Puerto de la Cubilla -Robledo de Caldas

Puente colgante en el Pantano de Luna

La comarca de Los Barrios de Luna, es tan hermosa como el nombre con el que fué bautizada.

Para subir al puerto de La Cubilla, la carretera se retuerce entre espesos robledales apenas nos dejan ver más allá del bosque. Solo a veces los picos de la Cordillera Cantábrica sobresalen altivos. Podría decir que no sé nada de estos montes. Solo que nos dirigimos a la zona de Peña Ubiña, pero esta se quedará lejos. De todos modos, deseo verla aúnque sea de lejos.

Vana ilusión. Cuando llegamos al final de la zigzagueante carretera, las nubes cubren las montañas, hace frío, y lo que podemos ver es el precioso valle que hemos atravesado, en el que la carretera se retuerce como una cuerda plegada.

Praderas junto a Casa Mieres.

Caminamos por la carretera hasta llegar a la Casa de Mieres. Este lugar es un refugio para los pastores asturianos, que vienen a estas tierras a trabajar en los puertos que alquilan a los leoneses. (Para quienes no lo sepáis, un puerto en estas tierras es una parcela de pastos)

La collada donde se sitúa la Casa de Mieres es una bellisima pradera rodeada de montañas, y en medio de ella una ermita pequeña. Comenzamos a caminar por tan mullida alfonbra, cada vez más húmeda, cada vez mas mullida. La atraviesan pequeños hilos de agua, la salpican lagunillas que brillan con la luz de un sol esquivo que solo se muestra por los resquicios de las nubes.

Podrían ser el Alto de la Pica y el Muñón del Agua

A nuestra izquierda sobresale un pico puntiagudo, entre brumas, en donde el sol juega a vestirlo de colorines. No puedo dejar de mirarlo. Tiene un atractivo especial. De poco sirve este camino de hierba fresca, este arroyo que se desliza suave hasta la vaguada. Mi mirada se obstina en él, en sus luces y sus sombras, en estas nubes que van y vienen. Casi sin darme cuenta estamos en el fondo del valle, atravesando el Arroyo del Puerto que ahora es más ancho, vadeando por piedras inseguras, frente a un repecho pronunciado que nos situa en la otra ladera del valle. Atrás quedan las nubes, ahora el sol se abre paso y las brumas comienzan a esfumarse.

Desde aquí las vistas son magnificas. Es una cuerda recortada, a lo lejos, sobre la primera línea de montes llenos de flores.

Valle Feliz

Llegamos a la parte más alta de esta ladera y caminamos por un senderillo junto al río que salta en cascaditas ruidosas. Aparecen los primeros lirios, que no son otra cosa que un anticipo de lo que nos espera. Estamos bordeando el Negrón de la Cubilla.

La sorpresa es magnifica. El valle por donde se abre paso el Arroyo del Puerto es una preciosidad. Estamos en Valle Feliz. Realmente merece ese nombre. Poco puedo deciros. Añadid a la imagen el juego del sol y las nubes cambiando en cada momento el aspecto del lugar. Como no puede ser de otro modo, camino con la mirada fija en el valle, hasta que un cambio en el camino, me transporta a otro sueño. Una pradera llenas de narcisos de una altura considerable, prescioso jardin que solo lo cuida la madre naturaleza...

Narcisos. Comparadlos con la pierna del caminate. Son enormes.

Nos detenemos un rato en este lugar idílico, pero hay que continuar.

De nuevo rodeamos la montaña, llegamos a la Collada de Campomaloso y encontramos un valle similar al anterior. El Valle del Cubil. De nuevo la pradera atravesada por el rio serpenteante, hilo de plata que borda filigranas en el terciopelo verde, encajonada en montañas agrestes y escarpadas.

Valle cuajado de narcisos.

En un rincón de este valle, la Majada de la Cazurria nos muestra una cabaña típica leonesa. De todos es conocido el vocablo de "cazurro" y poco nos paramos a pensar en su significado. En este punto, nuestro guía nos lo explica. Son los pastores trashumantes quienes dieron origen a esta palabra. Eran gentes calladas, solitarias, más compeñetradas con sus ganados que con sus congeneres, quienes en sus viajes, transportando enseres en los carros, llevaban cazos colgados. De ahí que a la gente huraña, solitaria, se les dijera cazurros. Y siento que algo me une a esta gente. Que la palabra cambia de significado. Que ya no es algo despectivo lo que me sugiere, sino algo entrañable, distinto. Y tengo en mi mente la imagen del pastor en estas hermosas tierras. Para nada necesita del resto del mundo, si aquí lo tiene todo. Todos deberíamos conocer estos lugares.

Valle del Cubil.

La ruta continúa ahora por suelo pedregoso, salientes calizos recortados en mil formas, praderas que se entremezclan con ellos y al final otro refugio, el de Fontanales.

Hacia el refugio de Fontanales.

Damos vistas a la vertiente opuesta, a otra cuerda de recortados picos, otro valle precioso, pero antes nos acercamos a una especie de torca. Un pozo profundo en donde la nieve dura casi todo el verano.

Pozo de Fontanales

De allí poco nos queda para el final. Una pista que nos va acercando poco a poco a un valle profundo en donde el pueblo de Robledo de Caldas destaca como una mancha de tejados rojos.

Fontanales

Es un lugar maravilloso. Es cierto que la vida en estos pueblos debe ser dura. Pero para los que vivimos rodeados de hormigón, no podemos evitar envidiar estos lugares, rodeados de montañas recortadas, verdes praderas y junto al pueblo, las parcelas delimitadas por vallas de espinos que ahora se cubren de blancas flores diminutas, como copos de nieve caidos de las montañas.

Robledo de Caldas

De nuevo nos ponemos en marcha por la carretera hacia el pantano de Luna. Aún tras los cristales podemos deleitarnos con este magnifico entorno. Las aguas del embalse, rodeadas de montes verdes, están atravesadas por un puente colgante de grandes dimensiones que produce una preciosa imagen.

Junto a Robledo de Caldas

Realmente es un lugar precioso.

Mayo 2.006

M.R.B.M.