Todos los que conocéis esta página sabéis
mi gran cariño por el Alto Tajo. Son muchos los motivos
que tengo para ello, pero sobre todo me cala muy hondo su virginidad,
lo salvaje de la mayor parte de los lugares que he visitado, en
los que no suelo encontrar a nadie. Son lugares que antaño
dieron vida, principalmente con la ganadería y ahora se
ven solitarios, a veces algún aldeano o pastor nos ha contado
cómo se ha reducido el número de habitantes, cómo
los recursos van mermando, la personas se vuelven ancianas y abandonan
lo poco que quedaba de vida, las tiendas en donde se podía
encontrar de todo se han cerrado como consecuencia de la avanzada
edad de sus dueños y el poco rendimiento. Concretamente
en Ablanque, en un momento inolvidable, junto al puente romano,
lugar idílico, rodeados de un rebaño de ovejas,
el pastor nos hacía estos comentarios.
El pueblo de Ribas de Saelices es pequeño, encantador,
con su torre presidiendo el cerro según nos acercamos.
No lejos de él está la Cueva de los Casares, junto
a un pequeño embalse, justo el punto donde se inició
la catástrofe. Este embalse se surte de las aguas del río
Linares, no es un río profundo, pero sus aguas transparentes
nos acompañaron la mayor parte de la ruta.
Hasta llegar al lugar donde se encuentran los Puntales de los
Milagros, es una pista rodeada de pinares entre los que emergen
las rocas rojizas de arenisca. Rebasada la explanada desde donde
se divisan los puntales, el río se introduce en una garganta
en la que hay construcciones ganaderas, algunas en desuso. Es
un camino pizarroso, más árido que el anterior y
que nos lleva hasta otro valle, de nuevo cargado de arboleda,
y por el que llegamos a Santa María del Espino. Cerca de
este pueblo encontramos la Cueva de la Hoz, muy conocida en los
ámbitos espeleólgos.
Todos los alrededores de esta ruta son preciosos. Pinares la
mayor parte, se mezclan con quejigos y robles, más escasos.
En el sotobosque crece la jara y el tomillo en abundancia. En
el tramo más árido del Linares, el suelo está
sembrado de tomillo que impregna el aire de su aroma a nuestro
paso. La menta de río crece en su cauce y a poco que movamos
el agua nos deleita con su olor refrescante.
La carretera que une Ribas con Ciruelos es un pinar que en otoño
mezcla el color verde con el ocre de los quejigos y los robles,
y se alfombra de brezo rosa.
¿Que quedará de todo esto? Creo que debí
decir: crecía la jara y el tomillo, impregnaba el aire
de su aroma, nos deleitaba con su olor refrescante y se alfombraba
de brezo rosa...
Ahora... lo hemos perdido. Perdemos tantas cosas en la vida...
Pero esto podía haberse evitado. No más fuegos en
los montes. No más barbacoas. No matemos nuestra propia
vida.
Os propongo contemplar algunas imágenes de esta zona.
Podéis ver la ruta que describí en su momento en
http://www.andaduras.com/at_milagros.htm
Charo Bustamante