Saltos del río Aguilón

Por los chorros del Aguilón

La cascada del Purgatorio es un salto que forma el Arroyo Aguilón cuando abandona una garganta cerca de su desembocadura en el río Lozoya. No pensemos que por llamarse Arroyo, es algo sin importancia, al contrario, es un río de abundante caudal y gran belleza.

 

 

Cascada cercana a Las Presillas

 

La forma de visitar esta cascada suele ser partiendo de la zona que frente al Monasterio de El Paular recibe el nombre de Las Presillas, en el Lozoya, pero nosotros teníamos referencia de que se podía llegar partiendo del puerto de La Morcuera, y decidimos aventurarnos.

 

Comenzamos en un punto distante dos kilómetros del puerto, dejamos el coche exactamente en el punto kilométrico 20, cruzamos la carretera y después de introducirnos en el pinar, bajamos por un cortafuegos, que se va haciendo cada vez más empinado, llegando a tener un desnivel considerable.

 

 

Al fondo Cabeza Mayor

La bajada no es mala, algo incómoda por la fuerte pendiente y la piedra suelta. Al fondo Cabeza Mayor destaca en la línea de las cumbres, blanca de nieve, esbelta, altiva, y a la derecha, a veces se asoma Peñalara entre los pinos.

Poco a poco vamos bajando y la cuerda que forman Dos Hermanas, Peñalara y el Risco de Claveles se dibuja nítida, con las cumbres nevadas contrastando con el azul limpio del cielo.

A lo lejos se divisa el valle del Najarra, la pradera que junto a él se abre, y en donde se ubica un refugio y un aula de la naturaleza, lugar al que nos dirigimos. Es este un punto de referencia, y desde él, siguiendo la margen izquierda del Najarra, llegamos al Aguilón, que en este momento es casi recién nacido, pero ya salta entre piedras y que cruzamos para seguirle en su discurrir.

 

Peñalara

Por un rato le acompañamos siguiendo su orilla, sobre fresca hierba y flores nuevas de primavera, hasta llegar a un punto en el que un arroyuelo viene a morir a él.

Cruzamos entonces el Aguilón. En este día tenemos que descalzarnos, los vados están cubiertos por el caudal que a consecuencia del reciente deshielo es abundante.

Situados en la otra orilla, nos encontramos en una verde pradera cubierta de flores con los pies mojados secándose al sol, con una inmensa paz en el alma, y sin ánimo de moverse de allí, tan agradable es el lugar.

 

Continuamos por la orilla derecha. No tardando mucho, el ruido del agua se hace intenso. Hemos llegado a la zona del las Chorreras. Aquí el río salta con estrépito, no muy alto, pero muy bello.

Salta una y otra vez, se abre a cada salto, y al fin descansa en una poza de verdes aguas, serena, tranquila, preciosa. Nos alejamos para continuar la ruta, a media ladera, sin senda alguna, por donde la intuición nos lleva, tropezando a veces con senderillos que han hecho los leñadores que talan los pinos, y alguna de las marcas que van dejando en las "sacas" de los troncos, los que vemos apilados esperando ser transportados.

 

Poza formada por el Arroyo Aguilón

Llegamos de nuevo a un arroyo que baja rápido a buscar el Aguilón, al que hace rato que no vemos, y junto a él nos sentamos a comer y descansar.

 

Es una zona de densa vegetación de ribera, saucedas, fresnos, rosales, zarzas y una alfombra de fresca hierba en la que crecen las violetas y los jacintos de los bosques, las margaritas y una infinidad de diminutas florecillas que no conozco el nombre, pero que me son muy familiares y me encantan.

Subimos a la zona más dura de la excursión. Una loma sin árboles, desde donde se divisa la garganta. Desde la cima pasamos a la otra ladera, a través de piedras y rocas, como podemos, siempre descendiendo, a veces atravesando pedreras considerables, guiados por las laderas rocosas de la garganta a la que parece que no llegaremos nunca.

 

Jacintos de los Bosques

 

Al fin aparece un senderillo que baja y seguimos confortados de encontrar signos seguros que nos lleven a buen fin. Nos conduce a otro más ancho y transitado, ya fuera de la estrecha garganta, y deducimos que debemos continuar en sentido opuesto al que traíamos para llegar a la cascada. Sobre nuestras cabezas los afilados Riscos del Purgatorio emergen altivos.

 

No estamos equivocados, después de unos diez minutos ascendiendo, la cascada aparece, ruidosa, entre dos paredes de salientes rocas, en un bonito entorno de cumbres, en cuyas laderas se mezclan rocas y pinos.

 

 

Riscos cercanos a Las Presillas

 

Después de un descanso, continuamos río abajo, ahora por un cómodo camino, muy frecuentado, y bastante "urbanizado" En él se han instalado puentes de madera para facilitar el paso sobre un río que atrae nuestras miradas, salta, forma espuma, canta, se retuerce y nos hace olvidar el mal rato de las pedreras.

Al cabo de una media hora aproximadamente nos alejamos de él para tomar una pista ancha, de buen firme que nos lleva a la confluencia con el Lozoya, junto a Las Presillas.

En este lugar nos espera otro coche que nos llevará al punto de partida. He sabido con posterioridad que debíamos haber bajado al Arroyo Aguilón en el momento que tomamos las pedreras, y buscar un sendero que nos habría evitado los malos pasos, pero ya es tarde. En otra ocasión lo comprobaremos.

NOTA---He sabido más tarde que esta cascada no es realmente la del Purgatorio, aunque está muy cerca. Es muy fácil confundirla, somos muchos los que comentemos ese error, os pido disculpas. Creo que no debo cambiar el contenido de este relato puesto que fue tal como lo viví en su momento. Aclaro que la Cascada del Purgatorio se encuentra más arriba, y aunque es posible llegar a ella, hasta ahora yo no lo he conseguido. Queda pendiente.

Mayo, 2003

M.R.B.M.