Puerto de Navacerrada - El Espinar

El camino Schmid

 

Punto de encuentro: Atocha Renfe Cercanías. Hoy es diferente. Por primera vez me uno a un grupo en el que nos guía un amigo. Treinta años han pasado desde la última vez que visité estos lugares. Aún están muy claros en mi recuerdo el Collado Marichiva, la bajada, en aquella última vez cuajada de nieve, y la estación de El Espinar. Suenan en mis oídos las risas de entonces y en el recuerdo la imagen de las personas tan queridas que ya no están conmigo.

Saludos y sonrisas, subimos al tren que se pone en marcha lleno de ilusiones. Siento que no ha pasado el tiempo, que la llamada de las montañas es la misma que entonces. Según pasamos por las estaciones, hay otros excursionistas que se nos unen. Los últimos agregados en la estación del Puerto de Navacerrada.

 

El Montón de Trigo y Cerro Minguete.

 

Mal comienzo. Frío, niebla, viento. Se nos va a deslucir el día. Sacamos ropa de abrigo y miramos al cielo.

-No os preocupéis, esto pasará. Seguro que abre.

Mis comentarios son simplemente para dar ánimos. No estoy tan segura de que esto ocurra. Es una niebla que se agarra a las cumbres, arropa con su manto la cuerda y se deja ondear como capa al viento. Eso me dice que es probable que se acabe marchado, pero el tiempo es impredecible, igual cambia de opinión y se queda con nosotros todo el día.

 

 

 

Majalasna y Segundo Pico

 

-Está pegada al valle del Río Moros, donde vamos nosotros.

-Bueno, ya veremos.

Nos ponemos en marcha por la aburrida subida de la Senda Arias, y llegamos al puerto.

El camino Schmid se abre ante nosotros oscuro y frío. Pinares de dorados troncos que crujen con el viento. No hay casi nadie. Es extraño. Este lugar está siempre muy transitado.

 

 

Segundo de los Siete Picos

 

- Será la niebla que los ha hecho volverse.

-No es para tanto...

Caminar por el sendero tan conocido no supone nada destacable, conversaciones, sonrisas, amigos...

Pasamos por una fuente, menos conocida que la Fuenfría y sin embargo merecería serlo, tarda más en secarse que esta. Luís me comenta que la llama la fuente del señor Juan.

 

 

 

Fuente de la Fonfría o Fuenfría

Este hombre es quién la limpió y acondicionó para que hoy la podamos todos disfrutar y beber su agua fresca. Me parece una magnifica idea llamarla de este modo. Pero sería mejor que este nombre fuera conocido por todo el mundo montañero y con ello demostrar nuestro agradecimiento. (Ahí queda la propuesta)

Parada de rigor en la Fuenfría y algo más adelante un descanso en el collado. Es una encrucijada de caminos.

La carretera de la República, la Calzada Romana... Comentarios sobre esta última y dudas del origen real de esta calzada, demasiado desnivel para el tipo de construcción romano, punto en el que estoy de acuerdo, y posibilidad de que su origen,o al menos en la parte que baja a Cercedilla sea posterior. Realmente los caminos romanos iban a media ladera, o por las cumbres. Este se interna en el valle. Hay que estudiarlo más a fondo...

 

 

Parada en el collado de Marichiva

 

El viento sigue soplando fuerte y frío, pero se ha llevado las nubes. En mi interior siento una especie de satisfacción. Lo que solo fue intento de animar, se ha realizado y el sol brilla limpio y claro en un cielo azul salpicado de algodón blanco.

Las imágenes de estos alrededores son preciosas. Por mucho que las veas nunca cansan. Casi llegando a la Fuenfría, las silueta empinada del Montón de trigo aparece entre los pinos, gris, rocosa, desafiante. Comentamos la leyenda de este nombre y algunas otras que vienen al recuerdo, y comparamos la subida con la del Cerro Minguete, a su lado, que a pesar de parecer un paseo acaba siendo fatigosa.

 

 

Camino de regreso

 

Al frente, el valle de Cercedilla, amplio y lejano, se abre al llano entre colinas de pino . Y girando a la izquierda la guinda del pastel: Majalasna, el primero de Siete Picos y el único que ha sido bautizado. Al poco de alejarnos del collado vuelvo la vista atrás y aparece el segundo de Siete Picos, escarpado y alto, dando comienzo a esta cuerda de rocas amontonadas, recortada, inconfundible a lo lejos desde cualquier punto de la llanura.

Ahora caminamos por la carretera de la República durante un trecho para separarnos en el Collado de Marichiva. Junto a la fuente, en una preciosa pradera, hacemos un alto para reponer fuerzas, intercambiar comentarios y escuchar las risas de algunos componentes que hacen ameno el momento.

La bajada es fuerte, muy empinada, sembrada de piñas que crujen al pisarlas, junto a un arroyo que apenas lleva agua. De nuevo estamos en una pista que a partir de ahora no dejaremos, por terreno llano, sin dificultad para caminar.

Peña del Oso

 

Caminamos en armonía, conversando y disfrutando del pinar que nos da sombra, siguiendo el trazado de la pista en vueltas y revueltas, nuestro guía a la cabeza, diciéndonos cuando es o no el momento de parar.

Al fondo aparece un pico, Peña del Oso, la "tripa" de la Mujer Muerta, sobre la que supuestamente reposan sus brazos, y más adelante podemos ver la Pinareja, la "cabeza", desde donde la larga melena de rocas se desliza hacia los valles. Hacemos comentarios sobre su leyenda. La sierra está llena de leyendas, de nombres puestos por algún motivo. Nada se hizo al azar. Es la forma de la montaña la que da lugar a su nombre, y su nombre a la leyenda. Salvo en casos en que fueron hechos consumados los que dieron nombre a los picos o canchales.

 

 

Cuerda de La Mujer Muerta

 

Por la pista llegamos a un lugar conocido como La Panera. Un área de recreo ubicado en el valle del río Moros, donde se han abierto unas piscinas de agua natural, represando del río que corre limpiándolas. Hay gente que ha venido a pasar el día, y algún coche con la radio puesta, con el volumen muy alto, rompe el silencio y la paz del entorno. ¿Por qué? Todos tenemos derechos, y entre ellos está el silencio.

Solo quedan cuatro kilómetros hasta la estación de El Espinar. A pesar de que es un lugar agradable, estos últimos se hacen algo pesados. Caminamos por asfalto, cansados de andar todo el día, los pies acusan el suelo duro y ardiente.

Hay que apretar el paso, el tren no nos espera. Tanto apretamos que llegamos un cuarto de hora antes. No importa, charlamos, reímos, comentamos el día y nos emplazamos para el siguiente.

De nuevo en el tren, como en tiempos lejanos, nos dirigimos a Madrid. Van bajando y despidiéndose hasta la próxima. Hemos terminado la excursión. Hasta otro día.

Mayo 2.005

M.R.B.M.

 

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