En 1975

La Laguna de Peñalara

Un paseo por el recuerdo

Guadarrama, la sierra de Madrid, y en ella el pico más alto, Peñalara. A su pie "La Laguna". La Laguna de Peñalara, no la única de la zona, pero sí las más conocida y visitada.

 

 

 

Pico Peñalara

 

 

¿Cuantos años deseando volver? Perdí la cuenta. Había vuelto a Los Cotos alguna vez , con coche, solo de paso, y hoy por fin me calzo las botas y me cargo a la espalda el macuto. Siento mi corazón queriendo salir de mí a fuerza de alegría. Como años atrás, cojo el tren.

 

 

 

 

Peñalara en los años 70

 

Ahora no son iguales, son mucho más confortables que hace treinta años. Poco a poco nos acercamos a Cercedilla y a través de unos sucios cristales puedo ver la silueta de Siete Picos a mi derecha, y a mi izquierda La Peñota llamándome de nuevo, como tantas veces.

No siento el paso del tiempo, parece que están conmigo aquellos compañeros de antaño, aún adormilados por el madrugón, pensando en el buen café y las tostadas que tomaríamos al llegar a "Marcelino".

 

 

La Peñota, desde el tren

 

 

Pero vuelvo a la realidad. El tren que me lleva a Cotos se pone en marcha y atraviesa el pinar. A veces los claros me dejan ver el valle, La Cuerda de las Cabrillas, La Bola, Maliciosa... ¡Que bien suena!. Todo son recuerdos...

El vagón está lleno de jóvenes alegres que se mueven de un lado a otro. Les miro una y otra vez, no puedo evitarlo. Siento una sana envidia, y soy feliz de estar aquí como entonces, cambiada, pero con los mismos deseos de pisar la nieve y las praderas de Peñalara.

 

La laguna en 1974

 

La Venta de Marcelino, está cambiada también, más moderna, más tranquila. Tomamos un café y salimos a la calle desde donde contemplo la silueta de Cabezas de Hierro.

Nos ponemos en marcha y comenzamos la ascensión. Hay mucha nieve, pero no es buena. En las umbrías está helada, pero en los ribazos está blanda. Como consecuencia hay que cuidarse de no pisar en vacio, bajo la nieve hay agujeros escondidos, mientras que la zona helada hace que podamos resbalar.

 

 

CABEZAS DE HIERRO

 

Cuando dejamos la ancha pista que atraviesa el bosque solo el estrecho sendero que se ha formado con el pisar de los que vamos y venimos está bueno para caminar. En las laderas la nieve es abundante, a veces tanto que mi bastón se esconde en ella casi por completo.

Hay arroyitos que corren ligeros y a veces se ocultan bajo la nieve formando pequeños puentes.

 

 

 

A mi derecha la silueta de Cuerda Larga se dibuja en el azul del cielo. No puedo dejar de mirarla. La Bola, Valdemartín, Cabezas de Hierro, El Noruego, La Najarra... ¡Mi querida Cuerda Larga!.

Escucho las alegres charlas con mis compañeros, sus chistes, sus canciones y los silencios... los agradables silencios en los que solo se oía el crujir de la nieve a nuestros pies y el susurro del suave vientecillo en los oídos. ¡Está todo tan lejos... y tan cerca...! Siento que mis ojos se humedecen y cambio rápidamente mis pensamientos. Ahora estoy aquí de nuevo y todo está distinto.

 

Cabaña utilizada para formar nieve artificial

 

Llegamos a la zona cercana a la laguna. Hace años remansaron el arroyo que la desagua de forma natural, construyeron un pequeño embalse en el que instalaron una especie de cabaña y en ella un productor de nieve artificial para poder explotar las pistas de esquí.

Ahora se han desinstalado tanto los cañones de nieve como los remontes en un intento de devolver a la zona su estado natural. Pero aún está allí la cabaña, la presa y unos caminos marcados con estacas. De vez en cuando hay pasos de madera para facilitar el acceso a la laguna. Mucho me temo que todo esto seguirá estando allí, y que quizás el tiempo se encargue de destruirlos. Está "urbanizado" por más que intenten decirnos que están protegiendo la laguna.

 

La laguna helada

 

Llegamos arriba a través de estos pasos de madera que junto a la laguna se convierten en escaleras para salvar la pendiente. La han rodeado de un cable de acero para impedir que nos acerquemos con la excusa de protegerla. Está helada, cubierta de nieve, a veces se muestra de un color azul muy suave que nos hace distinguir entre la nieve el hielo de sus aguas.

 

Nos sentamos un rato en una piedra y miro a mi alrededor. Las paredes rocosas se desprenden de la cumbre del Peñalara, y se asoman a la laguna. Hoy no las refleja, pero ellas estarán allí esperando a la primavera para mirarse en tan precioso espejo. Los profundos y estrechos "tubos" , los picachos recortados, el refugio del Zabala dibujándose en el horizonte...

 

Arco del Pingarrón

 

El regreso es más bullicioso aún que la ida. Es una romería. La senda semeja el hilo de las procesionarias, tanta es la gente que ha acudido a pasar el día en la zona.

Ya en Los Cotos, decidimos acercarnos al refugio del Pingarrón, en una pradera cercana, junto a la carretera que conduce a las pistas de Valdesquí. Allí se situó un campamento en la época de nuestra guerra civil, y de ello queda un arco como testimonio de lo ocurrido. La pradera está inundada.

 

 

Azafranes en la pradera

 

 

En algunas zonas donde el agua no se ha adueñado del suelo, crecen los azafranes de flores malvas, algunos de un blanco radiante. Desde allí contemplo las cumbres del Peñalara y Dos Hermanas.

Volvemos a la estación y de nuevo el tren nos lleva a través del pinar hasta Cercedilla. Ha terminado la excursión y me siento feliz. Llegará la primavera y otra vez intentaré llegar a la Laguna de los Pájaros. Intentaré de nuevo recrear los tiempos pasados y vivir el presente con toda la intensidad posible.

 

 

 

Marzo, 2003

M.R.B.M.