La Atalaya de AlcudiaHoy nos dirigimos al extremo más oriental de la sierra de la Tramontana. A uno de los lugares con más renombre por sus magnficas playas. Alcudia y Pollensa.
Comenzamos a caminar junto a la ermita de La Victoria. Ya desde el comienzo nos asomamos al mar. Allá a lo lejos, cerrando la bahía de Pollensa, el cabo de Formentor se interna en el Mediterraneo. Recuerdo mis anteriores visitas a esta punta, escarpada, agreste, desde donde las imágenes de la costa son magníficas. Esta vez no podré visitarlo. He cambiado el coche por las botas de montaña, y realmente esto que veo no le va a la zaga.
Nuestra ruta de hoy es un espectáculo en el que contemplaremos una imagen insólita. Ambas bahías, la de Alcudia y la de Pollensa, en un mismo plano. Pero para ello hemos de salvar un buen desnivel atravesando un pinar que nos dará sombra. Al abandonarlo, llegamos a un collado desde donde veremos la bahía de Pollensa como imagen constante durante casi toda la subida. Se ha terminado la sombra, el sol cae de lleno. Estamos en septiembre, pero aún alcanzamos los 28 o 30 grados, que unidos a la humedad del mar hacen el día algo sofocante. Afortunadamente, aquí sentimos la brisa que pasa de un lado a otro de la montaña.
Subimos por un pedregoso camino, bordeamos una pared rocosa y encontramos unos burros junto a ellas, muy reacios a apartarse del camino. Francamente, no me extraña, es estrecho, apenas cabemos animal y persona, y a pesar de que los burros tienen fama de tontos ¿? este que está atravesado en el camino se resite a dirigirse a la empinada ladera, es probable ¿? que sienta vértigo . Superado el animal, continuamos subiendo hasta la cima del pico. La Talaia d'Alcudia es un monte no muy alto, solo 446 metros, pero desde ella las vistas son impresionantes. Un istmo que separa las dos bahías y a la vez casi une las dos ciudades.
Y aquí paramos a pensar un poco en este lugar, en este paisaje salpicado de casas, que, en nuestras visitas de turistas que nos movemos de un punto a otro por carreteras impersonales, no reparamos en la realidad que nos rodea. A veces he leído sin comprender muy bien que era en Alcudia donde se levantó la antigua Polentia romana. Este cambio de denominación me confundía. Ahora puedo deciros que realmente la Polentia romana se encontraba muy cerca de la actual Alcudia, que toma este nombre debido al musulmán Al-Kudi, poseedor de estas tierras, que más tarde serían del rey Jaime II y que este mandó contruir la ciudad actual. Mucho podríamos hablar de Alcudia, pero en nuestra ruta, de senderismo, solo la veo de lejos. Solo, y nada más ni nada menos, veo la media luna de su bahía y la recuerdo como una de las playas más atractivas de Mallorca.
En cuanto a Pollensa, o Pollença, es lugar donde se encontraba el puerto que fué fenicio, cartaginés, egipcio, romano, musulmán, aragonés... hasta nuestros días que sigue siendo un puerto importante, y muy turístico de donde salen los barquitos a Formentor y otros puntos de la costa. Igualmente con unas playas estupendas.
Bien empapados los sentidos de estas imágnes, retrocedemos por nuestros pasos hasta el collado y desde él comenzamos una bajada vertiginosa. El sendero es pedregoso, de cantos sueltos, y se abre paso en una empinada ladera que aquel que tenga vértigo, mejor no la mire... Es un camino estrecho, zigzaguenate, que acaba pareciendo interminable con tantas vueltas y revueltas bajo el sol y el calor sofocante. Los excasos árboles que se atreven a sobrevivir en este calizo terreno no mitigan este ambiente seco y además en esta ladera no sopla ni un poquito de brisa que nos refresque. En un punto el camino se ensancha, se atenúa la inclinación del terreno y al fondo podemos observar la cala que venimos buscando, la de Coll Baix.
Vista desde la alturas es un atrayente lugar que te hace pensar y desear tener alas y volar hasta ella. Pero hay que bajar hasta un colladito y de allí, ahora con buena sombra, acercarnos a esta playa a la que solo se accede por mar o caminando. No es tarea fácil llegar a ella. Casi a su nivel, los caminos aparecen a uno y otro lado, confundiendonos y haciendonos pensar por donde seguir. Llegamos a un pequeño acantilado. Las rocas que se precipitan al mar nos hacen dudar si es el camino correcto. Pero si, este es el modo de bajar. Salvar esta maraña rocosa como mejor podamos. Reconozco que no lo esperaba pero al fin, aquí estamos en la cala que solo está ocupada por un yate y sus inquilinos que toman un buen baño.
Se impone el regreso. Dejamos la playa y subimos de nuevo al collado para tomar una cómoda pista que nos hace olvidar la bajada de esta mañana. No todo va a ser tan cómodo. Prondo la abandonamos para adentrarnos en el bosque y subir por un barranco hasta un nuevo collado. Tras superarlo, con la vista puesta en las cabras que pastan por las laderas, descendemos camino de Alcudia. La bajada ahora es cómoda, sin un desnivel excesivo, y casi cuando la hemos completado, de nuevo contemplamos el mar, la bahía y los montes del cabo Ferrutx, que junto con el de Menorca, del que venimos, conforman esta mgnífica bahía. M.R.B.M.
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