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El Robledal de la Hiruela
La Hiruela es uno de esos pueblos enclavados en la llamada "Sierra Pobre" Supongo que este calificativo se debe a la mala comunicación entre ellos y la capital, probablemente a unas montañas con menos envergadura que las de Guadarrama, la mayor distancia de Madrid, pero no creo que la riqueza de su suelo sea el motivo. Aquí abundan los robles, y además es una buena zona ganadera. Vete a saber el por qué de ese apelativo. Puede que quizás sea, en otro sentido, debido a que la zona de Guadarrama fuedesde hace mucho, lugar de veraneo para la gente acomodada de Madrid.
Con el tiempo, no fueron solo los ricos los que poblaron La Sierra, también los aspirantes a ricos tuvieron un lugar en ella, y hoy en día todos tenemos cabida, los ricos, los menos ricos, y aquellos que consiguen unos ahorros y hacen de su chalecito el lugar de recreo, fresco en verano y solitario en invierno, dando a Guadarrama una dimensión como un ensanchamiento de Madrid.
Sin embargo, la Sierra Pobre, que a partir de ahora llamaré Sierra Norte, lo que es más lógico, más realista y más justo, sin embargo hoy, repito, eso debe estar cambiando. Ahora se ha puesto de moda lo rural, lo antiguo, lo sencillo y entrañable que tienen estos pueblos. De ese modo abundan las casas rurales, los retiros de fin de semana, y las remodelaciones acordes con lo anterior, que a pesar de querer imitar, no deja de ser "imitación" de lo que antes fue. Aún así es un acierto, y es agradable pasear por sus calles remozadas, con las fachadas de piedra y con los anuncios de ventas de productos del lugar, miel, patatas etc.
Esta tarde nos acercamos a este pueblo, encantador, y nos dirigimos a una senda marcada con señales de madera, a la SENDA DE LAS CARBONERAS POR LA DEHESA BOYAL. Para ello tomamos una bajada indicada hacia un bosque de robles y avellanos. Un delicioso camino verde de hierba y ocre de hojas caídas que termina en un puentecito de madera. A partir de aquí, por una pequeña subida damos con una de las carboneras que dan nombre a la senda. El camino es una pista de tierra que nos va introduciendo en el robledal.
Han comenzado a cambiar el color. Las hojas se tornan amarillas y el sol las ilumina. Aún hay muchas que no han cambiado, por lo que el cromatismo es una gozada. No tardamos mucho en comprender el nombre. A nuestro paso nos salen imágenes tan hermosas como estas:
Todo el robledal es un un atractivo. Cada tronco ha adquirido una forma diferente, debido a las sucesivas talas para hacer carbón. He tenido que pensar cual elegir para mostraros. Son todos preciosos, unos con ramas abiertas en varios brazos, otros con troncos estilizados como una columna cubierta de anillos formados por los nudos de las podas, otros cubiertos de musgo... hasta llegar a uno especial, el roble catalogado
Set rata de un magnifico ejemplar de seis metros y medio de contorno. Nos acercamos a él siguiendo las indicaciones, y pronto lo encontramos destacando entre los demás por su porte esbelto y robusto. Es muy alto, muy fuerte. Sus hojas ya amarillean y caen al suelo quedando enredadas en los brezos y las zarzas.
Desde sus alrededores, podemos contemplar otro atractivo lugar El Pico Santuy, a cuyo pie se cobija Cardoso de la sierra. Emprendemos el regreso por este agradable camino, saboreando las imágenes que nos ofrece. No muy lejos, en la vaguada, se asienta un molino, lugar de recreo en donde hay un grupo de personas que por sus alborotos deben estar pasándolo muy bien. y Algo más cercano al pueblo, las colmenas agrupadas nos indican a que se dedica una parte del pueblo.
El color de los árboles es variado. Algunos me resultan conocidos, como los avellanos, otros me gustaría conocerlos... Son preciosos, con unas bayas rojas pequeñitas y llamativas.
Atravesamos el puentecito y comenzamos la pequeña subida hasta el pueblo. Nos detenemos a contemplar la pequeña ermita de la Virgen de Loreto, y entre verde y hojas de otoño volvemos a las casas de piedra, al sabor de lo añejo, al ambiente de pueblo, y a la vuelta a casa. M.R.B.M. |