El Pajarito, la Vela y el Jardín de la Campana
La excursión de hoy es corta, pero como siempre, interesante. Comenzamos en Canto Cochino, atravesamos la pasarela que nos lleva a los alrededores de la Escuela Taller, y a nuestra izquierda buscamos las marcas amarillas y blancas del PR-M1 que nos llevará casi sin darnos cuenta hasta el Collado del Cabrón.
A nuestra izquierda el Manzanares, con el sendero que se dirige a la Charca Verde, a nuestra derecha el Cancho de Los Muertos, (subiremos otro día) y El Cáliz. La ascensión suave, el camino muy bien trazado, bajo un pinar de repoblación con el sotobosque de jaras. Al comienzo el empapado cauce de un tímido arroyo, que más produce barro que torrente, se precipita del Cancho, y pienso si serán las lágrimas de los muertos que los bandoleros despeñaron desde esta piedra que se eleva al cielo como pidiendo perdón para ellos. Es toda una leyenda esta Pedriza, una preciosa leyenda.
Casi al final del camino la pendiente se acentúa y el sendero se retuerce y la mitiga con abiertas curvas a izquierda y derecha y ya está... el Collado del Cabrón... Ahora comienza otro cantar.
El PR hace una V en este punto y se dirige sin dudarlo monte arriba, harto de tanta comodidad, se abre paso entre piedras, se estrecha, se cubre de jaras y a veces se encarama a un roquedo que tienes que pensar en como colocarte para subirlo (inexperta... los montañeros serios no lo dudan...) Ya lo hemos superado, bastante bien... (no os riáis), y otra vez la cuesta cada vez más empinada. Pero ahí está, el Pajarito...
Es un bloque de riscos que tienes que pararte a estudiar el mapa para entenderlo. Según nos aproximamos las figuras se desdibujan. Ya no vemos el Pajarito. Solo bloques de piedras, unas enormes, otras no tanto, a la izquierda las vías de escalada que suben a la cabeza del Pajarito. Y no es un empeño tonto el llamarle Pajarito. Es el nombre que se le ha dado para distinguirle del Pájaro, ese otro que frente al Tolmo nos deleita la subida desde el Prado Peluca hasta el Collado de la Dehesilla. Este es mucho menor, pero igualmente su forma recuerda a un pájaro perfecto.
Desde la base, un amontonamiento de bloques caídos nos lleva hasta una brecha entre dos enormes rocas. En ella otra piedra mítica, La Vela. Subimos por la brecha como podemos, buscando los resquicios entre los bloques, a veces ayudandonos de las manos para trepar. Nos encontramos en un callejón estrecho y empinado que da paso a un punto mas despejado por donde nos deslizaremos en la última roca resbaladiza para acabar en el Jardín de La Campana.
Mucho había oído hablar de este jardín. Es un lugar lleno de pinos, en donde algunos caídos y secos le restan belleza. Nos acercamos a la izquierda, es un magnifico mirador hacia la Maliciosa y la Cuenca Alta del Manzanares. Por donde continúa el PR es igualmente un camino enriscado, oscuro por la cantidad de pinos y rocas, agravado por las nubes que se han acoplado como capota gris que no deja pasar la luz.
Hace frío en este lugar. El día no es de los más agradables, pero a pesar de todo, estas nubes grises que cubren el cielo también confieren un encanto especial a la ruta.
Decidimos regresar. Si continuamos haciendo la ruta circular, llegaríamos a Los Llanillos y tomarímos el PR-M2 para llegar al arroyo de La Majadilla. No nos gusta el color del cielo y aún queda bastante camino, y como siempre, la prudencia es lo que más apreciamos. Pensamos que es mejor hacer este recorrido otro día mas claro.
La bajada me resulta menos incómoda que la subida y me deleito con las imágenes que se ven desde estas alturas. La mole de riscos de Los Pinganillos por una parte, por otra la Umbría de Calderón coronada por El Yelmo y los Fantasmas, La cueva de la Mora, Peña Sirio y algo más abajo, contemplamos el Collado del Cabrón con el Cancho de los Muertos, más allá los amontonamientos rocosos de El Cáliz... A lo lejos el valle y hasta las Torres de Madrid... Una "pasada...."
El regreso por el mismo sendero del PR. El día parece mejorar. La llovizna incómoda se ha ido. Pero el cielo sigue encapotado, cubierto de espesas nubes. Estamos en invierno... Febrero 2.007 M.R.B.M. |