Siete Picos

Siete Picos , visto desde las cercanías de la Pradera Navarrulaque

Una de las rutas más bonitas de la Sierra de Guadarrama es esta de Siete Picos. De hecho es una zona muy concurrida, en donde es muy difícil no encontrar un ir y venir de gente de todas las edades y aficiones. Los hay que van a caminar sin más pretensión que la de dar un agradable "paseo" que exige un cierto estado físico, nada importante, pero si no tienes costumbre de caminar, la subida al séptimo pico te sacará los colores. Otros, muy montañeros ellos, cumbrean las pedregosas cimas de los picachos. Los hay que se ocultan en las rocas a meditar, y quienes suben con sus perros para que correteen por entre las piedras y los enebros rastreros.

Alto del Telégrafo. Al fondo la Virgen de las Nieves.

Pero no todos realizan la ruta completa. Al poco de caminar, una vez conseguida la cuerda, el grupo se diluye. Los unos vuelven sobre sus pasos, los otros bajan al Collado Ventoso a la primera oportunidad, y los más caminantes, continúan hasta el segundo pico y bajan a este mismo collado para luego, por el camino Schmid, regresar a Navacerrada, o bien toman una de las distintas opciones que desde él llevan a Cercedilla.

Séptimo Pico

Pero en nuestro caso, quisimos hacer una ruta menos concurrida, menos usual, y acercarnos al primero de los siete, el único que está bautizado, el Majalasna. ¿Que ocurre con este pico? ¿Por qué no suele visitarse? En una preciosa formación, con magnificas vistas y una hermosa pradera en donde los caballos retozan a sus anchas.

¿Jugamos al escondite?

Comenzamos la subida desde la estación de Navacerrada, por el aburrido sendero que nos lleva a la parte alta del puerto, y desde donde acometemos la subida al Alto del Telégrafo. Para ello tomamos un sendero señalizado que sale a nuestra izquierda y se dirige a las torres eléctricas, bordeando una valla de alambre verde, que me hace apretar el paso para alejarme de ella.

Así, en frío, a los malos "subidores" esta primera cuesta, realmente "cuesta". Estamos dividiendo el desnivel en tres tramos, el ya hecho, casi sin importancia, este del Telégrafo, y el que nos espera, el que nos llevará a la base de la amalgama de piedras que forman el Séptimo Pico.

Por la otra cara

A nuestra espalda, la panorámica del Alto de Guarramillas, con el "cohete" rojo al que no acabo de acostumbrarme, y al fondo el puerto, los coches, los edificios...

Intento ignorarlos y desvío la mirada a la majestuosa Maliciosa, solitaria, agreste, imponente... Es un reto que espero cumplir algún día. Volver a antaño, subir sus laderas y poder ver de cerca ese circo glacial que me llama a gritos.

A la izquierda, Peñalara, Peña Cítores, Dos Hermanas y el Valle de Valsaín. Vuelvo la espalda a esta maravilla mancillada con la civilización, y subo hasta los primeros amasijos pétreos del Alto del Telégrafo

Pasamos junto a la Virgen de las Nieves, intentando asegurarnos si realmente es una virgen, porque lleva un corazón que nos hace dudar (generalmente es a Jesús a quién se le pone corazón) y por fin reconocemos que tiene cara de niña.

Enebros rastreros y piedras que parecen moldeadas por el viento del norte.

El ambiente del grupo es muy agradable. Todos estamos muy deseosos de realizar esta ruta. Y así, entre bromas y veras, acometemos la subida al séptimo pico, zigzagueando entre piedras, a la sombra de los pinos de dorado tronco, tan comunes en estos lugares.

Hoy apenas hay gente. Estamos en Julio, comienzo de vacaciones y parece que se han ido todos a las playas. Esto es una gozada.

La mañana es fresca, deliciosa. Sopla una suave brisa que a veces incluso hace que alguien necesite ponerse una camisa de manga larga. El sendero, muy marcado, rodea los picos por la cara norte, si bien hay senderillos por todas partes que se asoman y a veces se adentran en los laberintos de piedras. No resistimos la tentación y allá vamos a uno de ellos, a hacer un ratito la "cabra"

Cuarto Pico "El Cuerno"

Las panorámicas desde estos rincones son magnificas. Al fondo el valle de Cercedilla, y a nuestros pies los escarpes rocosos que parecen desplomarse al vacío. Los enebros rastreros cubren el suelo. Las retamas han quedado abajo, a menos altitud. En el séptimo pico, la cota más alta, 2.138 metros, se ha colocado el vértice geodésico. El resto, carece de él, lo que dificulta su identificación. Una vez en la línea de cumbres, es una alternar de piedras superpuestas que difícilmente nos deja darnos cuenta en qué pico nos encontramos, principalmente en los centrales.

