Cuerda de Las Cabrillas (Lineal)
Son muchas las maneras de recorrer la Cuerda de Las Cabrillas, esa cresta que en forma de L se acerca a Las Guarramillas y se desliza hacia el pueblo de Navacerrada sin atreverse a llegar a él. Cuando subimos al puerto, apenas percibimos las filigranas de granito que coronan la carretera. Para poder disfrutar de ellas dejamos el Puerto de Navacerrada y tomamos una pista de tierra que sale a la derecha, separándose de la que sube a La Bola.
Estamos subiendo a Los Emburriaderos por una pista muy cómoda, casi sin desnivel. A nuestra derecha las vistas son magnificas. El puerto con sus edificios y tras él, el Alto del Telégrafo, el Séptimo Pico que esconde al resto y al fondo el Montón de Trigo y la Peña del Águila. A lo lejos, frente a nosotros una pequeña cresta en el morro de la loma, el Risco de Emburriaderos, ocultando a la vista de los ajenos el precioso valle de La Barranca. -¿Por qué La Barranca y no El Barranco? -Pues porque es tan bonito que tiene que ser obligatoriamente femenino.
Realmente el valle de La Barranca es precioso. Comienza en las laderas que se desprenden de La Bola, coronado por este Risco de Emburriaderos, final o comienzo, según se mire, de esta cuerda de Las Cabrillas, y se deja regar por las aguas del río Navacerrada al que vierten varios arroyos o regajos, como el del Pez, el de La Cabrita y el de Maliciosa.
Atravesar el risco de los Emburriaderos es perderse en el laberinto de piedras por un sendero casi borrado, señalizado por hitos, pero que resulta complicado por el hecho de que nunca miras por donde vas. Miras abajo, al sendero bien definido que se dirige a la Peña Cabrita, la mole redondeada donde comienza la bajada al valle, al pinar que tapiza las laderas, y sobretodo, a Maliciosa, al collado del Piornal que la separa de La Bola, y tratas de pasear por sus crestas aunque solo sea de manera imaginaria. La miro una y otra vez. Intento poner nombre a estas piedras, sabiendo que ya están puestos, y los veo mejor aún, así nombrados. Este cuerno que cierra el circo es la Cuerda de Las Buitreras y allí, debajo de la cumbre de Maliciosa, el otro cuerno, son los dos Peñotillos, el Alto y el Bajo. Y me pregunto ¿por qué cuando sabes el nombre de las cosas las sientes más cerca, más tuyas, más familiares?
Se compone esta cuerda de tres zonas muy bien delimitadas. El Risco de Emburriaderos, separado de la Peña Horcón por el collado de su mismo nombre. La Peña Horcón, que más que una peña es una sucesión de riscos puntiagudos, amontonados y horadados, a la que sigue la Peña Pintada, separada igualmente por un liso collado que da paso a la amalgama de rocas en equilibrio que forman la Peña Pintada y termina en una loma llana cubierta de piornos.
Bajamos del risco y nos dirigimos al Collado de Emburriaderos. De nuevo las vistas magnificas de la zona del puerto a un lado y al otro La Barranca y sus montañas. Hace un magnifico día. En estas alturas sopla una fresca brisa que nos hace olvidar los calores de este mes de julio que se va y que hace la vida en la capital casi insufrible. Aquí, en el descanso junto a las rocas, todo es paz, libertad, hasta parece que nos salen alas como a los pájaros.
De nuevo en marcha, rodeamos la Peña Horcón por la base y nos introducimos en el pinar por un sendero muy marcado. Nos encontramos con ciclistas que nos adelantan en varias ocasiones y casi sin darnos cuenta estamos en el mirador de las Canchas, lugar en donde termina la Cuerda de Las Cabrillas.
Hemos llegado demasiado pronto. Es un tramo corto, y aquí hay un sendero que sube a Peña Pintada, la última cresta de la cuerda. A pesar que ya está el sol muy alto y el calor se hace sentir, no resistirnos la tentación de subir por la empinada y pedregosa senda. Está muy cerrada por la ladera, no sopla el vientecillo suave que nos acompañaba hasta ahora, y el sol cae de lleno. No es un buen momento para subir. Debería ser al comienzo, pero sentimos deseos de llegar arriba y casi sin darnos cuenta nos encontramos en la loma lisa y cubierta de piornos de Peña Pintada.
La subida es muy corta. Arriba, de nuevo sopla la fresca brisa, y las imágenes compensan. Al frente los montones de granito que rematan la cuerda de Las Cabrillas, y a nuestros pies el sendero que la recorre por esta zona más agreste. Me prometo a mi misma que algún día la haré por este recorrido. Recuerdo aquellos años lejanos en que era por estas crestas por donde la caminábamos y siento enormes deseos de volver a hacerlo.
Hoy nos conformamos con llegar hasta las piedras, hacer una larga parada bajo ellas, sin ningún deseo de movernos de aquí. Al fondo, una imagen distinta de la Peña Horcón, y abajo el valle que separa la carretera del pueblo de Cercedilla Sobre nosotros sobrevuelan lo que deben ser buitres, tan altos que no podemos reconocerlos, solo unas blancas siluetas iluminadas por los rayos del sol que hacen brillar la pardas plumas.
Se impone bajar. Desde Las Canchas, tomamos una pista que nos lleva a la explanada donde se situó en su día el hospital de tuberculosos. Ahora es un mirador del valle que desde Navacerrada se extiende hasta Madrid, y en el que los embalses ponen un punto de luz en la seca llanura.
La bajada la hacemos por un sombreado pinar que atraviesa el arroyo del Chiquillo. Por una senda ecológica que zigzaguea y se dirige a la Barranca. De nuevo entramos en zona fresca, sombreada y verde. Helechos, gayubas y zarzas nos acompañan todo el camino. Y de vez en cuando, las crestas de Maliciosa, vistas desde ángulos tan diferentes que se diría que se trata de otra montaña.
Por fin llegamos a la pista, al río Navacerrada, al encuentro con paseantes que se adentran buscando frescura, y a los embalses que marcan el final. La próxima visita espero que sea por las crestas... Julio 2.006
M.R.B.M.
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