La Hoya de San Blas.La Hoya de San Blas se sitúa en el límite de la Pedriza posterior, sin llegar a entrar en ella. Para realizar esta excursión, nos dirigimos a solo del Real , pasamos esta localidad y tomamos dirección a Miraflores hasta la gasolinera.
Desde este punto nos desviamos hacia la izquierda, donde nos indica un panel que se encuentra La Jacaranda. Al llegar a una nave agropecuaria, dejamos el vehículo y tomamos una pista de tierra a la derecha.
Subimos despacio, hasta llegar a donde los árboles comienzan a espesarse y un sendero ancho nos desvía a la izquierda.
Aquí es donde comienza la parte más interesante de la excursión. A nuestra izquierda, los embalses Mediano y Santillana parecen unirse. El día no está claro. Hace calor a pesar de ser aún temprano, y las brumas enturbian el cielo. A lo lejos la silueta de las montañas se dibuja difuminada.
Giramos a la derecha y al poco aparece la Hoya en toda su amplitud. Al frente, las dos Pedrizas, la Anterior y la Posterior, separadas por el collado de la Dehesilla. A la derecha la loma de los Bailanderos y el Pico de la Najarra. La cuerda aún conserva restos de nieve. Pero con días como hoy no creo que dure mucho.
Hacemos el arco de la Hoya, y atravesamos un arroyo, puede ser el arroyo mediano, aún pequeño en su comienzo.
Entramos en un tupido pinar donde decidimos reponer
fuerzas. Descansamos un buen rato. La paz que nos envuelve penetra
en lo más profundo de mi ser. Silencio. Solo el murmullo del
agua que se despeña y el viento que mueve las copas de los árboles.
De nuevo en camino, bajamos a buscar la pista que nos llevará al final del paseo. Volvemos a ver los picachos de Las Pedrizas y, entre todas, la imagen de la esfinge me llama constantemente. No puedo dejar de mirarla. La pétrea figura parece cobrar vida. Envidio su soledad en medio de la masa recortada de picachos, y por unos momentos parece que mi alma se transporta hasta ella, queriendo instalarse y no moverse de ese lugar.
Ahora la Hoya se nos muestra mucho más hermosa Es una inmensa pradera verde. Hemos llegado al punto donde encontramos la unión de dos arroyos, no se cual de ellos es el Arroyo Mediano, artífice de la Hoya, si el que hemos traído o el que acabamos de encontrar. Lo cierto es que en este punto se funden en uno que corre con fuerza entre saucedas de ramas casi desnudas. Las retamas aún no han brotado y los majuelos no tienen aún flores. Hace falta imperiosamente que llueva.
Se ha nublado, y la carencia de sol mitiga el calor.
El paseo es de lo más agradable. Salimos de la hermosa Hoya y bordeamos el embalse Mediano. Es pequeño, rodeado de encinas y sabinas. Las zarzas aparecen de vez en cuando salpicando de redondeles
espinosos la fresca pradera. El agua inmóvil del embalse está
intensamente azul. Caminamos entre robles que comienzan a brotar por la mullida hierba que rodea la pista que se dirige al punto de origen.
De nuevo el canto de un cuco nos acompaña como esta mañana. Aquí aparece la civilización. Hay personas que pasean y pronto encontramos nuestro coche y otros muchos que se adentran a las orillas del embalse.
Mayo, 2005 M.R.B.M. |