Castillo y murallas

Molina de Aragón

 

Molina de Aragón es una importante ciudad situada al nordeste de Guadalajara, capital del señorío de Molina.

Compartía con la capital, Guadalajara, la administración de la provincia, repartiendose esta entre los dos señoríos, el de Molina en la zona ESte, y los duques del Infantado el resto.

 

Murallas

 

Las primeras referencias que de sus orígenes existen, la califican de poblado celtibérico, Mediolum. Más tarde fué conquistada por los árabes y posteriormente reconquistada por Alfonso el Batallador, para convertirse en señorío de Molina en 1.152.

 

 

Torre Aragón

 

Lo primero que salta a la vista del viajero que se aproxima a la ciudad desde Guadalajara, es un cordón amurallado, rojizo, al que se denomina El Cinto, y que encierra un castillo-fortaleza de altas torres.

 

Se trata de un conjunto defensivo en el que se incluye la Torre de Aragón, que estuvo unida al resto del recinto por una muralla almenada.

Se encuentra en la cima de un cerro desde donde se domina la ciudad. Todo el conjunto ha sido reconstruido recientemente, quedando en bastante buen estado, y digno de ser visitado.

 

San Felipe. Al fondo la muralla.

 

Es una ciudad bastante cuidada, al menos en la zona que comprende el casco antiguo, y se siente orgullosa del conjunto de monumentos que alberga, iglesias, palacios y paneles de murallas.

 

 

Portada de San Felipe

 

 

 

La primera silueta que se vislumbra es la de San Felipe, iglesia de estilo barroco y neoclásico, construida en el siglo XVII.

 

 

 

Palacio de los Molina

 

Frente al él, el Palacio de los Molina, adornado con el escudo del Reino de Castilla y León, las ventanas con las tradicionales rejas y el arco del portalón, nos dan la típica imagen de construcción medieval. Hoy se ha convertido en Hotel.

 

 

Iglesia de Santa Clara

 

 

 

Más adelante encontramos uno de los más bellos rincones de la ciudad, la Plaza de Santa Clara. En ella se encuentra la iglesia de su nombre, precioso conjunto a caballo entre románico y gótico, con abside semicircular, y portada de transición.

 

 

San Pedro

 

Continuamos nuestro paseo y encontramos la iglesia de San Pedro, de estilo renacentista, y desde allí seguimos nuestro caminar hasta la Plaza de España en la que encontramos la Casa Consistorial, en cuya fachada una placa recuerda el heroico papel que esta ciudad tuvo en la Guerra de la Independencia.

No solo son los edificios de los que os hablo lo que dan a Molina su carácter peculiar. A lo largo de nuestro recorrido atravesamos calles estrechas, formadas por antiguas casonas, que sin poder evitarlo nos transportan a otros tiempos.

 

 

Casona

 

Siguiendo la calle de Arriba, nos situamos en el barrio de la judería, lugar apartado del resto de la villa, ocupado en su día, como indica su nombre, por los judíos.

Caminando por estas callejuelas, empinadas y estrechas, es donde cobra más fuerza nuestro paseo por el pasado.

Salimos por la Puerta del Baño y tropezamos con una casona en piedra, de típicas balconadas, de madera la una, la otra en forja, y desde allí por la calle Larga nos dirigimos al Barrio de la Soledad.

 

 

Arco en la muralla

 

En este barrio se encuentran restos de la antigua muralla, un torreón de esbelto arco, en cuya base se ha añadido un portalón sin el mínimo sentido de la estética ni respeto a la historia.

 

 

Ermita de La Soledad

 

 

 

Nuestros pasos nos llevan a la Ermita de La Soledad, de estilo gótico. Se encuentra en las afueras de la ciudad, aislada, y desde sus inmediaciones podemos contemplar de nuevo las murallas y la Torre de Aragón.

 

Puente romano

 

Retrocediendo, nos encaminamos al Puente Romano, tras haber bordeado el recinto amurallado y atravesado el barrio de la Morería, (nombres que nos demuestran la convivencia de las tres culturas en esta villa, judía, árabe y cristiana).

Como la mayoría de las construcciones en esta ciudad , las piedras son rojizas, ese color especial de la arenisca y la arcilla que tanto abunda por estos lugares.

 

San Francisco y la Torre Giraldo

 

No muy lejos encontramos la iglesia de San Francisco, de porte neoclásico, en una plaza que lleva su nombre, amplia, agradable, lo que da un aire diferente a esta iglesia, acostumbrados a ver el resto situadas en estrechos callejones y recoletas plazuelas.

La Torre Giraldo, del siglo XVII, acoge la Casa de la Cultura.

 

Palacio Villel

 

 

De nuevo en el casco antiguo, encontramos el Palacio de Villel, con fachada de piedra, portal almohadillado, y rejas de forja, coronada con friso en el que se cobija el escudo, y un piso superior donde se alinean ventanales arqueados, en cuyas bases, formas circulares le proporcionan un estilo singular.

 

 

Antiguo San Miguel

 

 

No esta la única casa palacio que encontramos. En este mismo recinto, el Palacio de Montesoro y el de los Arias, nos aproximan a la antigua Iglesia de San Miguel, de portada plateresca, y en la que se han construido viviendas a ambos lados de dicha portada.

 

 

 

Torre de San Gil

 

Santa María la Mayor de San Gil es la iglesia principal de la villa.

Su origen románico no ha dejado huella. Tras varias reformas, sufrió un incendio, siendo reconstruida en 1.924.

 

 

Fachada del Placio del Virrey

 

 

Por la calle Tejedores llegamos al Palacio del virrey de Manila, recogido en una rinconada, y del que destaca la fachada, en la que unas semiborradas pinturas al fresco nos recuerdan a Manila y su puerto.

Torre de San Martín

 

 

 

 

Más adelante, encontramos la más antigua iglesia de la ciudad, la de San Martín , de la que se dice se remonta a épocas romanas, y que actualmente se encuentra en recuperación.

 

 

M.R.B.M.