Abantos y Pozo de la Nieve

Embalse de el Tobar

El pico de Abantos es uno de los montes míticos de la sierra madrileña. Junto con las dos cumbres de Las Machotas sirven de marco al Real Sitio de El Escorial, ese lugar de descanso y divertimento de monarcas y séquito en siglos pasados, que hoy se ha convertido en el lugar de veraneo y residencia de afortunados.

Cuerda de Majalasvacas

Los montañeros visitamos estas cumbres con otras intenciones. Descubrir hermosos parajes, amplias panorámicas, y, perdonarme los que venís a El Escorial, desear que esas casas que invaden el valle no estuvieran ahí. Pero debo reconocer que todos tenemos derechos, están ahí por algo y punto. Pero cuando miro al valle pienso en lo precioso que estaría hace siglos, incluso antes de construirse el Monasterio y venir a él la aristocracia.

Mirador de la Cruz de Rubens. Al fondo Las Machotas

 

Comenzamos a caminar junto al embalse de El Romeral, por unas escaleritas que suben por su orilla derecha, a nuestra izquierda según subimos, y nos introducimos en un espeso pinar por una senda que zigzaguea, con la crestería de la Solana de Enmedio a lo lejos, nuestra derecha.

En la Cruz de Rubens

Caminamos despacio, subiendo la serpenteante senda hasta cruzar la carretera que llaman Segundo Horizontal, por ser prácticamente llana, y después de subir por la empinada pendiente, nos desviamos a una pradera cubierta de nieve. Al comenzar a caminar parecía que no nos iba a acompañar en este día. Aquí está preciosa, solo este rincón la tiene. En medio de ella una fuente, rodeada de los esqueletos de fresnos que retuercen sus ramas. Nos detenemos a beber de su agua fresca y picotear un poco. El lugar es propicio a ello, y sin poder evitarlo pienso en un día de verano en esta pradera.

Cruz de Rubens

Lo más destacable de este tramo sería el grupo de hayas que crecen en él pero que no son fáciles de ver. Están entremezcladas entre los pinos, y solo a veces vemos los troncos pelados por el invierno de alguna de ellas. No obstante el suelo está alfombrado con sus hojas. Las buscamos en vano. Debe haberlas traído el viento. Y pienso que sería una buena opción, en los calurosos días de verano, cuando caminar se hace algo pesado por las altas temperaturas, venir a estos lugares y buscarlas bajo la protección de las sombras del pinar. Al mismo tiempo volveríamos a la pradera de la fuente de La Concha, a disfrutar de sus praderas.

Cumbre de Abantos

Dejo de hacer proyectos y vuelvo a la realidad. A continuar por el camino del Trampolón hasta llegar a la pradera que antecede al Puerto de Malagón. Es una gran pradera desde la volvemos a contemplar los riscos de la Solana. Al terminar la pradera aparecen la carretera y los coches. Aquí hay más nieve. Estamos más altos y su presencia adorna el lugar.

Cuerda de Abantos

Frente a nosotros el Embalse del Tobar, un triángulo de masa helada que brilla al sol. Nuevo proyecto de ruta. Al fondo, al otro lado de la carretera, la cuerda de Majalasvacas salpicada de nieve.

Continuamos paralelos a la carretera hasta encontrar una pista con un cartel que nos indica la Fuente del Cervunal. Está completamente cubierta de nieve. Creímos que no íbamos a verla y aquí está, radiante como el traje blanco de una novia.

Hacia la portilla del Pozo de la Nieve

Por ella llegamos al mirador de la Cruz de Rubens. Puede que este sea desde este punto donde el Monasterio de El Escorial tenga su mejor vista. Por algo lo eligió Rubens para pintar su cuadro hace unos cuatro siglos. Y estas piedras siguen en el mismo lugar. Seguro que han cambiado, seguro que la panorámica también ha cambiado, pero también es seguro que nosotros estamos en el mismo lugar que tan insigne persona, contemplando la inmensa llanura, Las Machotas, el Monasterio, y lamentando que la neblina no nos deje ver con nitidez este infinito.

La subida a Abantos está muy próxima. No es fuerte. A nuestra izquierda el pinar, sobre él la cumbre con su vértice geodésico y a la derecha un enorme vacío que baja al valle por la Solana de la Penosilla.

Pozo de la Nieve

El sendero es pedregoso, pero casi sin darnos cuenta estamos arriba, junto a un panel que anuncia nada, que lleva ahí toda la vida, molestando la vista con su color estridente, junto a los escombros de una derruida edificación y recordando la desidia de nuestros dirigentes que no ponen remedio a tal atropello. Me siento indignada y miro al fondo, donde la cumbre me invita subir y olvidar este espectáculo deprimente.

¡Que magnifico planchazo¡

Pasamos un buen rato en ella, junto a la cruz de hierro desde la que se ve la cuerda de Guadarrama. Lejana, blanca por las cumbres de nieve y en buena parte cubierta por un manto de nubes que se deslizan en cascada hasta el valle. Al fondo destacan las cumbres de Peñalara, radiante, Guarramillas, Maliciosa, y las nubes que cubren Siete Picos. Más allá el Montón de Trigo más despejado. La bruma es espesa en la zona de La Pedriza y entre ella adivinamos la silueta del Yelmo. Aquí el sol es claro y limpio. Solo hay brumas en el valle.

