Cancho Gordo

Sierra de La Cabrera. (Madrid)

La Sierra de la Cabrera se extiende desde el Puerto de la Morcuera hasta el pueblo que lleva su mismo nombre. Es una continuación de Cuerda Larga, y por lo tanto de la Sierra de Guadarrama. No es mucha su extensión, pero su fisonomía es tan particular que a nadie nos pasa desapercibida, nos guste la montaña o no.

Parte de la Sierra de la Cabrera. A la derecha el Pico de la Miel

Según avanzamos por la autovía Madrid - Burgos, una masa recortada, puntiaguda atrae nuestra mirada, contrastando con el Pico de La Miel. que se eleva con perfil suave y redondeado.

Siempre había puesto mi atención en esa masa de cuchillos sin que se presentara la oportunidad de visitarla. Pero hoy, por fin, llegó el momento.

De izquierda a derecha, El Cancho Gordo, el Collado Alfrecho y el Cancho de la bola

Comenzamos a caminar en subida suave por una carretera asfaltada que lleva al convento de San Antonio. Al poco una senda muy marcada se separa de la carretera y nos indica con un cartel de madera la subida al Cancho Gordo que, si bien es nuestro principal destino, no será el fin de nuestra ruta.

Convento de San Antonio

El comienzo es una bonita ascensión, cómoda, reposada. Al fondo la linea recortada de la sierra al completo, dominando los puntos más emblemáticos en los extremos. Caminamos entre jaras que aún no han florecido. El suelo está muy húmedo. Hace unos días había una buena capa de nieve en esta zona. Hoy no queda nada y lo lamento. Pero este color luminoso de jaras y retamas mezclado con algunas encinas me anuncia que ya estamos en la estación verde, aunque un poco temprana.

Cancho de la Bola

El Cancho Gordo alcanza una altitud de 1.563 metros. Junto a él, el Collado Alfrecho, se sitúa a unos 1.400. Si pensamos que hemos comenzado junto al Cementerio de La Cabrera, que estará a unos 1.050, más o menos, tendré que superar algo más de 500 metros. Miro al frente, a las recortadas paredes de la sierra, a la verticalidad de sus cuchillos, y al desnivel que debo salvar y cambio de pensamientos. ¿O no? No, no puedo. Soy muy mala en las subidas... Me obsesiona pensar en la fatiga, mis bajadas de glucosa, mi corazón acelerado latiendo en mi garganta... Y pienso en unas sabias palabras que me dijeron calmadas: "Es cosa de entrenamiento. Cambia de pensamiento. No mires arriba, solo a tus pies". Pero eso es imposible. ¡Es tan hermoso lo que veo arriba!

Camino despacio, un pie tras otro. Hablo con las amigas de vez en cuando, más bien dejo que hablen ellas, y subo, subo... por este serpenteante sendero de arena y piedras hasta llegar a un arroyo que baja precipitadamente. Comentamos lo hermoso del lugar y del día. Hace sol, calor. Estamos en marzo. Y sin embargo la ropa de abrigo nos está molestando. Hace una semana llovía por toda la península. ¡Que caprichoso es el tiempo!

Cancho de la Bola

Cruzamos el arroyo y miro al fondo, allá a lo lejos la vista se pierde en la bruma. A nuestros pies, La Cabrera. ¡Uf! ¡Está muy abajo! ¿Tanto hemos subido? Me siento feliz. Estamos a mitad de la subida, y no he tenido problemas. Es muy probable que sea porque la senda está muy bien diseñada. Se retuerce una y otra vez, nos enseña en cada recodo imágenes del pueblo, y del Convento de San Antonio, muy cerca de nosotros. Proponemos una ruta que pasa por él. Muy cerca se encuentra El Cerro de las Cabeza en el que según parece hubo un asentamiento celtíbero y aún se puede localizar su ubicación.

Puede que sea el entorno que me atrae enormemente la atención o puede que yo esté superando mis problemas. El hecho es que estoy subiendo bastante bien. El sendero se vuelve más pedregoso y empinado. No importa. Sigue zigzagueante, lo que ayuda mucho en la ascensión, con alguna piedra algo más grande que las otras, pero siempre rodeadas de jaras y retamas.

Ya estamos casi en el collado. El Cancho de la Bola es un magnifico amontonamiento de granitos que parecen querer caer en cualquier momento, a pesar de que realmente están muy seguros arraigados en el manto de la Tierra que un día los escupió para crear esta maravilla. Entre sus fisuras crecen los arbustos. Buscan tierra donde introducir sus raíces adornan las piedras.

Collado Afrecho y Cancho de la Bola

El sendero se abre paso entre dos moles de arrugado granito. Se empina y se asoma al collado. Es un precioso lugar. Liso, verde, algo inclinado, en donde el viento sopla con bastante fuerza. Parece que es normal que el viento sople en este collado. Es muy probable que sea su ubicación. La sierra de La Cabrera es una crestería solitaria en medio de dos llanuras por donde el viento coge fuerza y se estrella contra las piedras, recortándolas. Comienza a nublarse. Tenemos que volver a abrigarnos. El viento se cuela y da la sensación de frío.

Hacemos un alto para recuperar fuerzas. Me siento muy bien. Tan bien que estoy dispuesta a acometer el último tramo de subida.

A nuestra izquierda se eleva el Cancho Gordo. Parece una subida bastante repentina. Pero no me importa. El camino va atravesando la ladera, lo que suaviza el ascenso. Casi sin darme cuenta estamos muy cerca de la antecumbre. Son masas de rocas por las que tenemos que ver el modo de pasar. Por un momento recuerdo a estos jóvenes que veo en mis salidas y que me dan envidia... Saltan por las piedras como si no existieran. Yo, sin embargo miro una y otra vez donde poner el pie.

