Subida al collado del Pico de los Monjes
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Estación invernal de Astún
(2.700 m). Comienzo de la ruta.
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Pirineos, como siempre ocurre en la naturaleza, no sabe de fronteras,
no sabe países, no sabe de lenguas... Así, ahora
que Europa es una, o casi, las barreras han caído, los
policías fronterizas han tenido que cambiar sus destinos,
solo a veces encontraremos las viejas casetas y rara vez alguien
en ellas.
Así, el paso de un país a otro ocurre sin darnos
cuenta, más aún si esto lo hacemos por las montañas,
que no entienden de fronteras, de administraciones, de idiomas...
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Sierra de Aisa. En el centro el Pico Aspe.
(2.640 m)
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Ayer comenzábamos la ruta en el Portalet,
antiguo puesto fronterizo, que puede que aún conserve los
viejos edificios, pero... nosotros solo vimos el aparcamiento.
Hoy nos vamos a Astún, una estación
de esquí con sus edificios de apoyo, y todo lo que esto conlleva,
postes eléctricos, asfalto, coches... pero poco durará
para nosotros. Dejaremos atrás todo esto, veremos a lo lejos
los remontes y tomaremos la dirección contraria, donde un
río forma un barranco mas o menos profundo por donde corre
el agua clara como el cristal, fría como la nieve, azul como
el cielo que refleja.
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Arroyos en el Barranco del Escalar
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Comenzamos a subir una empinada cuesta por el barranco
del Escalar, que es el nombre de este río y del ibón
que encontraremos al final de la subida.
A pesar de que acaba el verano, la hierba sigue
verde, mullida. El camino no tanto puesto que es pedregoso, algo
incómodo por esa gravilla suelta que hace que tengas que
poner atención en los pies para no resbalar.
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Ibón del Escalar ( 2.078m ). Al
fondo el pico Aspe.
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Ya desde el aparcamiento, las vistas de la sierra
de Aísa son preciosas. Ahora, sin edificios no postes eléctricos,
son una gozada. Apenas los miro. Quedan a la espalda, y mi atención
se concentra solo en la subida. Todos sabéis como me esfuerzo
en subir como todos. Últimamente estoy satisfecha conmigo
misma. Por supuesto que me cuesta, pero ahora subo mucho más
integrada en el grupo. No puedo creerlo. Un paso tras otro, ascendemos
y aún puedo mirar a mi alrededor, a los arroyos que como
culebrillas de plata rompen el verde suelo. Las plantas rastreras
están cambiando el color y sus tonos rojizos y pardos iluminan
el camino.
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Col de Moines (Collado de los Monjes)
2.167 m
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Casi sin darme cuenta estoy arriba, en una llanura
donde reposa el ibón Escalar. No es grande, pero sí
muy bonito, como todos los lagos y lagunas, que reflejan el cielo
azul en sus aguas. Lo rodeamos y en su lado norte volvemos la vista
atrás. Ahora si que la sierra de Aísa se muestra preciosa.
El pico Aspe en medio. Y otra vez propósitos "en cuanto
pueda iré a conocer el Aspe de cerca, aunque no suba a él,
aunque solo sea como ayer con el Anayet, pero tengo que verlo"
Y otra vez a soñar despierta.
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El Midi d'Ossau (2.884 m). En primer plano
el Peyreguet (2.488 m)
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Aún queda algo de subida hasta el collado.
Es más suave que la anterior y no me cuesta hacerlo. Alguien
comenta que hemos superado unos 500 metros de desnivel en hora y
media y en menos de tres kilómetros. Me siento bien, muy
bien...
Ahora subiremos a la cumbre del Pico de los Monjes
o Pic des Moines. Estamos en Francia. Y como os decía al
principio ¿donde está la línea que lo marca?
Esto es lo más hermoso, la naturaleza no entiende de fronteras.
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Praderas en el collado de Los Monjes.
Al fondo los Pirineos Franceses.
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Desde este collado no vemos el pico. Nos reunimos
todos y nos aclaran la situación. La subida al pico es fácil.
Primero, caminaremos a media ladera en suave ascenso hasta un segundo
collado, y desde él por una subida más fuerte y algo
rocosa llegaremos al vértice. Hay poco tiempo. Tenemos que
regresar a Madrid y no es eso solo, hay que estar en Jaca a una
hora exacta. Por lo tanto la subida será rápida y
no pararemos casi arriba.
Algunos optamos por no hacerlo. En mi caso sé
que hoy puedo. No tengo miedo a la subida. Pero deseo disfrutar
de eso que estoy viendo. Desde el collado, una pradera inmaculada,
un pequeño ibón en el centro, alrededor los picos
de Pirineos, tanto españoles como franceses, y la guinda
del pastel, al frente, casi a un tiro de piedra, el Midi d'Ossau,
con su vecino Peyreguet más cerca aún de nosotros.
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Pico de los Monjes ( 2.347 m)
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Contemplar con calma esta imagen es una tentación
mucho más fuerte que subir a la cumbre del Pico de los Monjes.
Desde el collado, sale un camino muy trazado, casi llano que lleva
a la línea donde comienza el valle del lado francés.
Un valle profundo, como todos los de la zona. Tomo este camino en
soledad. No deseo más compañía que mis pensamientos,
que son escasos, todo mi cerebro está lleno de imágenes
que quiere guardar grabadas a fuego, para no olvidar nunca, para
que estén siempre ahí.
Caminando despacio, contemplo esta cresta por donde
han ido mis compañeros, el collado, y al fin el Pico de los
Monjes, con colores rojizos de la arenisca de sus rocas.
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Bajando por el Barranco del Escalar
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Miro el horizonte lejano, recuerdo mi salida al
Midi, hace un año, y veo que está tan fresca en mi
memoria como si acabara de hacerla: el Midi, muy distinto de este
que veo ahora, el refugio de Pombie, la pedrera, la bajada por el
arroyo, el hayedo... todo está ahí abajo. Igual quiero
que quede este recuerdo para más adelante. Y así vuelvo
pasos atrás, la mirada queriendo retener todo este mundo
de sueños.
Llego al collado de nuevo, me siento en la fresca
hierba, respiro hondo el aire limpio y puro y miro una y otra vez
al Midi. Hoy mucho más feliz que el año anterior.
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Color en las praderas
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Tengo deseos de soledad. Pronto vendrán mis
compañeros, los que han subido al pico. Decido bajar al ibón
sin esperarlos. La cita es en el collado o allí, en el ibón.
El grupo que no ha subido está repartido en los dos puntos.
Bajo sola. Este paseo tranquilo, empapada de montaña
pura y dura, sin nadie que rompa esta paz, me parece un lujo sin
precio. Deseo sentarme junto al lago, mirar sus aguas, oír
el silencio...
De nuevo reunidos, comenzamos a bajar. Llegamos
al borde de la llanura donde se asienta el ibón y miro el
valle en forma de U, típico valle glaciar. No puedo creer
que haya subido esta cuesta, este cuestón... Es cierto lo
que dice mi amiga Encarnita, "en Pirineos las cuestas son así",
y pone su mano casi vertical. Es cierto, son las típicas
cuestas de los valles glaciares. Pero bajar no importa, y ahora
disfruto de los colores del otoño, de las rocas que rompen
las praderas, de la Sierra de Aísa con su Pico Aspe, del
sol radiante de este día que despide el verano... de mis
deseos de volver a la mínima oportunidad, y a ser posible,
¡con nieve!
M.R.B.M.
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