Casona en la Plaza Vieja

Zaorejas

El pueblo de Zaorejas Se está conviertiendo en uno de los centros neurálgicos del Alto Tajo. Como la mayor parte de los pueblos de nuestro país, está sufriendo grandes cambios. Lo "rural" está de moda, afortunadamente, desde mi punto de vista. Este cambio lo podemos apreciar en sus casas restauradas, en sus calles y plazas recientemente pavimentadas , etcétera,

No hace mucho visité este pueblo, un día de invierno, en el que me sentía algo melancólica, y sus callejuelas me hicieron pensar profundo. A veces es bueno dar rienda suelta al espíritu y permitir que la mente vague.
Así fue Zaorejas aquel día, el instrumento para dejar volar al imaginación. sus solitarias calles, el día gris, aquellas mujeres ataviadas a la vieja usanza, y aquel perro que se unió a nosotros y nos acompañó durante todo nuestro paseo, como si se tratara de un guia, contribuyeron a conformar un estado de ánimo especial, que aún recuerdo.

Hoy, también un día algo oscuro, vuelvo a visitarlo. Las obras de la plaza han terminado
Y quizás mi estado de ánimo, más alegre, menos melancólico que aquel día, me haga verlo con otros ojos.

Callejón de la Iglesia

Es Semana Santa, y las calles entonces solitarias, hoy están llenas de gentes que vienen a pasar aquí unos días. Hay más vida y parece que a pesar del cielo nublado, hubiera más luz.

Lo más destacable de este pueblo son: sus dos plazas principales, la Vieja y la Nueva, y la Iglesia.

La Iglesia se encuentra medio escondida en un amasijo de casas, que, por otra parte no resulta desagradable. Es ese estilo apiñado de los pueblos medievales, en los que las calles se hacían estrechas, para resguardarse del frío en los duros inviernos de esta zona. De este modo, la entrada principal de la Iglesia se encuentra tras subir una escalera de piedra y verdín. Parece ocultarse como si este recogimiento la hiciera más venerable. No es de una arquitectura llamativa, pero ese lugar, recóndito y sereno tiene algo de especial.

Continuamos nuestro paseo, un poco a la deriva, y acabamos en la Plaza Nueva.

Arco en la plaza Nueva

 

Ya han terminado las obras y está como una joven vestida de gala. Las piedras de las fachadas aún no han cogido la pátina del tiempo, y realmente parece nueva. No lo es tanto, si nos fijamos en los arcos de las puertas de sus casas, sin poder eviatarlo nos sentimos transportados a épocas medievales.

Desemboca en esta plaza un callejón, muy típico de estos pueblos, con techumbre de vigas de madera. Es una construcción muy alcarreña, lo hemos visto en muchos pueblos de Guadalajra y Cuenca, y he de decir que a mí, personalmente, me gusta mucho.

 

 

La Plaza Nueva

 

Las casas remodeladas, han conservado sus rejas de hierro. En los balcones y ventanas abunda la forja, a veces florida, otras sóbria, la típica reja de cuadros lisos con penacho, que tanto abunda en los pueblos castellanos.

En el centro de la plaza, no puede faltar la fuente de piedra, y el pavimento se ha hecho igualmente en adoquines de piedra.

Pero los coches abundan, y eso quita belleza a este coqueta plaza.

Aquel día en que la visité, cuando el pavimento estaba levantado, la soledad de esta plaza me caló hondo. Hoy es festivo, pero pienso que quizás otro día, cuando el pueblo esté dedicado a sus labores, este lugar cobre alma propia y sus fachadas puedan hablarnos sin que lo impidan los vehiculos.

 

Plaza vieja

 

Atravesamos una calle igualmente de casas antiguas , en la que al final encontramos un abrevadero. No es habitual encontrar estas construcciones en pleno casco urbano. Un alargado pilón de piedra, por donde corre el agua limpia y transparente.

Poco después, la Plaza Vieja nos muestra el Ayuntamiento y una casona, más antigua, o al menos así lo parece. La fachada en piedra, nos habla de los años transcurridos desde su creación, la piedra se redondea y su aspecto menos perfecto nos hace pensar que aún se conserva en su estado primitivo.

 

 

Iglesia

Caminamos sin rumbo, en este laberinto de callejuelas estrechas de sabor rancio y encontramos la torre de la iglesia casi por sorpresa.

Desde este punto su imagen es mucho más clara. Puede que sea por esta puerta por donde se acceda en la actualidad.

Igual que en la Plaza Vieja, la piedra de sus muros tiene esa pátina que solo la dan los años.

Nos alejamos de ella y tomamos de nuevo dirección a la Plaza Vieja. Desde allí, un carril se dirige al campo. Queremos buscar algo especial.

En menos de un kilómetro, caminando por una estrecha pista de hierba aún verde, descubrimos nuestro objetivo, el acueducto romano.

 

Acueducto romano

 

A lo lejos , en una amplia pradera, entre colinas verdes, rodeado de rosales ahora sin flores, una mole de piedras atravesada por la ocquedad de un arco perfecto, nos cuenta la historia de este lugar. Por aquí anduvieron los romanos...

 

Uno de los atractivos de este pueblo, y puede que sea uno los principales motivos de su auge, lo encontramos en sus alrededores. A pocos kilómetros de él, el Tajo se enseñorea y forma una de las hoces más bonitas de su recorrido. No la más profunda, pero para mí sí la mas hermosa. Antes de llegar al Puente de San Pedro, a unos cinco kilómetros de Zaorejas, la hoz del Tajo encierra varias cascadas, la Escaleruela, dificil de ver en su máximo esplendor, pero siempre hermosa, incluso cuando no lleva agua, debido a la formación tobacea que origina. Las filigranas de la Peña Horadada, la fuente de la Toba y sus casacadas, los numerosos acantilados que forman este recorrido hasta llegar al puente de Poveda, y en sentido opuesto, la presa de la Herrería, y la cascada del Campillo, los meandros profundos del Tajo, y en general, todo el entorno hacen de este lugar la delicia de los amantes de la naturaleza.

De todo esto os hablo en mi apartado de senderismo sobre el Alto Tajo, en él podréis comprobar la belleza de estos .lugares.