El Circo de Pineta ( Pirineo aragonés)El Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido se encuentra en los Pirineos Centrales, en la provincia de Huesca. Bien, eso es conocido por casi todos... Pero ahí va... para quién no lo sepa. Y para estos, que son los que no lo conocen, ahí les va la primera toma de contacto con una de las zonas más bonitas del Parque, el Valle de Pineta.
Llegamos al aparcamiento, atiborrado de coches, y "huimos" a buscar la pista que nos llevará a los Llanos de La Larri. La subida es cómoda, y rápidamente encontramos la placidez de la soledad de la montaña. Podemos mirar alerdedor y pausadamente contemplar el circo.
El valle a lo lejos, y al fondo esos picos afilados que parecen querer agujerear el cielo. Me dicen que son los picos de La Ventana, porque se asoman a ambas vertientes, a la española, en la que estamos, y a la francesa, la que no vemos. Realmente, esos picos que sobresalen entre los demás, agudizadas sus puntiagudas cimas por la llana línea del Balcón de Pineta, son los Astazus. Junto a ellos está el mirador de Pineta y más allá... pero vamos por partes.
La subida se abre paso por un abetal en el que se mezclan las hayas, ahora troncos desnudos y blanquecinos que esperan unos meses para ser la delicia del senderista. Al fondo corre el Zinca, y más arriba, entre rocas, se despeñan los arroyos que lo alimentan, entre ellos el de La Larri.
La roca caliza se deshace con las aguas, y en un punto, a la derecha del camino, encontramos una cascada, y a su vez, su caida produce oquedades que llaman marmitas de gigante, por donde el agua se cuela y corre a salir al otro lado de la pista. Seguimos subiendo, con la mirada puesta en los picos que se ven al frente, por la pista nevada, esperando la cascada que La Larri forma en su caminar hasta el Valle. Es una bonita caida, de belleza mermada por la valla que han puesto como protección. Hacemos las fotos de rigor, y continuamos subiendo.
De repente un estruendo parece abrir el cielo. Volemos la mirada al fondo, a las laderas del macizo de Monte Perdido, y ahí está la sorpresa, un rugido nos indica el punto a donde mirar, el lugar en donde una blanca cascada de nieve se desprende de lo alto de la ladera, salta al vacío y tropieza en un saliente, una pequella llanura que la rompe y abre como la hermosa cola de un traje de novia. Son unos instantes de incredulidad, de admiración, de sorpresa, a los que le siguen la inmobilidad para ver caer los restos de esa nieve que ha rodado desde arriba, una simple bola formada por alguna piedra suelta, una pequeñez que se ha ido agrandando con la nieve gruesa, rodando y creciendo, arrastrando a su paso primero el poco y después el mucho, la gran avalancha, el alud que cae, rompe el silencio y se desploma.
Un vacío en el pecho, un sin palabras, y la apreciación de lo insignificantes que somos ante esta imponente naturaleza. Continuamos caminando, hasta llegar a la herbosa pradera de los Llanos de la Larri. Desde aquí el circo se presenta al completo. A lo lejos, la Punta de las Olas, le siguen acercándose, las Tres Sorores, es decir, el Soum de Ramond, Monte Perdido, que desde aquí apenas le vemos, y El Cilindro. Le sigue el Balcón de Pineta y los dos triangulares, los Astazus. Detrás de este cordal, más allá del Balcón de Pineta, se encierra una de las joyas del Pirineo, el lago helado de Marboré.
Desde este punto en el que estamos, la cumbre del Monte Perdido apenas es visible, y nos cuentan el por qué de su nombre. Este es el motivo, es un monte perdido, escondido, a pesar de sus 3.355 metros. Es el tercer pico del Pirineo, superado por el Aneto, 3.404, y el Posets, 3.375. Fueron muchos los intentos de llegar a su cumbre sin conseguirlo, porque cuando estaban a sus pies, desaparecía. Hay referencias que no dejan claro quién fue el primero en llegar a su cumbre, pero lo que sí está claro es la dificultad en hacerlo, la dificultad en encontrarlo, por eso era un monte perdido.
Los Llanos de La Larri son una hermosa pradera, que si se atraviesa nos muestra una cascada, que hoy no visitaremos por falta de tiempo. Es un lugar para recrearse como lo estamos haciendo, para mirar al paredón de las laderas de Monte Perdido, y para de nuevo, sobrecogernos con el estruendo de otros dos aludes, iguales que el anterior, pero esta vez, mejor contemplados, desde el comienzo, con la incredulidad de haber visto, por tres veces consecutivas, lo que pensabamos que no veríamos nunca en nuestra vida.
Nos alejamos del lugar, callados, sobrecogidos, impresionados, y comenzamos a bajar por el sendero que atraviesa el bosque en donde aparecen acebos entre las hayas y los abetos. El msugo cubre los troncos, el sendero se empina, se retuerce, descubre las raices de las hayas y se precipita al valle, en donde nos espera el Parador Nacional de Bielsa. De nuevo al bullicio del aparcamiento, la observación de la ladera cubierta de piedras grises, la morrena del viejo glaciar, y recortando el cielo, una línea de agujas afiladas como encaje rematando esta maravilla.
Una última mirada al circo, al Mirador de Pineta y un pensamiento, algún día, lo cruzaré y veré el Lago Helado de Marboré.
M.R.B.M.
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