Aproximación al Tercer Pico

Pronto aparece un marcado saliente, separado del amasijo de rocas por una pradera, que me indica que estamos llegando al tercer pico. Vuelvo la vista atrás y lo que veo es precioso. El cuarto pico, al que le han puesto el sobrenombre de El Cuerno por su forma puntiaguda, se desliza al valle en una chorrera de piedras que parecen caer y luchar por mantenerse arriba. Soldados de granito que intentan conquistar el cielo.

 

Segundo Pico

Alcanzamos el collado que separa el tercero y el segundo y buscamos un sendero opuesto al que baja al Collado Ventoso y que nos llevará al Majalasna.

Al comienzo es un buen sendero, estrecho pero marcado, que se abre paso entre piedras y enebros, aunque poco a poco se va volviendo más pedregoso.

Atrás, el segundo pico nos muestra conglomerados caprichosos, formas extrañas que modelan los cinceles de los vientos fríos y racheados del invierno.

 

Cara Sur de la zona del Segundo Pico

Esta zona, hoy tan apacible y sosegada, se vuelve recia, fría, agresiva con los rigores del invierno. No es extraño contemplar en primavera chorreantes carámbanos de hielo, colgados de las grietas y las piedras. En pleno invierno, la nieve lo cubre y el suelo se hiela, necesitando utilizar crampones para caminar por estas umbrías. Pero hoy es todo explosión de colorido y belleza.

 

Bajamos

Casi sin percatarnos de ello, estamos entrando en una zona agreste y montañera, de las que hacen disfrutar a lo grande. Ahora encontramos rocas agrietadas que hay que salvar buscando los resquicios que nos permitan apoyo. Es un tramo muy corto, un punto en el que los más experimentados no tendrían la mínima dificultad. Nosotros, acostumbrados a caminar solo por senderos, encontramos este punto de lo más atractivo. Es el gusanillo que te hace desear volver a semejantes situaciones.

Y bajo ellas, los pinos, poco visitados, se agolpan como las piedras, muy pegaditos unos a otros, cubren el cielo con una oscura bóveda por la que apenas penetra el sol.

Curiosa formación de un tronco seco

El suelo está cubierto de hierba salpicada de piñas. No quisiera moverme de este lugar, pero pienso en el regreso, aún nos quedan unos kilómetros y hemos previsto comer en las praderas del Majalasna, que ya se nos ha mostrado en varias ocasiones. Está abajo, al final de esta espesura, esperando con su pradera y su fuente fresca.

Helechos

Entre las rocas coloreadas por el liquen, crecen los helechos, buscando luz. Es una capa amarilla verdosa mezclada con el gris del granito. Es un cuadro digno de los pinceles de algún artista montañero.

Salimos de la penumbra y divisamos la pradera, el pico rodeado de piornos y un grupo de caballos que retoza al sol.

Cara Sur del Segundo Pico

Desde ella solo vemos el segundo pico. Me pregunto de nuevo por qué el Majalasna está tan injustamente olvidado, y en el fondo me alegro. Me invade la paz del lugar. Pienso volver algún día, cuando la pradera se cubra de nieve, y deseo que el frío acaricie mi cara, sentir el crujir de la blanca alfombra a mis pies, y de pronto me doy cuenta de lo inconformistas que somos. Ahora, añoro la nieve, y cuando la tengo, recuerdo estas praderas amarillas de piornos en flor y blancas de margaritas,

Pradera del Majalasna, Al fondo el Segundo Pico.

Junto a la fuente, nos detenemos a reponer fuerzas. Poco imaginábamos la compañía que tendríamos a lo largo de la comida. Un caballo, inteligente él, nos ha seguido y trata de comer con nosotros. No hay forma humana de que se aleje. Es el punto divertido de la jornada. Nos mira con ojos tristes, pordiosero, casi inmóvil, solo da algún paso para acercarse más a nosotros y mirarnos pedigüeño.

Por fin consigue su objetivo, los restos de fruta y pan deben resultarle deliciosos. Los devora en un abrir y cerrar de ojos.

Compañía equina

Nos alejamos de la fuente por el pedregoso camino, para encontrar la pradera de Navarrulaque igualmente tomada por caballos.

Desde ella, seguimos la pista que nos lleva a los miradores de los poetas. Un alto en ellos, como es de rigor, y continuamos bajando a buscar la estación de Cercedilla.

Majalasna, pico y pradera

Son varias las opciones que podemos tomar para el regreso. En primer lugar tomamos la pista a la derecha y buscamos la senda de puntos naranjas que se separa de la pista a nuestra izquierda y baja hacia las Dehesas.

Antes de llegar a las praderas, se cruza el sendero del agua marcado con puntos azules, llamado así por seguir el recorrido de una tubería que llega al pueblo.

Majalasna

Tomamos este sendero, llano, amplio, rodeado de pinos y altas retamas amarillas que nos dan sombra y frescor hasta alcanzar los depósitos del agua.

De allí, en pocos minutos llegamos a la Estación en donde tomamos el tren de regreso.

Hoy sí que hemos hecho los Siete Picos.

Troncos dorados del pino Valsaín, muy común en esta zona.

 

Julio 2.006

M.R.B.M.