Chequilla

CHEQUILLA

(EL BOSQUE DE PIEDRA)

Como preludio de lo que encierra el Parque del Alto Tajo, encontramos un pequeño pueblo, Chequilla, que se esconde en una maraña de formaciones rocosas, de un anaranjado grisáceo, y que llaman nuestra atención cuando la divisamos a lo lejos.

 

 

 

Vista de la entrada a Chequilla

 

La carretera que nos conduce al pueblo nos introduce en un pinar del que mergen grandes moles de arenisca, a las que la erosión se ha esmerado en dar extrañas formas.

Allí donde los pinos no han crecido, grupos de rocas surgen de una preciosa pradera, salpicada de jaras.

 

 

 

Roquedos junto a la carretera

 

A la derecha según nos aproximamos al pueblo, las laderas están pobladas de pinos, entre los que las rocas parecen gigantes asomados al blacón de esta bonita comarca.

 

 

 

 

 

 

Las casas aprovechan la roca para apoyarse

 

 

En un montículo,como si vigilara el valle del Cabrillas, algo que recuerda a un castillo atrae nuestra mirada. No solo son solo sus formas semejando torreones, sino también los huecos a ras del suelo, semejantes a entradas, lo que nos hace pensar en esa similitud.

 

 

 

 

Praderas y rocas

 

 

En escasos minutos nos encontramos en un lugar en el que la iglesia destaca solitaria en el centro de una plaza, y en donde las casas se adosan a las rocas y se refugian en ellas como queriéndose proteger de los fríos inviernos de esta zonas.

Frente a la iglesia, junto a un parquecillo con una abundante fuente, en donde juegan los chiquillos, sale un camino que se introduce en un tupido "bosque" de altas rocas.

 

Roquedos arcillosos

 

El inicio es una pradera, con algún huerto junto a ella, a la que le pone límite una línea de blancos espinos, ahora en flor, y por el que debe haber un enjambre de abejas, según indica el zumbido que se escucha incesantemente.

Aquí las rocas tienen un color mucho más rojizo. El viento y los hielos han trabajado la superficie, y nos muestran el interior arcilloso de estas fantásticas piedras .

 

 

 

Plaza de toros

 

 

Nos adentramos por estrechos callejones pedregosos, laberinto de caminos de hierba fresca, y llegamos a un circo bastante cerrado donde los lugareños celebran las fiestas y se hacen corridas de toros.

Este lugar es conocido como plaza de toros. Se dice de él que es la única plaza en España tallada en roca, aunque mi impresión es que no ha sido tallada, sino que se ha aprovechado la formación que la propia naturaleza ha hecho. No tengo certeza de que esto sea así, es la impresión que me da al verla.

 

 

Profundas grietas entre llanuras

 

Seguimos avanzando por el rojizo laberinto, a través de estrechos callejones, hasta llegar a un lugar donde las rocas se esparcen semejando a un mar de nubes petrificado.

Pero entre tanta piedra, la vegetación es abundante. No solo los pinares cubren las laderas, también encuentran acomodo en esta preciosa tierra los enebros, las jaras, y las praderas en las que ahora aparecen las primeras flores de la primavera.

 

 

Abril, 2003

M.R.B.M.