Entrada al Parque Regional

 

La Hoya de San Blas.

La Hoya de San Blas se sitúa en el límite de la Pedriza posterior, sin llegar a entrar en ella. Para realizar esta excursión, nos dirigimos a solo del Real , pasamos esta localidad y tomamos dirección a Miraflores hasta la gasolinera.

La Pedriza Posterior

Desde este punto nos desviamos hacia la izquierda, donde nos indica un panel que se encuentra La Jacaranda. Al llegar a una nave agropecuaria, dejamos el vehículo y tomamos una pista de tierra a la derecha.


Caminamos entre fresnos que comienzan a cubrirse de hojas tiernas. La primavera va retrasada. El suelo está muy verde pero las flores aún no han brotado. Pequeños capullos blancos de margaritas, como bolitas de granizo, cubren el suelo.

Subimos despacio, hasta llegar a donde los árboles comienzan a espesarse y un sendero ancho nos desvía a la izquierda.


A través de un pinar aparecen las imágene
s de La Pedriza. Al poco, una valla de alambre y una verja de hierro, con barras en el suelo para que el ganado no pase, nos introduce en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares.

Embalse Mediano

 

Aquí es donde comienza la parte más interesante de la excursión. A nuestra izquierda, los embalses Mediano y Santillana parecen unirse.

El día no está claro. Hace calor a pesar de ser aún temprano, y las brumas enturbian el cielo. A lo lejos la silueta de las montañas se dibuja difuminada.


Subimos a una colina de piedras de granito, desde donde la panorámica es amplia y hermosa.
Después de contemplar un tiempo las imágenes de la llanura, los ranúnculos amarillos, los narcisos malvas y la fresca hierba, nos ponemos de nuevo en camino.

 

Los Bailanderos

Giramos a la derecha y al poco aparece la Hoya en toda su amplitud.

Al frente, las dos Pedrizas, la Anterior y la Posterior, separadas por el collado de la Dehesilla. A la derecha la loma de los Bailanderos y el Pico de la Najarra. La cuerda aún conserva restos de nieve.

Pero con días como hoy no creo que dure mucho.
La imagen es de una preciosa mancha verde salpicada de rocas, envuelta en la cenefa de los recortados picos de La Pedriza.

Hacemos el arco de la Hoya, y atravesamos un arroyo, puede ser el arroyo mediano, aún pequeño en su comienzo.

 

Arroyo Mediano

 

Entramos en un tupido pinar donde decidimos reponer fuerzas.

Descansamos un buen rato. La paz que nos envuelve penetra en lo más profundo de mi ser. Silencio. Solo el murmullo del agua que se despeña y el viento que mueve las copas de los árboles.

De nuevo en camino, bajamos a buscar la pista que nos llevará al final del paseo. Volvemos a ver los picachos de Las Pedrizas y, entre todas, la imagen de la esfinge me llama constantemente.

No puedo dejar de mirarla. La pétrea figura parece cobrar vida. Envidio su soledad en medio de la masa recortada de picachos, y por unos momentos parece que mi alma se transporta hasta ella, queriendo instalarse y no moverse de ese lugar.

 

 

 

La esfinge

 

Ahora la Hoya se nos muestra mucho más hermosa Es una inmensa pradera verde.

Hemos llegado al punto donde encontramos la unión de dos arroyos, no se cual de ellos es el Arroyo Mediano, artífice de la Hoya, si el que hemos traído o el que acabamos de encontrar.

Lo cierto es que en este punto se funden en uno que corre con fuerza entre saucedas de ramas casi desnudas.

Las retamas aún no han brotado y los majuelos no tienen aún flores. Hace falta imperiosamente que llueva.

 

Pradera en la Hoya de San Blas

 

Se ha nublado, y la carencia de sol mitiga el calor.

El paseo es de lo más agradable. Salimos de la hermosa Hoya y bordeamos el embalse Mediano. Es pequeño, rodeado de encinas y sabinas.

Las zarzas aparecen de vez en cuando salpicando de redondeles espinosos la fresca pradera. El agua inmóvil del embalse está intensamente azul.

Caminamos entre robles que comienzan a brotar por la mullida hierba que rodea la pista que se dirige al punto de origen.

 

 

Cuerda de la Pedriza Posterior

 

De nuevo el canto de un cuco nos acompaña como esta mañana. Aquí aparece la civilización. Hay personas que pasean y pronto encontramos nuestro coche y otros muchos que se adentran a las orillas del embalse.


El cielo se ha cerrado. En una terraza de Soto, tomamos unos refrescos acariciadas por una agradable brisa. Prometemos volver cuando la nieve caiga y cubra la Hoya de su manto blanco.

 

 

 

 

Mayo, 2005

M.R.B.M.