 

Cumbre del pico Abantos

De nuevo en marcha, nos dirigimos a la izquierda hacia la valla que delimita el el Valle de los Caídos. En esta vertiente la nieve es mucho más espesa. Es una capa blanca y pura, solo las pisadas que marcan el camino la rompen. Está helada en la superficie y brilla al sol. Caminamos hundiéndonos en ella, hasta llegar al portillo que da acceso al Pozo de la Nieve. La puerta está cerrada, por lo que atravesamos la valla saltando por unas piedras puestas para eso.

De nuevo una incongruencia. Un cartel nos anuncia que estamos en un lugar de alto nivel ecológico al tiempo que oímos disparos de cazadores. ¿De donde provienen? Intentamos no hacer caso al hecho y comenzamos a bajar entre pinos y una profunda capa de nieve. Estamos en una umbría, casi sin sol y comprendo el por qué de elegir este lugar para almacenar la nieve.

Crestería de la Solana de Enmedio

El pozo se encuentra en una hondonada, dentro de una casa de rojo tejado, con vistas al valle y la cuerda de Guadarrama. Desde allí vemos el embalse de La Jarosa y el montecillo del Picazuelo. Me alegro al verlos, me traen recuerdos y tengo que sujetar una lágrima. Pero lo supero pronto, debo vivir el momento, es un buen momento con unos magníficos amigos, que me hacen disfrutar de este día.

Comenzamos el regreso. Subimos la empinada pendiente y nos encontramos de nuevo en la purísima nieve, intacta, magnifica, que nos hacer pasar un rato divertido.

Canalización

Llegamos al Abantos y de nuevo a la Cruz de Rubens, donde cambiamos el itinerario de esta mañana. Ahora bajamos por una pendiente más empinada, junto a la fuente de El Cervunal. Bajo la nieve hay capas de hielo que nos hacen resbalar. Hay que tener mucho cuidado. Están ocultas bajo lo que parece nieve blanda. Próximo a la fuente el agua se ha acumulado y forma un buen témpano de hielo.

Tomamos el PR por un camino bien marcado, igualmente cubierto de nieve helada. Al fondo del barranco se oye correr el agua del Arroyo del Romeral. A nuestra izquierda el sol se estrella en las escarpadas crestas de la Solana de Enmedio.

Curioso tronco junto al embalse

La senda zigzaguea en pronunciado descenso, cruza la carretera Horizontal mientras que el sol raya las cumbres y anuncia que pronto va a oscurecer. Hay que darse prisa. Pero aún nos quedan ganas de bromear.

El más joven del grupo, nuestro niño, propone ir por la canalización que lleva al embalse. ¡Como nos vamos a echar atrás!

Allá vamos, queremos dar una lección a la juventud de que la madurez no se arredra pensando en que puede haber alguna sorpresa, que luego resultó ser un cómodo camino. Junto al embalse nos llama la atención un retorcido tronco y subiendo las escaleras que remontan la hondonada del embalse, continuamos por la orilla contraria a la que tomamos esta mañana para acabar en un mirador rocoso desde donde se contempla la balsa.

Valle de El Escorial entre brumas

Podemos decir que la ruta ha concluido, el resto es caminar por las calles de El Escorial, para poner la guinda al día, con un riquísimo chocolate con churros...

Febrero 2.006

M.R.B.M.

 

 

Esta ruta se hizo llevando como guía a nuestro amigo Juan Gutiérrez. Sus consejos y comentarios sobre las peculiaridades de la misma la hicieron más amena. Como creo que a todos os interesará conocerlos os los transcribo para vuestra información.

También podéis verlo en su página personal

http://juangu.blogspot.com/2006/02/el-pozo-de-la-nieve-de-cuelgamuros.html

en ella encontraréis otras rutas interesantes.


El pozo de la nieve de Cuelgamuros


DATOS DE LA RUTA

Tipo de marcha: circular
Punto de partida y llegada: Hotel Felipe II (Eurofórum)
Tiempo total neto: 6 horas aprox.
Dificultad: media

OBJETIVO
La excursión que se propone tiene como objetivo visitar el Pozo de la Nieve y al mismo tiempo recordar una actividad (el comercio de la nieve) que tuvo un gran auge entre los siglos XVI y bien entrado el XX y que hoy, con la industrialización y domesticación del frío, está prácticamente olvidada.
Pero hasta alcanzar el Pozo la marcha se desarrolla por una serie de parajes que conviene destacar en orden de marcha.

