandonado pueblo, junto a la fuente que mira a la iglesia constantemente.

Impacientes por lo que hemos visto de refilón, bajamos del coche, y la sorpresa es muy grata.

Lo que parecía una simple torre es el remate de una preciosa arcada, un atrio de catorce arcos en ángulo recto, algunos restaurados, coronados de capiteles con decoraciones vegetales.

Rodeamos la plaza y entramos el atrio por la parte posterior, la más restaurada.

A través de los arcos, la fachada de una casa de piedra deja verse. Arriba, el artesonado de vigas de madera, a la izquierda la puerta maciza, claveteada, y al girar a la parte más alargada del atrio, la otra puerta, similar a la primera, la que da acceso al interior de la iglesia, cuyos anuncios clericales nos confirman que la iglesia aún no es un resto del pasado.

 

Atrio posterior


Mientras contemplamos el hermoso lugar, cuatro personas salen del templo, el sacerdote y tres feligreses, probablemente los únicos habitantes del pueblo, es domingo y acaba la misa.

Muy amables nos enseñan el interior, acorde con la construcción exterior, sencillo pero hermoso. Nos despedimos agradeciendo el gesto, y retrocedemos a Palazuelos con un sabor muy agradable por lo visto.

 

M.R.B.M.