Una amiga tomada por sorpresa

Pasadas las primeras rocas nos encontramos en un llano donde crece la hierba. Aún está quemada de los fríos del invierno. Las ramas de los matojos están grises, sin hojas que las adornen. Pero el lugar es precioso. Una filigrana de agujas pétreas cierra la pradera. Alrededor solo hay vacío. Es un pico elevado y solitario. Busco los huecos que me permiten asomarme a la llanura.

A mi derecha la gran extensión donde se asienta el pueblo de La Cabrera. Casi no veo el horizonte. Solo una masa brumosa y difuminada que oculta el final.

En el Cancho Gordo

Por entre dos moles altas y recortadas, una portilla me deja ver otro ángulo. Lo que veo es magnifico. Al fondo parte de La Pedriza, la zona de Las Milaneras, y en primer plano La Najarra y algo más de Cuerda Larga. Girando la vista a la derecha, creo reconocer Peñalara y Somosierra...

Está nevada. Deliciosamente hermosa. Siento cuanto quiero a estas montañas. He visitado otros lugares quizás más importantes, pero estos son "mi casa" y me siento orgullosa de ellos.

La Pedriza y Cuerda Larga

Me muevo de un lado a otro por esta pequeña planicie. Es un rellano sin importancia, geográficamente hablando, solo unos metros, pero las imágenes que nos ofrece son magnificas. Desde otro punto se nos muestra la Sierra de Ayllón. Y yo, me muevo por esta campa como un pajarillo enjaulado, limitada por la verticalidad de las laderas. Pero a la vez me siento muy libre.

Decidimos subir a la cumbre. Hay un paso algo complicado. Dos de mis amigos ya lo han hecho. Yo no lo consigo. Noto que mis piernas han perdido flexibilidad. No puedo llevarlas a donde quiero. Decido quedarme. Mientras lo hago (y en días venideros) pienso que debería haber puesto más interés. Siento remordimientos. Me llamo a mi misma cobarde. Y esa piedra sigue ahí, desafiándome. La miro una y otra vez. Pero no me decido. Puede que otro día lo haga. Se ha quedado dentro, como una espinita que molesta. Hoy mis ánimos no están para aventuras.

Mis amigos bajando de la cumbre

A la vuelta, mis amigos me comentan que arriba hay una especie de ventana. Siento impotencia. Me alegro por ellos que lo han hecho, y valoro la dificultad de ese paso que no me he atrevido a dar. Nos es tanto. Soy yo quien no se atreve...

Comenzamos a volver. De nuevo el sendero entre canchales. De nuevo las vistas del pueblo, y yo, en el fondo, muy feliz a pesar de no haber terminado la subida. En realidad solo me han faltado unos metros... y me prometo a mi misma que tengo que hacerlos otro día con más ánimo.

El Cancho de la Bola

De nuevo en el collado giramos a la derecha para comenzar a caminar por el PR que rodea el cuchillar.

Las laderas de la izquierda son muy suaves. Al fondo las últimas estribaciones de la Sierra de Somosierra y más a lo lejos la Sierra de Ayllón. Junto a nosotros, a nuestra derecha, los roquedos del Cancho de la Bola. Estamos en la parte más alta. Es un laberinto de piedras que me recuerda a La Pedriza. Realmente son de la misma naturaleza.

Cancho de la Bola

A partir de ahora nuestro caminar discurre por zonas de praderas y montones de rocas que son las que forman la filigrana de esta preciosa cuerda. De nuevo encuentro parecido al lugar, esta vez con Siete Picos. Las mismas alternancias de rocas y praderas, con las lógicas diferencias.

El sendero está muy bien marcado. De vez en cuando las señales del PR ayudan a asegurarnos que estamos en el camino correcto cuando pasamos por las rocas.

Por el PR

Ya casi al final comienza una llanura amplia que gira a la derecha. El embalse del Atazar se dibuja a lo lejos. De nuevo la vista se pierde en la lejanía. Frente a nosotros El Pico de la Miel, puntiagudo y escabroso. Lo rodeamos y comenzamos a bajar por una pendiente fuerte, rocosa por donde corre el agua sobre las rocas y empapa el suelo.

Panorámica desde el Pico de la Miel. Al fondo el embalse del Atazar.

Otra vez hacemos proyectos. La próxima salida a esta sierra será para subir al Pico. Haremos la ruta al revés. Y volveremos por el Convento.

Muy bien. Ya hay dos proyectos. ¿Cual será el primero?

Esto es lo que más me gusta de nuestras salidas. Cada final de ruta da paso a otra. Cada final es un nuevo comienzo de preparación para la siguiente. A veces son varias y hay que posponer alguna.

El Pico de la Miel

La bajada es empinada, como la subida. Más arenosa y resbaladiza. Igual que la subida de esta mañana, está sembrada de jarales. Las rocas del Pico están muy cerca y en ella vemos a los escaladores hacen sus prácticas. Miro la forma redondeada del pico y recuerdo al Yelmo. Este es mucho más pequeño, pero como el otro, también es una buena escuela de escaladores.

Por fin abajo, tomamos la carretera que nos lleva al pueblo y lo atravesamos para llegar al coche. Ha sido un buen día.

Marzo, 2.006

 

Encontraréis datos tecnicos en

http://juangu.blogspot.com/2006/03/la-sierra-de-la-cabrera.html

M.R.B.M.