Subida a Las Machotas de El Escorial

En el bosque de castaños

 

En las últimas estribaciones de Guadarrama, donde sus alturas comienzan a ser más inferiores, nos acercamos a El Escorial, la ciudad que escogió la realeza para su descanso, allá por la época de Felipe II. No fue por casualidad. El lugar es privilegiado. Desde él se domina la sierra de Guadarrama en toda su extensión y frente al palacio-monasterio que este rey se edificó, la imagen de dos elevaciones pétreas recortan el horizonte.

El monarca debía gustar de la contemplación de la sierra, así se explica ese lugar que llaman "La Silla de Felipe II". Pero hoy no iremos a la silla. Nosotros tenemos gustos reales, y amamos la montaña, pero no subimos a ella en andas, como el rey, subimos con botas rígidas y macutos. Y nuestra subida la haremos desde el bonito pueblo de Zarzalejo hasta el collado que separa las dos Machotas y luego coronaremos ambas.

De nuevo hoy hay algo especial. Con mis amigos Trotamontes celebraremos el segundo aniversario de la colocación de unos libros de firmas que Ángel tiene en cada cumbre.

 

 

Comenzamos a caminar en una mañana despejada, con un sol frío, luminoso, el sol de esas mañanas de otoño que presagian el invierno. Sopla el viento aunque no es muy fuerte. Un vecino nos mira sonriendo y nos dice que no es día para caminar. Julia y yo, que somos las increpadas, decimos que no importa. Nos miramos con gesto de complicidad y sonreímos. "Con vientecitos a nosotros"

Machota Baja o Los Tres Ermitaños

La subida es suave, entre castaños y robles. Es una delicia pisar el sendero húmedo, lleno de la parda hojarasca, manchado de retazos de sol y sombras. Sube entre rocas de granito cubiertas de musgo, por helechos y zarzas.

A veces, se abren claros que nos dejan ver la lejanía. Al fondo Zarzalejo, más allá picachos que sobresalen con formas sugestivas, y al fondo, muy lejos, Gredos. Lo miro con un deseo infinito de ir algún día. No puedo creer que aún no haya ido a Gredos... pero esa es la realidad. Y me digo a mi misma que tengo que hacerlo.

Continuo subiendo, entre los castaños que me atraen enormemente. Subo despacio. Hoy no tengo ningún agobio, no pienso en los primeros ni en los últimos, nadie va a sentirse molesto por mi retraso, estoy entre amigos.

Y así, sonriendo y haciendo comentarios, llegamos a la pradera que antecede al collado de Entrecabezas.

 

Panorámica de El Escorial

 

El lugar es hermoso. Como ocurre con todos los collados, la vista a ambos lados es espléndida. Por donde venimos toda la llanura del valle de Zarzalejo. Al otro lado de la valla de piedra, El Escorial, su valle, y su entorno privilegiado, la sierra de Guadarrama.

Hoy está tremendamente hermosa. Las nubes la cubren en parte. Son nubes muy blancas, de espuma. El resto aparece vestido con las primeras nieves. La miro una y otra vez, saco alguna foto, pero mi atención es tanta que apenas me concentro en como hacer las tomas. Casi me olvido. Solo alguna y no muy afortunada.

 

 

Pico de el fraile (Machota Alta)

 

El viento es frío, algo molesto. No podemos estar mucho en el collado y comenzamos a subir a la Machota Alta, también el Pico del Fraile. Desde sus 1460 metros se asoma al Valle de El Escorial. ¿Cuantas veces estas piedras habrán visto llegar al rey a su silla? Ellas siguen allí, viendo pasar año tras año a tantas personas... !Cuantas vidas han pasado bajo su pétrea mirada¡ Montañeros que subimos a deleitarnos con sus piedras, otros que pasan a lo lejos, por las carreteras asfaltadas, casi sin dedicarle ni siquiera una fugaz mirada... Pero ella está allí, con sus piedras enormes, culminando en forma de fraile orante, lo que le da nombre.

Bajo él hacemos un descanso. Aprovechamos para charlar, bajar el libro de firmas de Ángel, y reirnos cuando de repente Julio aparece en la grieta de El Fraile, muy alpino él, atravesando el vacío, posando para la foto que tomaron todas las cámaras.

 

 

 

Julio en el Fraile

 

De nuevo en marcha, volvemos a bajar hasta el collado. La mirada fija en Guadarrama, en la capa de nubes y en la fresca nieve recién caída.

Vuelvo a mirar al Pico del Fraile. Es más árido que el otro. Son muchas las piedras que se ven por las laderas, más pequeñas y menos rodeadas de vegetación, rosales y genistas, con algunos enebros salpicados. Solo en su cumbre aparecen las grandes rocas. Los Ermitaños son más variados. Rocas más profusas, estrechos pasadizos por los que escurrirse, y abundancia de jaras y piornos.

Comenzamos a subir a los Tres Ermitaños, las tres moles que conforman la Machota Baja.

Es una subida más amena que la de la Machota anterior. El granito abunda y forma llambrías que atravesamos de forma cómoda. No están mojadas, ni tienen nieves ni hielos. De otro modo daría "mucha risa" según comentarios de nuestro anfitrión.

Ya en la cumbre del tercer Ermitaño descubrimos que el libro de firmas ha desaparecido. Parece que es bastante frecuente que esto ocurra, pero Ángel es tenaz, y coloca otro " a ver que pasa".

En la lisa roca se pone una suculenta mesa. Han venido cargando con un verdadero banquete. Comemos jamón exquisito, morcón, pollo "trotamontes", langostinos, aceitunas, bebemos rioja, de postre ferreros rochers, guindas al marrasquino y deliciosos pastelitos de frutas. Y un pan de pueblo... Al final brindamos con sidra por todos nosotros y por los libros.

La cumbre de la Machota Alta (Tercer Ermitaño)

 

Tras la celebración el descanso, la mirada hacia el horizonte donde no se ve el fin. La charla, las risas, la alegría de la amistad.

Comienza la bajada. El bosque de castaños está espléndido. Las hojas amarillas se iluminan con la luz del sol, el verde de las praderas recién nacidas luce tierno y brillante. Algunos robles se unen al hermoso cuadro. Al fondo Zarzalejo, se siente orgulloso del lugar que ocupa.

Hacemos un alto en un claro entre los castaños. Comentan que en este lugar es obligada la parada. Realmente sería imperdonable no detenerse en este sitio. Parece hecho a propósito para quedarse en él. Pero hay que continuar y llegar al pueblo donde nos separamos.

Gracias a Ángel por habernos propiciado tan hermoso día.

 

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Noviembre, 2.005

 

M.R.B.M.