ITINERARIO
La caminata se inicia en el aparcamiento del Hotel de Felipe II (hoy Euroforum) tomando una escalera de piedra que se encuentra a la derecha de la carretera, después de una curva e inmediatamente antes de llegar al hotel. Esta senda sube dejando a la derecha la alambrada de la presa del Romeral y asciende en zigzag, casi sin interrupción hasta el puerto de San Juan de Malagón. Antes de llegar a la mitad de esta subida se alcanza una carretera, la Horizontal Alta (50 min.), en la que unos metros a la derecha se encuentra la fuente de la Concha. El tramo de camino que nos lleva desde esta carretera hasta el puerto se conoce como camino del Trampolón y lo más destacable es la presencia de un importante grupo de hayas (1)(siempre habíamos oído que las de Montejo eran las más meridionales).
Desde el Puerto de Malagón (1h. 25min.), donde hay unos restos de una ermita y/o una venta, se continua en paralelo a la carretera y luego por un camino a la derecha hasta alcanzar la Cruz de Rubens (2) (1h. 50 min.), el mejor mirador aéreo del Monasterio del Escorial y buen sitio para descansar y tomar un "piscolabis".
Se continua subiendo por el camino hasta alcanzar una estupenda pradera con una no menos estupenda Fuente del Cervunal (2h. 15min.) y 25 minutos después Abantos (2h. 40min.), el punto más alto del recorrido, y la mejor vista aérea, en este caso no del monasterio sino de casi toda la comunidad de Madrid y Sierra de Guadarrama.
Finalmente, continuamos avanzando, ahora junto a la tapia que delimita el Valle de los Caídos, hasta llegar a una puerta en el muro, la que traspasándola nos conduce en poco tiempo al Pozo de la Nieve (3) (3h).
La vuelta se realiza por el mismo camino hasta la Fuente del Cervunal, y a partir de aquí se sigue por el GR-10 que nos conducirá en continua bajada hasta la orilla contraria a la subida de el embalse del Romeral y de ahí, tras pasar por el mirador de la Casita Rústica, Fuente de la Bola y colonia del Romeral (en 1923 se pretendió llevar un funicular de aquí a Abantos y construir allí un casino-hotel), al coche en un pis-pás.
Antes de llegar al coche podemos apreciar el Arca del Romeral, un depósito que se diseñó en el siglo XVI para abastecer al Monasterio

(1) Hayas en el camino del Trampolón

En Madrid prácticamente no hay hayas si se exceptúa el conocido Hayedo de Montejo. Pero parece que no siempre fue así. En 1864, Casiano del Prado, geólogo, muy relacionado con la Sierra de Madrid, de la que se le considera su "descubridor", decía haberlas visto en lugares como Somosierra, El Paular o Cercedilla, además de en Montejo. Pero ya advertía que no tardarían en desaparecer si no se procedía a su reproducción. Quizá debido a esta advertencia, en 1870 la Escuela de Ingenieros de Montes comenzó a repoblar las laderas del monte Abantos, y aunque la principal especie replantada fueron pinos resineros y silvestres, también introdujeron algunos árboles exóticos, como cedros, alerces, pinsapos, etc., y por supuesto las hayas de las que estamos hablando. (En las Dehesas de Cercedilla creo que también hay algunas)

(2) Mirador de Rubens

Desde este lugar, Pedro Pablo Rubens, durante su estancia en España en 1629, tomó apuntes para un cuadro del Real Sitio. El cuadro abarca desde Abantos a Las Machotas con el Monasterio y la llanura madrileña (¿donde está?)

(3) Pozo de la Nieve

Esta actividad del comercio de la nieve tuvo un gran auge desde el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XX en el que se puede decir que la nieve se domesticó. La facilidad de recogida de la nieve en aquella época (conocida como pequeña edad del hielo) junto con la popularización de su consumo contribuyeron a este auge. La popularización del consumo de nieve se vio favorecida por dos motivos principales: uno por los impulsos de la medicina renacentista que propiciaron grandes esfuerzos de pueblos y ciudades para organizar convenientemente el abastecimiento en aras de la salubridad pública; y segundo, porque la moda del frío (bebidas y helados) se instaló en palacios y casa de nobles y de ahí se extendió a otros estratos sociales.
El comercio de a nieve ocupó a una gran cantidad de personas en las diversas actividades de almacenamiento, conservación, transporte y distribución todas ellas muy duras como es fácil de suponer. La actividad económica fue tan importante que estuvo sometida a regulación, impuestos, horarios de distribución, penalizaciones, etc. (He leído que en tiempos de Cuba español se llevaba nieve desde España).
Para conservar la nieve y protegerla durante el transporte se utilizaba paja que después había que eliminar para entregarla y de ahí parece que viene la expresión popular "estar limpio de polvo y paja"
Pozos de nieve existen por toda España, la mayor parte de ellos abandonados; pero quizá será la zona de Valencia y Murcia (Sierra Espuña) donde existe mayor concentración y donde últimamente parece que se intenta reconstruir para el turismo cultural.
En concreto pertenecientes al Monasterio parece que había 8 pozos que producían 500 toneladas al año y que la corona los arrendaría a particulares. Se conservan dos, uno en el propio jardín del Monasterio, pequeño, de solo dos metros de profundidad y otro que es el que vamos a ver.
El Pozo de Cuelgamuros se construyó en 1609, tiene 14 metros de profundidad y 8 de diámetro y tenia capacidad para 230 toneladas y se encuentra en el interior de una nave que es la que se puede ver. Estuvo en uso hasta 1934.